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Contaminación Medio ambiente

El problema del hambre está ligado a la pérdida y desperdicio de alimentos

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En el mundo, cada año, al menos 1.300 toneladas de alimentos acaba en la basura, mientras 821 millones de personas pasan hambre y 2.200 millones sufren de inseguridad alimentaria, aun y cuando hay una sobreproducción de comida. Ante este panorama, la advertencia parece ser muy clara: el primer paso que debemos dar para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible relativos a la lucha contra el hambre y para garantizar la seguridad alimentaria, es entender la pérdida y el desperdicio de alimentos como un problema y hacer todo lo necesario para acabar con él.

hambre y pérdida y desperdicio de alimentos

El hambre no es propiamente una consecuencia de la falta de producción de alimentosHoy en día se produce muchísimo más de lo que se demanda. La FAO ha confirmado que el total de la superficie cultivada en la Tierra es de unos 1.400 millones de hectáreas y que alrededor del 30% de la tierra agrícola del mundo se utiliza para producir alimentos que nunca serán consumidos. De manera que el problema está en la distribución inequitativa de ellos y en la merma del suministro de alimentos por problemas de recolección, almacenamiento, embalaje, transporte, fijación de precios y hábitos de consumo. Dependiendo de la etapa de la cadena de suministro donde se origine el problema se puede hablar de pérdida o de desperdicio de alimentos. Según la diferenciación establecida por la FAO:

“La pérdida de alimentos es la disminución en la cantidad o calidad de los alimentos como resultado de las decisiones y acciones de los proveedores en la cadena alimentaria, excluyendo a los minoristas, proveedores de servicios de alimentos y consumidores.”

“El desperdicio de alimentos se refiere a la disminución en la cantidad o calidad de los alimentos como resultado de las decisiones y acciones de los minoristas, proveedores de servicios alimentarios y consumidores.

El primero ocurre bajo la responsabilidad de los productores, en las etapas de cosecha, almacenamiento y procesamiento. El segundo, al final de la cadena de valor, en las etapas de comercialización y consumo.

Si ejemplificamos seguro quedará más claro. Las frutas y hortalizas que caen de un camión se consideran pérdidas, al igual que las que no llegan al punto de venta por haberse estropeado gracias a la acción destructiva de las plagas o por no disponer de las condiciones adecuadas de almacenamiento y transporte. Las que adquiere el minorista y no se consumen porque se descartan en función de su apariencia (forma, tamaño o color), porque no parecen lo suficientemente frescos o por su fecha de caducidad, son desperdicios. Se trata, en ambos casos, de alimentos que aun son consumibles y conservan su valor nutricional pero que han sido tildados como basura atendiendo a cuestiones culturales o sociales.

El hambre es el resultado de la abundancia

Para muchas familias, el precio a pagar por los alimentos, en la cantidad necesaria, puede llegar a ser inalcanzable y si a eso le sumamos que lo que puede comprar debe enfrentarse a enemigos como el moho, los insectos y los roedores en centros de producción y procesamiento que no cuentan con adecuados sistemas de refrigeración y conservación, y que otra gran cantidad es adquirida por restaurantes y centros de distribución por miedo a quedarse sin existencias de algún producto, y que finalmente tiran todo a la basura aunque no haya estado ni cinco minutos en el mostrador o en el plato, una alimentación balanceada parecería un lujo.

Visto así, el consumismo desmedido, compulsivo e irresponsable de unos es capaz de dejar sin un plato de comida a otros. Los alimentos terminan siendo un bien preciado al que no todos tienen acceso.

Fíjate. Al año en Europa y América del Norte se pierden y desperdician entre 95 y 115 kilos de comida por persona. En África subsahariana, Asia Meridional y Asia Sudoriental la cantidad de comida producida y no consumida ronda entre los 6 y los 11 kilos al año. Las frutas, verduras, raíces y tubérculos son los alimentos que más se desaprovechan a nivel mundial.

Toda esa cantidad de comida que termina en la basura procedente de establecimientos comerciales u hogares donde muchas veces ni siquiera ha pasado por una sartén, podría alimentar a 3.000 millones de personas en el mundo. Si somos capaces de salvar esa comida que aún es apta para el consumo humano, se podría paliar la hambruna, disminuir los casos de malnutrición, mejorar el desarrollo físico e intelectual de los niños y reducir las migraciones propiciadas por la falta de alimentos.

¿Qué podemos hacer para disminuir la pérdida y desperdicio de alimentos?

La pérdida y desperdicio de alimentos no solo tiene un gran impacto social (hambre y pobreza) sino que además supone el uso de una ingente cantidad de agua, tierra, energía, recursos y trabajo a veces irrecuperable; daña la biodiversidad, aumenta la huella hídrica y contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero y por tanto, al calentamiento global. 

Por eso y más, es necesario emprender las siguientes acciones para evitar y gestionar adecuadamente los desechos alimentarios:

  • Planificar las comidas y las compras. Hacer una lista de lo que realmente necesitas evita compras compulsivas y el acaparamiento de productos que quizás no consumirás, que te harán gastar más dinero y generar más desperdicios.
  • Que una fruta sea “fea” no quiere decir que esté dañada. Puedes comprarla aun cuando su color no sea tan atractivo, seguramente aún conserva sus propiedades y sigue siendo nutritiva.
  • Consume primero los alimentos que están más cercanos a su fecha vencimiento.
  • Evita las porciones excesivas en tu plato.
  • Aprovecha al máximo todo lo que tengas en la nevera o alacena. Hay un sinfín de recetas saludables y creativas que te darán opciones para disfrutar de ellos.
  • Congela los alimentos frescos que aún no piensas usar y los restos de comida que puedas emplear luego en nuevas preparaciones.
  • Si ya no quieres o no puedes conservar algunos restos de comida, utilízalos como abono para tus plantas.
  • Si comes en un restaurante, no exageres con los que pidas, opta por las pequeñas porciones. Y si no terminaste de consumir tu plato, puedes optar por compartirlo con quienes te acompañan en la mesa o por pedir que te envuelvan el excedente para llevar. Lo puedes comer luego en casa o reutilizarlo para una comida diferente.
  • Y si aún con todo esto, todavía tienes alimentos que no vas a consumir, dónalos a quienes podrían necesitarlos: refugios, bancos de alimentos, comedores públicos, iglesias, vecinos o los sin techo.
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Alimentación consciente ¿qué es?

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En resumen, la FAO sugiere:

  • Aumentar el respeto por los alimentos, así como por los agricultores que los producen, los recursos naturales que se utilizan para producirlos y las personas que no tienen acceso a los mismos.
  • Hacer un mayor esfuerzo para equilibrar la producción con la demanda.
  • Desviar aquellos alimentos que ya no son aptos para el consumo humano, para alimentar al ganado, conservando recursos que de otra forma serían utilizados para producir pienso comercial.
soluciones para el desperdicio de alimentos

No resta sino decir que para reducir la pérdida y desperdicio de alimentos, y acabar con el hambre hay que mostrar solidaridad y responsabilidad.

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