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Contaminación Medio ambiente

Los neumáticos son una fuente sigilosa de contaminación ambiental

Es común ver basureros colmados de neumáticos usados. Algo propio de la cultura del usar y tirar. También es una práctica frecuente la quema de ellos en las incineradoras y en protestas. Pero, ¿estamos todos conscientes de cuáles son las repercusiones de ello? Los neumáticos son una fuente sigilosa de contaminación ambiental y sus consecuencias son muy peligrosas, para la salud del hombre y del planeta.

Los neumáticos son una fuente sigilosa de contaminación ambiental

La producción de neumáticos es perjudicial para los ecosistemas

Los neumáticos, cauchos o llantas son sin duda elementos esenciales para el sector transporte pues determinan el agarre del vehículo en la calle, y por tanto facilitan la conducción, la maniobra y la frenada, pero quizás eso es lo único positivo que podemos decir de ellos, porque en lo que respecta al medioambiente no se puede hablar más que de efectos negativos.

Para empezar, hay que decir que están hechos con caucho natural y un alto porcentaje de caucho sintético (un polímero de plástico), metal, petróleo y otros compuestos contaminantes. En el proceso de embalaje y distribución se usa además, gran cantidad de plástico y combustibles fósiles. Es decir, que en todo momento llevan implícito la deforestación de miles de hectáreas de bosques, el consumo de gran cantidad de agua y energía y la generación de gases perjudiciales para el medioambiente.

Pero, no es solo la producción y distribución de neumáticos lo que pone en peligro al medioambiente. El uso y consecuente desgaste por fricción con el asfalto hace que ellos consuman más combustible, generen más CO2 y otros gases contaminantes, y que además, desprendan pequeños fragmentos de plástico que lamentablemente terminan contaminando las vías fluviales.

Un informe de Tire Steward Manitoba, realizado en el 2013, determinó que los neumáticos de transportes empleados para el turismo y las furgonetas perdían alrededor de 1,1 kg de caucho a lo largo de su vida útil. Cuatro años más tarde, un estudio elaborado por Pieter Jan Kole en la Open University de los Países Bajos, y publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health, reveló que aproximadamente el 10 por ciento de los desechos de microplásticos que se encuentran en los océanos del mundo provienen de los neumáticos. También en 2017, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) consideró que el porcentaje real era de 28%.

Es un dato totalmente preocupante, pues una vez que esos pedacitos minúsculos de caucho llegan a los ríos y océanos, generan efectos negativos inmediatos a la vida marina. Como les hemos contado en artículos anteriores, cuando los animales ingieren microplásticos corren el riesgo de que estas pequeñas partículas que contienen sustancias contaminantes se alojen en sus branquias o tripas, afectando sus tejidos, sus funciones vitales y provocándoles la muerte.

La quema de neumáticos destruye la capa de ozono y calienta el planeta

A menudo, para deshacerse de ellos, para trancar calles como muestra de descontento social o con la excusa de obtener energía, la gente recurre a la quema de neumáticos, una práctica de la cual emana gran cantidad de sustancias químicas tóxicas al aire libre capaces de destruir esa capa protectora natural que filtra el paso de los rayos solares UV-A y absorbe la potente radiación ultravioleta UV-B: la capa de ozono.

Ese humo negro que se desprende durante el incendio está completamente cargado de mercurio, plomo, dióxido de carbono, zinc, cloro, arsénico, cadmio, el níquel, cromo, monóxido de carbono y otros compuestos químicos que provocan la disminución de la cantidad de ozono en la estratosfera terrestre y por ende, una mayor incidencia de los rayos ultravioletas que resultan perjudiciales para el medio ambiente y las personas que lo habitan.

Además, altera el equilibrio atmosférico, pues una vez reacciona con el oxígeno genera mayor absorción de energía calórica, lo que provoca un aumento de la temperatura y eleva el riesgo de avivar el fuego.

La combustión por incineración de neumáticos libera gases tóxico a la atmósfera
La combustión generada por la incineración de neumáticos desgastados libera al aire componentes químicos nocivos para los seres vivos.

