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Contaminación

La basura electrónica o chatarra tecnológica

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El avance de la tecnología nos está creando graves problemas ambientales. Su incesante desarrollo hace que cada vez tengamos que sustituir más rápido teléfonos, ordenadores, televisores y todo tipo de aparatos que utilizamos a diario. Estamos generando millones de toneladas de basura o chatarra electrónica. Para el 2050 es estima que serán 120 millones de toneladas. Si quieres saber qué es la basura electrónica y cómo afecta al medio ambiente y al ser humano, sigue leyendo.

Basura electrónica

¿Qué es la basura electrónica?

Una chatarra o basura electrónica es todo aquel dispositivo eléctrico o electrónico que ha culminado su vida útil, ya sea por haber sufrido algún daño o por la propia obsolescencia programada, una técnica de fabricación de equipos de corta durabilidad empleada por las empresas tecnológicas, que nos obliga a desecharlos y reemplazarlos.

Según la definición que aporta la Convención de Basilea, todo equipo o componente electrónico incapaz de cumplir la tarea para la que originalmente fue inventado y producido, se considera chatarra electrónica o e-waste como prefieren llamarle algunos.

De modo que cuando dejas de usar tu laptop, televisor, pendrive, radio, tablet, lavadora o cocina, porque ya no funcionan o, simplemente, porque decidiste sustituirlo por un modelo más nuevo, estás generando basura electrónica.

Basura electrónica en números

Un reciente informe de la Organización de la Naciones Unidas (ONU) indicó que en 2018 se generaron 50 millones de toneladas de basura electrónica en el mundo, el equivalente al peso de 4.500 torres Eiffel, y que la cifra puede ascender hasta los 120 millones de toneladas en 2050 si no hacemos nada al respecto. Agrega que solo el 20% de estos residuos son reciclados, por lo que exige poner la vista en la economía circular.

Por su parte, Greenpeace alerta que la mitad de los residuos electrónicos se acumulan en casas, oficinas o depósitos, mientras que el 40% va a parar a basureros o quedan enterrados.

Y de acuerdo con el informe “Una nueva visión circular para la electrónica: Es hora de un reinicio global” presentado en el Foro Económico Mundial de Davos, todas esas montañas de basura electrónica suponen un valor de 62.500 millones de dólares, pues entre estos residuos hay grandes cantidades de materiales de gran valor, como el oro, el platino, el hierro, el cobre y el cobalto. Recursos minerales que se están despilfarrando, que se están perdiendo en cientos de vertederos de desechos en el mundo.

Basura electrónica en números

¿A dónde van a parar estos residuos?

Los países más industrializados son los mayores exportadores de residuos electrónicos. Los envían a los menos desarrollados, donde por lo general hay altos niveles de pobreza e insalubridad.

Los principales productores de desechos electrónicos son Australia, China, la Unión Europea, Norteamérica, Corea del Sur y Japón. Sin embargo, cada país maneja sus propias cifras.

Mientras que en Estados Unidos cada persona genera alrededor de 20 kilogramos de chatarra electrónica anualmente, un europeo produce unos 17,7 kg y un africano tan solo 1,9 kg cada año.

En España, se generan 21 millones de toneladas de desechos al año, de esta cantidad 200.000 toneladas son residuos electrónicos, según datos de Eurocast. De esta manera se convierte en el quinto país que más residuos electrónicos genera en la Unión Europea, desplazando a Alemania, Reino Unido, Francia e Italia.

Estos desechos, por lo general, no acaban en plantas de tratamiento sino que terminan en vertederos a cielo abierto, principalmente en países occidentales. Asia y África son los grandes receptores de estos residuos.

En algunos países, como Nigeria por ejemplo, el cobre y el oro presentes en muchos de los artículos electrónicos que van a la basura resultan atractivos para el reciclaje y la reventa de materiales plásticos y metales preciosos, una actividad que involucra a unas 1000.000 personas en el país.

En la ciudad de Guiyu, en China, al menos 150.000 personas se encargan de tratar este tipo de basuras; mientas que en Ghana (África), estos vertederos emplean indirectamente a unas 30.000 personas y aportan entre 105 y 268 millones de dólares al país cada año.

Cabe aclarar que, en muchas de las áreas de trabajo de este tipo de actividades, por lo general, no hay buenas condiciones laborales, ni dignas ni muchos menos seguras.

La basura electrónica es tratada y reciclada en África y Asia

Problemas que ocasionan en el medio ambiente

El principal problema de estos residuos es que están hechos con materiales tóxicos, con metales pesados que al no ser tratados adecuadamente terminan convirtiéndose en un riesgo para la vida del planeta y la humanidad.

Cuando se extraen algunos de sus componentes, como el cobre y el oro, se liberan toxinas altamente contaminantes que pueden alterar la calidad del agua, aire y suelos. Un alto precio ambiental y una amenaza para la salud pública que deben enfrentar países como China, Pakistán, India, Ghana y Nigeria, donde se suelen realizar trabajos de reciclaje de desechos electrónicos como un medio de sustento.

Por ejemplo, un tubo fluorescente, con gran contenido de mercurio y fósforo es capaz de contaminar unos 16.000 litros de agua, mientras que una batería de níquel y cadmio de un teléfono móvil, otros 50.000 litros y 10 metros cúbicos de suelo. Ni hablar de los Clorofluorocarbonos (CFC) generados por los refrigeradores y aires acondiciones, que terminan por destruir la capa de ozono.

Esto evidentemente termina por afectar la salud de las personas.

Basura electrónica afecta la salud de las personas

El plomo que contienen estos aparatos puede generar perturbaciones en la biosíntesis de la hemoglobina y anemia, aumento de la presión sanguínea y otras alteraciones en el sistema nervioso, e incluso problemas de fertilidad en los hombres.

En el caso del selenio, este puede causar inflamación de la piel y fuertes dolores. El cadmio, diarrea, dolores de estómago y en el peor de los casos puede provocar cáncer. El cromo es capaz de generar erupciones cutáneas, úlceras y daños al hígado y a los riñones, y el níquel puede afectar los pulmones y provocar abortos espontáneos.

Problemas que crecen y se agravan, muchas veces, por la falta de políticas públicas respecto al destino final de estos residuos, de sistemas eficaces de gestión sustentable, de campañas educativas y de la falta de compromiso ambiental de los fabricantes de aparatos electrónicos.

Esperamos que esta lectura ayude a tomar consciencia sobre esta problemática e impulsar el reciclaje, la donación de aparatos electrónicos a fundaciones que se encargan de alargar su vida útil o aprovechar al máximo sus componentes, y disminuir el uso indiscriminado y exagerado de dispositivos electrónicos.

Sumarse a la economía circular es un gran reto que necesitamos asumir.

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