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Contaminación Desarrollo sostenible

La deuda ecológica: Cuando la codicia puede más que la lógica natural

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El ritmo de consumo que llevamos en la actualidad no es sostenible. Estamos agotando los recursos que nuestro planeta genera. Según los cálculos, necesitaríamos 1,7 Tierras para hacerle frente a la gigantesca demanda de bienes naturales. Sin dudas, tenemos una gran deuda ecológica. ¿Cómo la hemos contraído? ¿Quiénes han contribuido con ella? Te lo explicamos a continuación.

deuda ecológica definición

Cuando la lógica mercantil prioriza la lógica de la vida

Desde tiempos coloniales, la competencia por los recursos naturales y las áreas productivas y, obviamente, su explotación ha sido una actividad muy codiciada. Alimentos, madera, fibras, infraestructuras, minerales, todo ha estado en el centro de atención de los grupos económicos poderosos. Ellos se han encargado de alimentar formas de producción y consumo basadas en el despilfarro incesante y desproporcional de bienes naturales.

La economía se ha convertido así en un sistema antinatural en el cual quienes producen son los que se quedan con la mayor parte del pastel, y el resto solo lleva a cuestas el peso de los daños sociales y ambientales que ellos generan. Es un modelo de desarrollo, que se ha repotenciado con la llamada globalización, que no es más que el resultado de un intercambio desigual, tanto en lo económico como en lo ecológico y que nos coloca ahora en una realidad aterradora.

La humanidad está usando los recursos naturales del planeta de una forma tan acelerada que excede la capacidad regenerativa de tales recursos. Estudios recientes de Global Footprint Network, explican que para el 29 de julio de 2019, los seres humanos ya habían agotado el capital natural de la Tierra de todo el año. Clara evidencia de que estamos en deuda con la naturaleza.

¿Qué es la deuda ecológica?

El concepto nació a principios de los años 90 durante una Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro. Mediante una exposición de motivos sobre la emisión de los clorofluorocarbonos y su impacto ambiental, se demostró que son los países industrializados los que más contaminan y que afectan dramáticamente a las naciones que no tienen recursos suficientes para hacerle frente a sus consecuencias.

A partir de allí, se comenzó a hablar de Deuda Ecológica, entendiendo esta como la responsabilidad que tienen los países industrializados frente a los no industrializados, por el uso, saqueo, explotación, destrucción y desecho de sus recursos naturales limitados, con el fin de saciar sus propias necesidades, sin importar la estela de residuos contaminantes que deja con ello.

La deuda ecológica significa entonces injusticia. Habla del abuso de unos países sobre otros, también en lo que se refiere a los daños ambientales y sociales derivados de las exportaciones y la biopiratería, y por la ocupación del espacio ambiental de los territorios empobrecidos para depositar en ellos los gases de efecto invernadero.

Racismo ambiental
¿Qué es el racismo ambiental?

Para conocerlo, haz click sobre la imagen

Esta lógica perversa ha encontrado su asidero en regulaciones, programas y acuerdos que promueven mecanismos de dominación bajo la excusa del “desarrollo y crecimiento económico de los países”.

Es aquí donde el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, La Organización Mundial de Comercio y tantas otras instituciones hegemónicas, actúan como juez y parte. Por un lado, en sus informes critican el sistema dominante globalizador y por el otro recomiendan y aprueban ajustes estructurales que someten a los pueblos al sufrimiento, a la destrucción paulatina de la casa común. Es parte de lo que sucede con las políticas de libre comercio y el aumento de la deuda externa.

Así que promover la inversión extranjera en un país o pedir préstamos a instituciones financieras, puede conducir a la explotación desmedida de sus riquezas naturales, puede significar la hipoteca de la vida.

deuda externa vs deuda ecológica
Deuda ecológica Vs deuda externa

Para conocerlo, haz click sobre la imagen

¿Quién le debe a quién?

Mientras unos se encargan de extraer, saquear y destruir los bienes naturales (petróleo, minerales, bosques, biodiversidad, conocimientos, etc.); otros padecen sus consecuencias (contaminación, acceso restringido o nulo a los servicios públicos, ambientes tóxicos o peligrosos, e incluso, trabajo mal pagado).

Tal es el caso de los países del Norte, que por lo general no tienen los recursos suficientes para satisfacer sus demandas, pero sí la capacidad tecnológica para explotarlos. Ellos importan y explotan todo cuento pueden del Sur, valga decir, de una forma insostenible y destructiva, contaminando, destruyendo el patrimonio natural, apropiándose de las tierras e incentivando la pobreza, la hambruna, las migraciones y hasta las enfermedades.

De modo que los primeros (los del Norte) son los deudores, los que pagan precios bajos por los recursos y transfieren sus pasivos ambientales. Y los segundos, (los del Sur), los acreedores de la deuda ecológica.

la deuda ecológica quién debe a quién
África y Latinoamérica son los grandes acreedores de la deuda ecológica

Basta con mirar cómo operan las multinacionales del Norte (como Repsol, YPF, Exxon, Chevron o Iberdrola por ejemplo) para entender entonces de qué hablamos. Ellas se llevan los recursos de países latinoamericanos, principalmente, a bajo costo y lo explotan de tal manera que las ganancias que les deja les hace olvidar cuánto daño económico, social y ambiental provocan.

Y cómo no van a poner sus ojos en América Latina, si la región posee grandes reservas mundiales:

  • 17% de hierro
  • 20% de estaño
  • 25% de bauxita, níquel y zinc
  • Entre 60% y 70% de litio
  • 22% de las reservas recuperables de petróleo, 25% de gas y aproximadamente 15% de petróleo de esquisto
  • 70% de biomasa

Una inmensa riqueza que le ha puesto la soga al cuello, que la hace cada vez más proclive a ser víctima de desforestación, de extracciones mineras, insalubridad y extinción de especies.

Los países africanos también son grandes acreedores. Que lo diga Nigeria, por ejemplo, un gran receptor de residuos electrónicos producidos principalmente por Australia, China, la Unión Europea, Norteamérica, Corea del Sur y Japón.

Basura electrónica
¿A dónde va a parar la basura electrónica?

Para conocerlo, haz click sobre la imagen

El costo de la deuda ecológica

Sobreexplotar los recursos no solo termina en contaminación del aire, agua y alimentos; deforestación y pérdida de biodiversidad. El resultado del actual modelo de producción, el consumo desmesurado y la excesiva generación de residuos es mucho más grave.

El alcance de sus efectos no se limita a los países que lo producen, aumentar la deuda ecológica perjudica a la población mundial y a todos los ecosistemas del planeta. El cambio climático es la mayor prueba de ello.

Patricia Adams deuda

Estamos frente a una crisis ecológica promovida por un sistema económico salvaje que tiene una mirada distorsionada de lo natural, que entiende todo cuanto le rodea (nuestras tierras, la biodiversidad, nuestras culturas, nuestras vidas) como un recurso que finalmente se convierte en dinero.

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