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La dieta climática, una forma de comer justa, saludable y sostenible

En vista de la actual crisis ecológica y el aumento de casos de personas con problemas de salud relacionados con el consumo de carne, grasa y azúcares, diversas voces están promoviendo la dieta climática. ¿Sabes de qué se trata? Te contamos.

dieta climática

El ritmo de producción del sistema agroalimentario es insostenible. Lo han dicho hasta el cansancio infinidad de científicos y organizaciones ambientalistas, pues está demostrado que genera un fuerte impacto climático, ambiental y social.

Un informe realizado por Amigos de la Tierra advierte que tan solo en España, el consumo de carne es de 52,3 kilogramos por habitante al año. Tal demanda, no solo va contra las recomendaciones nutricionales internacionales sino que, además, atenta contra el medioambiente.

Una dieta dependiente de una proteína animal procesada que lleva implícita la producción de piensos, el desperdicio de agua y la comercialización a gran escala, puede provocar serios problemas de salud. Según las Naciones Unidas, para el 2030 estos pueden ocasionar costes sanitarios de alrededor de 1,3 billones de dólares al año en todo el mundo. Y eso no es todo.

Este modelo incentiva el agotamiento de las fuentes de agua dulce y la deforestación, lo que conlleva la pérdida de miles de hectáreas de bosques, sabanas y pastizales, e indiscutiblemente contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero en cantidades que superan y con creces la generada por vehículos, barcos y aviones juntos. Es decir, empuja al planeta al caos y la devastación.

A propósito de eso, tanto Amigos de la Tierra como otras organizaciones mundiales llaman a la sociedad en general a cambiar sus hábitos alimenticios, a hacer una transición agroecológica y apostar por la dieta climática o “climatarian diet”, para desde la mesa revertir o al menos evitar los estragos causados por el cambio climático.

¿Qué es la dieta climática?

Se trata de una tendencia de alimentación consciente basada en  la selección de alimentos con menor huella de carbono, para propiciar un clima seguro y estable que permita garantizar la vida en el planeta.

En palabras de Paul Greenberg, autor de  La dieta climática: 50 formas sencillas de recortar su huella de carbono, “es un énfasis en los cambios alimentarios más realistas que podrían ser adoptados por el mayor número de personas para recortar la mayor parte posible de las emisiones”.

España es el segundo país europeo que consume más carne
Según Greenpeace, España es el segundo país europeo que consume más carne.

Esta dieta plantea una forma de comer justa, saludable y sostenible, por el bien de la humanidad y del  planeta en tanto que implica:

1. Reducir el consumo de carnes y lácteos

Las personas que siguen una dieta climática evitan el consumo de carnes, especialmente las de aves y cerdos, o bien,  lo reducen, y optan por la ingesta de aquellas que generen menos emisiones provenientes de la ganadería extensiva, producidas de forma orgánica y sostenible, bajo controles de bienestar animal.

En el caso del pescado, los climarianos o climatarianos prefieren aquellos de temporada que han sido capturados de manera sostenible, como forma de decirle no a la sobrepesca que tanto daño genera en los mares y océanos.

Aquí también es válido el consumo de huevos y lácteos.

Lo más importante es negarse a los alimentos kilométricos, que son muy costosos para el planeta.

2. Aumentar la ingesta de alimentos frescos

La idea es rechazar los alimentos refinados, ultraprocesados y precocidos y apostar por los de origen vegetal. Aquí se pone énfasis en el consumo de frutas y verduras, de hortalizas, legumbres, cereales, semillas, algas y frutos secos de temporada y de kilómetros cero.

Esto, para promover la producción orgánica libre de pesticidas, insecticidas y fertilizantes químicos y el consumo local. De esta manera se contribuye a evitar el gasto excesivo de agua, el uso de transporte, la expulsión de gases nocivos a la atmósfera y se promueve la ingesta de alimentos más sanos y nutritivos.

3. Disminuir el desperdicio de alimentos

Precisamente para no incentivar la sobreproducción de alimentos, la dieta climática propone utilizarlos al máximo, aprovechar la piel y las semillas, congelar lo que haya sobrado o utilizar los restos como compost orgánico para fertilizar plantas y cultivos domésticos.

Esta libre elección del consumo de carne es lo que le otorga a este plan alimenticio la denominación de dieta flexitariana, haciendo referencia a la combinación de las palabras: flexible y vegetariana.

Siendo así, quienes practican el veganismo y el vegetarianismo, patrones alimenticios que defienden el cuidado de la salud y el respeto por el medioambiente, pueden ser incluidos también en el grupo de los climarianos o climatarianos.

La dieta climática puede incluir otros hábitos

Para los climarianos más preocupados por reducir la huella de carbono y evitar el aumento del calentamiento global, los cambios alimenticios pueden ir acompañados de otras rutinas, como por ejemplo:

  • Evitar los productos envasados y el uso de plásticos de un solo uso
  • Comprar solo lo necesario para evitar acumular y desperdiciar alimentos, ropa y objetos.
  • Reciclar y reutilizar para darle segundas oportunidades a sus pertenencias
  • Caminar o reemplazar el vehículo de diésel por un vehículo eléctrico que contribuye a impulsar el desarrollo de las energías renovables y dejar atrás los combustibles fósiles.
  • Practicar plogging.
  • Controlar el gasto de agua y energía.
  • Hacer turismo responsable.
  • Utilizar materiales de construcción amigables con el medioambiente.
  • Sumarse al Birth Strike, esto en el caso de los más radicales.

En todas estas prácticas también hay libre elección.

la dieta climática propone seleccionar los alimentos de menor emisión de CO2
La dieta climática propone seleccionar los alimentos en base a la emisión de CO2 generada en su producción y comercialización.

La dieta climática sugiere que hagamos un pequeño esfuerzo para evitar el tener que lidiar con problemas de obesidad, diabetes, hipertensión, entre otras patologías crónicas que aceleran el envejecimiento celular y que reducen la calidad de vida. Pero también, para salvar al planeta, para que tengamos una casa común sostenible, más y mejor habitable, donde podamos convivir todos los seres vivos en completa armonía.

“Alimentar a una población que crecerá a 10.000 millones de habitantes es posible, pero solamente si cambiamos la forma en que producimos alimentos y en que los consumimos” 

Johan Rockström, director designado del Instituto de Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático en Potsdam, Alemania.

¿Qué dices? ¿Te animas a sumarte a esta nueva manera de comer?

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