Pero eso no es todo. Las cenizas arrastradas por el aire y el agua, debido a su alto componente tóxico, pueden ensuciar los acuíferos, infiltrarse en el suelo y subsuelo y provocar la infertilidad de los mismos, afectando así el desarrollo de la flora y fauna.

La salud de las personas también corre peligro

Exponerse e inhalar esa humareda que contiene micropartículas de aceites no quemados, metales, sulfuros, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles, es abrirle paso en los bronquiolos de los pulmones a dioxinas y furanos que no vuelven a salir y que pueden provocar:

  • Molestias oculares (inflamación, irritación o nubosidad).
  • Dolor de cabeza y en la garganta.
  • Náuseas.
  • Mareos.
  • Complicaciones respiratorias.
  • Afecciones en la piel.
  • Insuficiencia cardíaca.
  • Daños en el sistema nervioso central.
  • Y, a la larga desencadenar en cáncer.

La solución no es quemarlos ni almacenarlos

Cuando los neumáticos ya están muy desgastados y no permiten ese buen agarre y conducción para el que están diseñados, la mayoría de las personas tiende a tirarlos con la falsa creencia de que ya el final de su vida útil llegó. Pero, el abandono y la acumulación de neumáticos crean otro grave problema: la contaminación por degradación química.

  • Los neumáticos son inflamables y al estar acumulados en un mismo lugar atrapan gas metano, lo que puede provocar grandes incendios.
  • No son biodegradables, sino que se descomponen de forma parcial y muy lenta, contaminando todo a su alrededor.
  • Al tratárseles como basura, sin control, constituyen lugares de anidamiento y proliferación de insectos (alacranes, arañas y roedores) plagas y mosquitos, como el Aedes aegypti, y se convierten en focos de infección, principalmente de enfermedades como el Chikungunya, el Dengue e incluso, la fiebre Amarilla.

Por eso, lo mejor que se puede hacer con los neumáticos usados es darles una segunda oportunidad, una más amigable con el medioambiente.

Por ejemplo, se les puede usar como objetos de entretenimiento o material de construcción en parques infantiles o campos deportivos, o en la elaboración de prendas textiles, barreras anti ruido, macetas o piezas decorativas. Hay quienes ya los están empleando en la producción de asfaltos más viscosos, elásticos, resistentes y con mayores prestaciones.

Pero la realidad es que el porcentaje de reciclaje y reutilización de sus componentes sigue siendo bajo respecto a la creciente producción neumáticos. Es por ello que en la actualidad se está haciendo mayor presión para que los neumáticos se fabriquen con sistemas y materiales más sostenibles.

En respuesta, la marca Goodyear en el 2019 presentó su propuesta de fabricar neumáticos con caucho reciclado y musgo para que a medida que el auto avance, este sea capaz de absorber el CO2 emanado por la conducción.

Sin embargo, eso no elimina la posibilidad del desprendimiento de partículas del caucho por el proceso de desgaste ni le convierte en un neumático digno de ser calificado como “verde”, “ecológico”, ni “sostenible”.

Así que hasta ahora son pocos los avances que han surgido para solucionar el problemón ambiental que generan los cauchos. Entonces, la mejor opción que tenemos a la vista y en nuestras manos es exigir y poner en práctica una gestión adecuada de tratamiento y reciclado de aquellos neumáticos que ya están fuera de uso, no solo para evitar el abandono descontrolado en los basureros, calles y espacios naturales sino para frenar el agotamiento de la capa de ozono y el efecto invernadero que produce el calentamiento global y el cambio climático. En fin, para evitar el surgimiento de desastres ecológicos.

decoracion con neumáticos para jardin
Hay diversas formas de reutilizar los neumáticos de una forma amigable con el medioambiente.

Los neumáticos son una fuente sigilosa de contaminación ambiental a la que tenemos que hacerle frente con mucha responsabilidad y consciencia, con cambios en la forma en la que diseñamos, producimos, consumimos los productos y gestionamos los residuos, por el bien de esta y las futuras generaciones.

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