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Alimentación consciente ¿Cómo impacta en nuestro cuerpo y nuestro planeta?

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La crisis climática nos obliga, entre otras cosas, a ser consumidores responsables y esto implica tener una alimentación consciente. Conoce aquí cómo nuestra dieta, además de atender nuestras necesidades nutricionales y de salud, también puede incentivar modelos de producción sostenibles, seguros, equitativos y de menor impacto ambiental.

consumo responsable
Actualmente, el ritmo de vida que llevamos nos lleva a comer lo más práctico

La alimentación es una práctica voluntaria, fuertemente asociada a nuestra historia familiar y cultural, que se convierte en rutina.

Actualmente, el ritmo de vida que llevamos nos lleva a comer lo más práctico: harinas, lácteos, carnes, enlatados, y todo tipo de productos industrializados. Nos empuja a comer de prisa sin siquiera detenernos a pensar qué nos estamos llevando a la boca e ingresando en nuestro organismo. Y mucho menos si con ello aumentamos nuestra huella ambiental y ayudamos a calentar el planeta.

Algo que debemos revertir si queremos salvar al planeta del desastre ecológico que tanto pronostican los científicos a nivel mundial. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) llama a cambiar el modelo alimentario, no solo en la industria sino también en los consumidores.

Alimentación consciente. ¿De qué se trata?

El mindfulness, que se refiere a la capacidad de prestar atención, se aplicó a la alimentación y se transformó en el mindfoodness o alimentación consciente para mostrarnos la importancia de relacionarnos con lo que comemos.

El concepto aboga principalmente por poner énfasis en qué alimentos ingerimos, qué cantidades consumimos y cómo lo hacemos. Habla de comer sano, con autocontrol y atención plena; de evaluar qué nos gusta comer, cuándo y por qué para evitar la ingesta por ansiedad o antojo. También implica concentración al momento de comer, evitar las distracciones, comer despacio y disfrutar en cada bocado de su sabor, textura, olor y las sensaciones que genera.

Pero, la alimentación consciente abarca mucho más que esto. La idea es estar atentos a todo lo que gira en torno a nuestra dieta, desde antes de llevarnos un alimento a la boca hasta después de ingerirlo. Comer con consciencia significa entonces tomar decisiones racionales y participar activamente en nuestra alimentación, prestando atención al origen, distribución y forma de consumo de los alimentos.

¿Qué comer, cuándo y por qué?

La alimentación consciente no empieza en el plato ni cuando nos sentamos en la mesa, empieza con un cambio en nuestro estilo de vida, eligiendo adecuadamente qué producir, qué comprar, qué ingerir y qué devolverle a nuestro planeta.

una alimentación consciente puede salvar al planeta
Comer con consciencia significa entonces tomar decisiones racionales y participar activamente en nuestra alimentación
  • Al momento de hacer nuestras compras, debemos tomar en cuenta:
  • De dónde vienen y cómo se producen los alimentos. Lo ideal es consumir productos locales, libres de pesticidas y transgénicos.
  • La estacionalidad de los alimentos. El sabor, la calidad y el precio dependerán mucho de esto. Saber en qué época del año hay mayor disponibilidad de los alimentos permite elegir los más frescos y encontrarlos con mayor facilidad en los mercados.
  • El contenido nutricional. Conocer la cantidad de grasa, sales y calorías permite elegir los que mejor se adapten a las necesidades de cada persona y evitar los productos transgénicos (organismos genéticamente modificados).

Recuerda que la producción de alimentos supone un enorme gasto de recursos (energía, agua y suelo), especialmente en el caso de los industrializados que además, en muchos casos traen aparejados el abuso animal. El caso de la carne es el ejemplo más claro de ello. La explotación del ganado, el uso de agrotóxicos, la deforestación y la excesiva generación de gases contaminantes, sobre todo dióxido de carbono y metano, dan cuenta de un modelo productivo devastador y a veces poco saludable.

Mejor apuesta por los productos procedentes de la agricultura y ganadería ecológica que evitan la contaminación y respetan la vida animal y vegetal para mantener el equilibrio ambiental.

La carne y los lácteos proporcionan sólo el 18% de las calorías y el 37% de las proteínas que nuestro organismo necesita, pero la producción de ellos requiere de la ocupación del 83% de las tierras de cultivo y genera 60% de las emisiones de gases que calientan la atmósfera.
  • Cómo llegan los alimentos al mercado y su forma de conservación. Por lo general han viajado largas distancias desde la zona de cultivo y/o procesamiento hasta el punto de venta y esto sin lugar a dudas, supone el uso de transporte y, por tanto, mayor consumo de combustible, es decir, contribuye al calentamiento global. 
  • Cómo encontramos los alimentos en los mercados. La mayoría vienen en latas, empaquetados, en botellas o bolsas, muchas veces con aditivos, ya sea colorantes, saborizantes o conservantes, químicos que por lo general son de difícil degradación.
  • Con qué materiales están hechos los cubiertos, vasos y platos con los que tomarás los alimentos. Rechaza aquellos de plásticos.

