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Consumo ético

El aguacate, entre bondades y estragos

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El aguacate se ha convertido en uno de los protagonistas de la alta cocina, e incluso, de la coctelería. Pero, ¿qué hay detrás de tan rico ingrediente? una forma de cultivo insostenible. ¿Por qué? Te lo explicamos a continuación.

Bondades y estragos del aguacate

El aguacate. Tan bueno y tan malo a la vez

Este fruto tropical de color verde es bastante popular, no solo por su sabor. Es un alimento rico en proteínas y grasas. Es portador de una cantidad importante de potasio, vitamina E y ácido fólico.

Entre las variedades de aguacate más populares se cuentan:

  • Hass: Debe su nombre a Rodolfo Hass quien le descubrió en las colinas de La Habra en el año 1926. Es de forma ovoide, oscuro y mantecoso.
  • Fuerte: Originario de México y llevado a Estados Unidos en 1911. Tiene forma aperada y piel lisa y fina. Es llamado así pues logró resistir a un crudo invierno.
  • Bacon: Descubierto en la década de los 50 por James Bacon en California. Su cultivo es vertical y madura en invierno. Tiene forma ovalada y es muy fácil de pelar.
  • Reed: Es grande, redondo y de piel gruesa. Tiene alto contenido de aceite. Es de origen californiano. Esta variedad fue introducida en 1948 por James S. Reed.
Propiedades nutritivas del aguacate

Sus características le hacen especialmente atractivo para el consumo. Cada año se consumen más de 5.000 millones de kilos en todo el mundo. Pero es precisamente la creciente demanda del aguacate lo que está ocasionando fuertes problemas ecológicos: sequía y deforestación.

Los aguacates se desarrollan en climas cálidos, semi-tropicales. Crecen en suelos húmedos, de modo que es fundamental un buen regadío. Y he aquí el problema: el cultivo de aguacate demanda grandes cantidades de agua. Para un solo aguacate se necesitan no menos de 68 litros, y según The Water Footprint Network, para producir un kilo de aguacates se requieren unos 2.000 litros de agua.

Esto nos lleva inmediatamente a pensar que sus plantaciones, muy verdes, por cierto, son capaces de absorber tanta agua que pueden dejar algunos paisajes totalmente desérticos y a muchas personas sin agua, especialmente en las temporadas de fuerte sequía.

Además, en la siembra del aguacate se usan de manera excesiva fertilizantes y agroquímicos, lo que es sinónimo de contaminación y erosión del suelo, de daños severos a los acuíferos, de amenazas al bosque y sus especies endémicas.

Caso California, Estados Unidos

En el siglo XX, el negocio del aguacate creció notablemente en el Sur de California. Se plantaron hectáreas y hectáreas de este fruto. Aunque tuvo que lidiar con las acusaciones en su contra por los niveles de grasa que contenía, pronto se demostró que era un alimento altamente saludable, lo que hizo que entre los años 70 y 80 el cultivo se cuadriplicara.

Rápidamente muchas personas comenzaron a migrar a zonas agrícolas para dedicarse al cultivo de aguacates, y en diez años, el consumo de este fruto se duplicó.

Producción de aguacate en Estados Unidos

Pero, el cambio climático ha hecho de las suyas. La sequía ha dejado cientos de hectáreas improductivas y decenas de plantaciones no han podido desarrollarse debido a la falta de agua. Las altas temperaturas y los incendios forestales de los últimos tiempos han disminuido la producción. Según el Comité de Aguacate de California, pasó de 153.000 toneladas métricas en 2018 a 79.000 en 2019, lo que significa una reducción del 48%.

Caso del aguacate en México

El guacamole es impensable sin aguacate. Este acompañante es uno de los predilectos para las comidas mexicanas y un apetitoso producto para el mercado estadounidense, razón por la cual la demanda de esta fruta ha crecido año tras año y, por tanto, su cultivo.

México ha convertido el aguacate en una poderosa potencia financiera, lo que lejos de ser una bendición ha germinado en un gran problema.

El estado de Michoacán, que goza de bosques semi tropicales, es el mayor productor de aguacate y el principal exportador hacia Estados Unidos, Europa y China; pero allí las consecuencias del cultivo son lamentables.

México es el principal exportador de aguacates

Un informe del Instituto Tapia Vargas publicado en el 2012 reveló que entre el 2001 y el 2010 la expansión de la producción de aguacate acabó con aproximadamente 690 hectáreas de tierras forestales cada año, bien sea por los incendios provocados para luego plantar árboles de aguacate, o por la tala indiscriminada y clandestina de los pinos, una vez que crecieron en el bosque las plantas sembradas. Una situación que afectó (y sigue afectando) a la fauna de la zona y con mayor fuerza a la mariposa monarca, que se ha visto obligada a migrar.

