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Ecotecnología

El Biohackeo, la técnica que revoluciona la vida

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El código de la vida comienza a cambiar y no precisamente de forma natural. El biohackeo (biohacking) llegó para revolucionar el mundo.

Qué es el biohackeo

La tecnología se ha desarrollado de tal manera que se ha vuelto una parte esencial de nuestras vidas, ya no es posible concebir la forma en que vivimos y nos relacionamos, sin ella. Se ha extendido sin parar y en el ámbito de la ciencia ha dado paso a la creación de un híbrido: el biohackeo o biohacking, una nueva práctica científica. Algunos se refieren a ella como biología casera y otros como la biología de andar por casa.

Definición de Biohackeo

Comencemos por desglosar el nuevo término. Nació de la comunión entre biología y hackeo.

Bilogía es la ciencia natural que estudia a los seres vivos; mientas que hackeo se refiere a la manipulación o modificación de un sistema informático. Según el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, se refiere a “acceder sin autorización a computadoras, redes o sistemas informáticos, o a sus datos”.

Dos términos que se han fusionado para crear la “ciencia” que se basa en la aplicación de técnicas médicas, nutricionales y electrónicas para modificar especies, ampliar o mejorar habilidades mentales, motoras y físicas e incluso, corregir enfermedades o crear nuevas funciones. El laboratorio donde experimenta es el propio ser vivo.

Para ello, los biohackers o biólogos alternativos utilizan la ingeniería genética, transforman genes, los quitan de un organismo y los ponen en otros, o les implantan dispositivos electrónicos. En todo caso, someten al organismo, ya sea vegetal, animal o humano, a ensayos físicos que por lo general implican la exposición a elementos químicos.

Bajo esa lógica, aseguran que es posible reparar genes y corazones, curar o prevenir enfermedades, y hacer personas más rápidas e inteligentes.

edición genética
El Biohackeo se apoya en la tecnología para hacer modificaciones genéticas

Origen del biohacking

El término, aunque para muchos es desconocido, no es nuevo. Surgió en Estados Unidos hace más de una década cuando la investigadora Meredith Patterson desarrolló bacterias modificadas genéticamente que se iluminaban al ponerse en contacto con la melamina, una sustancia con la que anteriormente se adulteraban alimentos. Luego de ello, proclamó el Manifiesto del Biohacking apostando por la alfabetización científica, para que alterar organismos vivos, animales, plantas o humanos no solo fuera posible en los laboratorios, sino también en “los garajes”, acercando la ciencia a la experimentación colectiva y abierta.

Algo que los fundadores de la empresa DIYBIO (Do It Yourself Biology, cuya traducción al español es “haz biología por ti mismo”), el primer grupo de biohacking en España, han incorporado a su definición de biohackeo: sacar la ciencia de los grandes centros de investigación de la Big Pharma, llevarla al garaje y empezar a pensar en nuevas maneras de usarla.

Inevitable recordar en este momento la película Upgrade, donde la ciencia apoyada en la tecnología le devuelve ciertas capacidades motoras a un cuadrapléjico a partir de la implantación de un chip en su organismo, un chip creado por un genio tecnológico, por un hacker. En principio, una suerte para él, pero luego la misma tecnología que parecía ser de gran ayuda se convierte en un gran problema.

La polémica detrás del biohacking

Quienes promueven esta práctica, entendida como biología casera, afirman que es lo ideal “para ser colaboradores activos de su propia salud, la calidad de su comida, agua y aire, sus interacciones con sus propios cuerpos y el complejo mundo que les rodea”.

Sin embargo, desde otra óptica, es una práctica transgresora. Sus detractores argumentan que la ambición por crear al ser humano perfecto termina por contaminar nuestra evolución biológica. Ven con temor y rechazo la implantación de aparatos electrónicos en el cuerpo humano para simular movimientos o cualidades propias de otras especies, algo que hasta hace poco solo era posible ver en las películas de ciencia ficción.

Ya hay casos de personas que se han sometido a intervenciones quirúrgicas para colocarse dispositivos para emular la capacidad de los murciélagos para ver en la oscuridad o para mejorar la comunicación a través de bluetooth, y de animales a los que les han sumado características propias de otras especies. Hay un caso en Estados Unidos de un chico que en su casa tomó una rata y aplicando el biohackeo le otorgó la luminiscencia de las luciérnagas. Y destaca también el grupo de biohackers que integran Four Thieves Vinegars (traducido como el vinagre de los cuatro ladrones) que desarrollan métodos para que cualquier persona pueda fabricar sus propios medicamentos. Esto para los más conversadores es aterrador, pues indica que en poco tiempo podríamos estar rodeados de robots. No en vano le relacionan con Frankenstein y con el bioterrorismo.

También rechazan la cada vez mayor accesibilidad de los materiales y métodos científicos para la modificación genética de los organismos. Alegan que la ciencia solo debe estar en manos de especialistas y no de personas sin experiencia y sin los conocimientos necesarios para realizar las técnicas correctamente. Dicen que no se puede hacer en un garaje, como intentan hacerlo ver, pues se pone en juego el tema de la seguridad, que requiere de ciertas habilidades y de muchísima responsabilidad, pues un error podría costar la vida.

Biohacking
La implantación de material genético o electrónico altera la evolución natural de la especie

Momento propicio para preguntarnos ¿Cambiar lo que es natural es éticamente correcto? ¿Quién decide el futuro de la vida? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a ceder ante el desarrollo tecnológico?

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