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Las abejas llevan microplásticos a las colmenas

Numerosos informes han advertido de la presencia de pequeños fragmentos de plástico en el medioambiente y todo indica que no hay lugar de la Tierra que no sufra las consecuencias de su presencia. Ni siquiera los panales. Una reciente investigación ha revelado que las abejas llevan microplásticos a las colmenas y deja abierto el debate sobre su posible introducción en el procesamiento de la miel que consumimos los seres humanos.

Las abejas llevan microplásticos a las colmenas

Ya parece que ningún lugar es inalcanzable para esas partículas de plástico que miden entre 5 milímetros y 1 micrómetro y están presentes en infinidad de productos de higiene y limpieza.

Su diminuto tamaño les confiere el poder de movilizarse y distribuirse fácil y rápidamente. Ya sea por el flujo de mareas, la acción del viento o por su portabilidad, han logrado alcanzar grandes altitudes y recorrer largas distancias. Es así como los microplásticos se han adentrado en los lugares más remotos del mundo y menos pensados del cuerpo humano. Están en los suelos, el aire, los ríos y océanos, en el Ártico y en la Antártida. Los científicos aseguran que ya hasta han llegado a las placentas humanas y creen que pueden ingresar al organismo de las personas a través de la ingesta de la miel producida por las abejas.

Ni los panales se salvan

Un estudio conjunto entre las Universidades de Alcalá, Autónoma de Madrid y de Almería y la Asociación Danesa de Apicultores ha puesto al descubierto que las abejas llevan microplástico a las colmenas en sus viajes diarios.

Los investigadores analizaron diecinueve colmenas en diversas locaclizaciones de Copenhague (Dinamarca), donde recolectaron muestras de los cuerpos sin vida de 4.187 abejas obreras durante la primavera, época de mayor actividad en el enjambre, y por tanto, de mayor número de nacimientos y bajas de estos insectos.

Los datos obtenidos permitieron detectar la presencia de 13 tipos de microplásticos, de diversas formas y colores.

Amadeo Rodríguez, investigador de la Universidad de Almería, aseguró que la mayoría de residuos que se adherían a las abejas eran fragmentos y fibras” y agregó que “estas últimas suponen un problema para el medio ambiente porque son de origen industrial y, en consecuencia, contaminan más”.

Los polímeros sintéticos, en especial las fibras de poliéster, el polietileno muy común en las botellas plásticas, el cloruro de polvinillo presente en pegamentos y aditivos y la resina epoxi ampliamente utilizada para recubrir sistemas eléctricos, fueron los tipos de micropláticos que abundaban en los cuerpos de los insectos y en las colmenas. Pero también se encontraron  pequeños pedazos de algodón y lana tratados químicamente con colorantes y aditivos.

Según los expertos, se encontró mayor número de fragmentos de plástico en las zonas urbanas. Sin embargo, en las áreas rurales la cantidad de este material, también fue considerable para alertar sobre los niveles de contaminación en el entorno.

Una sola abeja melífera suele visitar unas 7,000 flores al día
Una sola abeja melífera suele visitar unas 7,000 flores al día

¿Cómo las abejas llevan microplásticos a las colmenas?

Los investigadores demostraron que esos fragmentos de plástico han llegado a las colmenas de las zonas rurales y urbanas gracias al contacto electroestático de las abejas con el microplástico presente en el medio ambiente.

De acuerdo con ellos, esas diminutas partículas se adhieren al cuerpo de las abejas mientras ellas hacen sus largos vuelos en busca de néctar y flores. Es en el tórax, abdomen, alas y patas donde se fija la mayor cantidad de residuos plásticos que las abejas obreras transportan hasta el interior del panal, donde se produce la miel, lo que lleva a pensar que en ella también puede haber microplástico.

Aunque esta investigación de momento descarta que que esto sea cierto, un estudio anterior realizado por el  Centro Nacional de Información de Biotecnología  con 19 muestras de miel tomadas en Alemania, España, México, Francia, Italia  sí llegó a afirmar que estas partículas que llegan a las colmenas sí se introducen en el procesamiento de la miel.

Las abejas son excelentes rastreadores de contaminación ambiental

Las abejas de la miel (Apis mellifera) además de ser responsables de polinizar gran parte de los cultivos del mundo, se han convertido involuntariamente en especies que sirven para monitorear, de forma sencilla y económica, la presencia de plásticos y otros materiales nocivos en la naturaleza. Esa adherencia de diminutos polímeros a su cuerpo durante su actividad recolectora permite conocer detalles sobre la dispersión de este material en un radio de 8 kilómetros.

“Nuestra labor se centró en comprobar, mediante el análisis de los microplásticos hallados en las obreras, si éstas servían como bioindicador de la contaminación ambiental de áreas concretas, dado que su actividad se extiende por una zona específica”.

Amadeo Rodríguez, investigador de la Universidad de Almería

Esa información que nos aportan estos insectos polinizadores es de especial importancia para mejorar la gestión de residuos plásticos.

¿Hasta cuándo el hombre?

Si las abejas llevan microplásticos a las colmenas y si incorporan el plástico como material de construcción en sus nidos, como lo hacen las especies Megachile campanulae y Megachile rotundata, es porque el hombre las ha obligado a eso. La utilización del plástico para fabricar ropa, jabones y tantos otros productos es sinónimo de contaminación, de alteraciones de los procesos naturales y finalmente de intoxicación y muerte.

las abejas melíferas contribuyen a la salud de los ecosistemas
Las abejas melíferas contribuyen a la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y la salud de los ecosistemas locales

Por suerte, hasta ahora no hay evidencias de que el plástico sea ingerido por las abejas y mucho menos de que les perjudique.

Pero el problema actual es que el hecho de que las abejas ingresen microplásticos a las colmenas puede significar que ese material se inserte en la producción de miel y por consiguiente, en el cuerpo humano gracias a su ingesta, pues no hay dudas de que el plástico en cualquiera de sus presentaciones, donde quiera que esté, representa un peligro. Por tanto, se precisa de más investigaciones pero por encima de todo, de más consciencia  y educación ambiental. Solo así se pueden disminuir los niveles de contaminación y cuidar y mejorar la salud de los animales, de los ecosistemas y de las personas.

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