Por eso, es importante apostar y potenciar el cultivo orgánico de cereales, legumbres, leguminosas, frutas y verduras. Recordemos que todo lo que nace de la Tierra, se transforma y vuelve a ella como desecho orgánico y reinicia el ciclo productivo.

  • Y a la hora de preparar la comida y comer:
  • Reduce las visitas a restaurantes. La comida casera es mucho más saludable. Cocinar en casa te ayudará a ahorrar dinero y a asegurarte de la calidad e higiene de los alimentos. Además, puede ser una buena oportunidad para compartir entre familiares y amigos. Sirve como espacio de encuentro que permite transmitir a los demás comensales tus hábitos alimentarios y contribuir con ello a su salud física y mental. 
  • Prepara y consume solo las porciones necesarias, las que se adapten a tus necesidades nutricionales y calóricas. Planificar de forma adecuada tus menús evita la generación de residuos de comida. Pero, en caso de que te excedas en las cantidades, ¡no las tires!, puedes congelarlas y consumirlas luego, úsalas de base para una nueva comida o, cuando sea posible, utiliza lo que sobre para hacer compostaje.

Ventajas de una alimentación consciente

Cada alimento contiene diferentes propiedades y en base a ellas nuestro cuerpo responde de una u otra manera. Lo mismo hace nuestro medio ambiente.

Tener una alimentación consciente puede tener muchos beneficios:

  • Para la salud:

Informes de la Organización Mundial de la Salud han confirmado que las cardiopatías, la diabetes, el cáncer y las enfermedades degenerativas guardan una estrecha relación con los hábitos alimenticios. De modo que, al optar por comer de forma consciente, podemos:

  • Mejorar la digestión. Quien come conscientemente, lo hace despacio, lo que ayuda a la formación del bolo alimenticio para que nuestro estómago reciba y trabaje más fácil los alimentos.
  • Relajarnos. Si comer se convierte en una actividad placentera, el cuerpo libera estrés mientras disfruta de cada bocado.
  • Reducir las posibilidades de padecimientos de sobrepeso u obesidad.
  • Prevenir la desnutrición y las deficiencias de micronutrientes.
  • Disminuir los factores de riesgo de muertes prematuras (hipertensión arterial, colesterol, infartos, entre otros.)
  • Evitar conductas nocivas al momento de comer: distracciones.
  • Para el medioambiente:

Comer con consciencia nos puede hacer personas más reflexivas y agradecidas. Prestar atención a los alimentos conlleva pensar en cómo fueron cultivados y recolectados y quiénes trabajaron la tierra para que podamos consumirlos y que gracias a ella esos alimentos crecieron y se desarrollaron. Al tener esto presente:

  • Ayudamos a conservar la biodiversidad de nuestro planeta.
  • Rechazamos la proliferación de monocultivos que alteran y deterioran las dinámicas del suelo y el agua.
  • Contribuimos a reducir los niveles de contaminación ambiental.
  • Apoyamos en la disminución del hambre en el mundo. Al exigir y promover métodos de producción sostenibles y el consumo ético de los alimentos, podemos mejorar el acceso a ellos.
  • Reducimos los desperdicios de alimentos.
¿Sabías que en las grandes ciudades es donde se produce mayor cantidad de residuos alimentarios y que estos al llegar a la basura son tóxicos para el medioambiente?
  • Para la economía:
  • Incentiva el comercio local y justo. Al producir y comer de forma consciente y responsable se involucra a los pequeños productores con las actividades locales y se asegura un intercambio justo. Quienes producen y cosechan obtienen ganancias directas, sin la intervención de largas cadenas que terminan por encarecer el producto y quedarse con la mayor parte del pastel. Con esto también se crea empleo a nivel local.

La alimentación consciente, además, supone el rechazo a aquellos productos procedentes de un modelo de comercio que no garantiza la igualdad de género, ni salarios justos y equitativos, ni condiciones de trabajo dignas y mucho menos la protección del medio ambiente.

El cambio de consciencia alimentaria es a la vez un cambio cultural necesario, aunque vaya en contravía de los grandes poderes económicos.

alimentación consciente y saludable
Cada alimento contiene diferentes propiedades y en base a ellas nuestro cuerpo responde de una u otra manera

Debemos tomarnos en serio nuestras elecciones alimentarias si queremos alargar la vida de nuestro planeta, la nuestra y la de las futuras generaciones.

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