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El 2020 también destaca por el desequilibrio entre la masa natural y la masa antropogénica

Una nueva investigación afirma que el actual desequilibrio entre la masa natural y la masa antropogénica responde a la incesante y creciente producción y acumulación de hormigón, metal, plástico, ladrillos, acero y asfalto.

masa antropogénica vs masa vegetal en el 2020

Un estudio publicado recientemente en la revista Nature examinó los cambios que han experimentado la biomasa global (bacterias, hongos, protistas, arqueas, plantas y animales) y la masa humana (objetos sólidos inanimados creados por el hombre: latas, vías férreas, teléfonos, etc.) desde 1990 hasta la actualidad. La conclusión sobre la huella del hombre en el planeta es extremadamente preocupante: el ritmo de construcción de carreteras, edificios, máquinas y plástico supera, y por mucho, al de la creación y regeneración de la materia orgánica.

La masa antropogénica excede ala biomasa viva

Según el trabajo titulado Global human-made mass exceeds all living biomass, fue a partir de la década de 1950 cuando la masa antropogénica comenzó a crecer con gran notoriedad, gracias a la mayor accesibilidad a los materiales de construcción, en especial al hormigón y el ladrillo. Desde entonces, el volumen de carreteras, edificios y máquinas se ha estado duplicando cada 20 años a diferencia de la masa vegetal, que se ha reducido a la mitad durante el último siglo.

Los datos recabados por los científicos de Instituto Weizmann de Ciencias en Israel, quienes han liderado el estudio, revelan que la masa creada por el hombre a principios del siglo XX era igual a aproximadamente 3% de la biomasa total del mundo. En el 2020, la cantidad de objetos producidos por humanos se sitúa en 1,1 billones de toneladas, el equivalente a la biomasa global total que incluye al resto de los seres vivos que habitan la Tierra.

Dicho de otra manera, todos los artefactos e infraestructuras creadas por el hombre en los últimos 100 años ya pesan más que toda la vida en la Tierra.

El estudio advierte que de seguir por la senda de la sobrepoblación y el consumismo, para el 2040 se podría hablar de una masa antropogénica de tres teratones o lo que es lo mismo, tres billones de toneladas, el triple de la biomasa seca de la Tierra, y que si en las estimaciones se incluye todo el material ya en desuso, obsoleto o simplemente convertido en basura, la cifra puede ascender aún más.

“Toda esa nueva masa tarde o temprano se convertirá en un desperdicio que tendrá que ser tratado. En los próximos 20 años, obtendremos tantos desperdicios como en los últimos 110 años juntos”.

Fridolin Krausmann – Instituto de Ecología Social de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de la universidad de Viena.

A mayor masa humana, mayor impacto en la biomasa vegetal

Después de la Segunda Guerra Mundial, se aceleró la producción de artefactos e infraestructuras humanas. La actividad industrial, la construcción de casas, edificios, oficinas, carreteras de asfalto, máquinas de acero y la producción de plástico cobraron tal auge que la biomasa pasó a un segundo, tercero, cuarto o décimo plano, dando pasoaserias alteraciones en los ciclos climáticos y biogeoquímicos de la Tierra.

A medida que  aumenta la masa creada por el hombre, aumenta el impacto en la biomasa vegetal

Las plantas suponen el 90% de la biomasa del planeta y los 7.700 millones de habitantes suponemos un 0,01%. Este pequeñísimo porcentaje se ha encargado de transformar radicalmente los ecosistemas desatando una grave crisis ecológica y medioambiental.

“Desde la primera revolución agrícola, la humanidad ha reducido aproximadamente a la mitad la masa de plantas. Si bien la agricultura moderna utiliza una superficie cada vez mayor para el cultivo de cultivos, la masa total de cultivos domesticados se ve ampliamente superada por la pérdida de masa vegetal resultante de la deforestación, la gestión forestal y otros cambios en el uso de la tierra. Estas tendencias en la biomasa global han afectado el ciclo del carbono y la salud humana”.

Hoy,

  • Por cada persona que vive en el mundo, se produce de media cada semana, una cantidad de materia humana igual o mayor que su propio peso corporal.
  • El planeta ahora carga con 549 gigatoneladas de hormigón, cuando a principios del siglo XX tan solo se producían 2 gigatoneladas.
  • La cantidad de plástico que existe es mayor que el número de animales terrestres y marinos combinados.
  • Hay más edificios e infraestructuras que árboles, arbustos y matorrales.
  • La masa de calles y puentes de Nueva York pesa más que el total de peces que hay en los mares.

Estos datos nos dicen, entre otras cosas, que el desequilibrio entre la masa natural y la masa antropogénica responde a patrones de producción y consumo de materiales de construcción, metales y plástico que van de la mano con cambios en el uso del suelo, con la eliminación de miles de hectáreas de bosques y el despilfarro de materia prima natural. Según los investigadores, son señales de que hemos entrado en el Antropoceno.

“Los impactos de estas actividades han sido tan abruptos y considerables que se ha propuesto que la época geológica actual sea rebautizada como Antropoceno.”

Resulta innegable que el consumo y desarrollo urbano han incentivado la producción y acumulación de materiales antropogénicos que si bien han servido a la recuperación y crecimiento de la economía global, terminan perjudican la biocapacidad de la Tierra.

Este 2020, con la repentina llegada del covid-19, el registro de las temperaturas más extremas, la cotización del agua en la bolsa de materias primas del futuro y los resultados del estudio realizado por los científicos israelíes, nos recuerdan que los seres humanos estamos consumiendo más recursos naturales de los que la Tierra puede producir y ofrecernos, que estamos arrasando con todo lo que nos permite seguir viviendo, que estamos destruyendo y transformando la naturaleza de una forma frenética y sin precedentes.

 “Esto demuestra hasta qué punto nuestra huella global se ha extendido más allá de nuestra ‘talla de zapato’ individual. Una vez que todos tengamos estas impactantes cifras ante nuestros ojos, espero que podamos, como especie, asumir la responsabilidad”.

Ron Milo, autor principal del trabajo e investigador en el instituto israelí.

Esta investigación, como otras tantas que han surgido en los últimos años, nos dicen que el sistema que hoy incentiva el progreso económico no es sostenible, porque lleva implícita la destrucción de la naturaleza para privilegiar a una minoría que poco o nada invierte en el cuidado de la vida de los más pobres ni mucho menos en la salud de los ecosistemas y la biodiversidad. Tal escenario nos aleja del necesario cumplimiento de los ambiciosos Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden cuidar el medioambiente y garantizar la prosperidad y seguridad de la población mundial.

la huella humana amenaza al planeta Tierra

El desequilibrio entre la masa natural y la masa antropogénica incide directamente en una crisis climática que avanza de manera exponencial en todo el mundo, y que se manifiesta en heridas cada vez más visibles: sequías, pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos, fenómenos meteorológicos extremos, hambruna, pobreza, migraciones y muerte. Por el bien del planeta y de la humanidad, necesitamos reverdecer el gris de la jungla de asfalto.

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