Pero, para Greenpeace México, “más allá de la tala de los bosques y de los efectos sobre la retención de agua, el alto uso de productos químicos agrícolas y los grandes volúmenes de madera necesarios para embalar y transportar aguacates son otros factores que podrían tener efectos negativos sobre el medio ambiente y el bienestar de sus habitantes”. Esto entendiendo que toda sustancia tóxica puede afectar considerablemente a la salud de las personas.

Pero hablar de bienestar, no solo implica hablar de salud; también nos lleva a pensar en lo social.

En defensa de esta actividad aguacatera, la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (Apeam), alega que los cultivos son una fuente importante de trabajo. Aseguran que crea más de 75.000 empleos permanentes y 30.000 indirectos. Pero poco se dice de los jornaleros, personas que trabajan en los cultivos, que ganan alrededor de 30 dólares por 5 horas de recolección de la fruta, personas que ahora están a cargo de subcontratas, que son signos visibles de la precariedad laboral que reina en el campo de Michoacán.

Y hay más… Lamentablemente, en México, la producción de aguacate también ha sido el imán perfecto para el comercio ilegal, para las mafias, el crimen y la extorsión. Para los carteles, el aguacate es el “oro verde”.

Mafias en el negocio del aguacate en México

La agricultura y el narcotráfico se dieron la mano en la década de los 90, y los carteles, como los Zetas o los Caballeros Templarios, ya no solo producían y exportaban drogas, sino también perseguían y secuestraban a los productores y sus familiares para sustraerles las ganancias derivadas de las ventas del fruto al extranjero. Según cifras el gobierno mexicano, para el año 2009, lograron drenar alrededor de 150 millones de dólares al año.

Caso Chile: el agucate contribuye a la sequía

Chile ha reportado jugosas ganancias gracias a la exportación de aguacate, o palta como también se le conoce en el país, pero ya no puede ocultar las huellas negativas de este lucrativo negocio.

En la región de Valparaíso, específicamente en la provincia de Petorca, donde al menos 60% de las tierras están dedicadas al cultivo de aguacate, la sequía es cada vez más grave.

El aguacate deja a familias sin agua en Chile

Por un lado, abundan los reclamos por mejoras en la gestión de los recursos hídricos; por otro, desde organizaciones como el Movimiento para la Defensa del Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medio Ambiente (Modatima), acusan como principal responsable de la falta de agua a los monocultivos de aguacate, pues aseguran que tan solo para un árbol se necesitan no menos de 600 litros de agua por semana.

Estos dos escenarios se conjugan en un país donde el acceso al agua es diferente, y para muchos, difícil. En Petorca, tanto agricultores como lugareños se ven obligados a comprar agua para satisfacer sus propias necesidades.

En el caso de los agricultores, la sed de ganancias va mucho más allá y optan por construir tuberías o pozos ilegales para desviar el agua proveniente de fuentes naturales, que valga decir, se están agotando ferozmente. Los ríos Petorca y La Ligua son grandes víctimas de este cultivo que entre 2016 y 2017, según Modatima, “utilizó 9.650 millones de litros de agua”. El primero, se declaró agotado en 1997 y en el 2004, se agotó el segundo.

Mientras que los lugareños, deben arreglárselas para hacer todo lo que puedan con la poca cantidad de agua que les suministra el Estado: lavar, cocinar, limpiar, etc. Llevan a cuestas el peso de las consecuencias ambientales, culturales y sociales, quizás irreversibles, propiciadas por un modelo agroexportador que arrasa con todo a su paso. Muchos se sienten desatendidos e ignorados, denuncian que la arrogancia del poder económico, de los monoproductores, aplica su lógica abusiva para apropiarse no solo de las tierras, sino también del agua y por supuesto, de las riquezas.

Te citamos 3 casos, pero Colombia, Perú e Israel también padecen los fuertes contrastes entre lo económico y lo ambiental que genera la producción de aguacates.

Resulta difícil creer que tan rico y nutritivo alimento pueda estar detrás de una tragedia ambiental que implica la deforestación, la erosión de los suelos, la diminución de los recursos hídricos, e incluso, la violencia y la muerte ¿No?

Debemos entender que sí, es importante producir alimentos, es importante generar ingresos a las naciones, pero también lo es, cuidar nuestros ecosistemas. Tenemos que empezar a pensar en el origen de los alimentos que consumimos, en sus procesos de producción, si son sostenibles y responsables con el medio ambiente. Eso puede ayudar a salvar muchos de nuestros espacios, nuestros recursos naturales y hasta la vida de cientos de personas.

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