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El deshielo contribuye a la formación de nubes en la Antártida

En los mares antárticos está ocurriendo algo bastante peculiar, y sus repercusiones pueden alcanzar al planeta entero. Según un estudio reciente, el deshielo en esta zona contribuye a la formación de nubes, lo que a su vez podría favorecer al aumento de la temperatura global.

El deshielo contribuye a la formación de nubes en la Antártida

Los glaciares están en peligro. Tanto en el Ártico como en la región de la Antártida están experimentando de manera dramática los efectos de un cambio climático que avanza a pasos agigantados y sin freno. El cada vez más frecuente desprendimiento de sus icebergs y la pérdida de su fauna endémica son sus signos más evidentes. Esto, por supuesto, es un tema bastante preocupante, más aún cuando se sabe que todo lo que pasa allí puede tener consecuencias en el resto de la Tierra.

Según una investigación realizada por el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (ICM-CSIC) y la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, en la atmósfera de la Antártida se producen partículas de origen biológico que están favoreciendo la generación de aerosoles, y estos forman nubes en verano. Como consecuencia, puede haber alteraciones en el proceso de filtración de la radiación solar que recibe la región polar y generar un impacto a gran escala.

En resumidas cuentas, el deshielo que se está produciendo en la Antártida podría hacer más cálido el clima de nuestro planeta.

Formación de nubes en la Antártida

Hace unos años, con la expedición PEGASO 2015 los investigadores advirtieron que el calentamiento global estaba generando cambios importantes en los ecosistemas marinos de la península Antártica y que había pocas evidencias de cómo eso podría impactar al clima del continente helado.

En ese momento, asomaron que los microorganismos que crecen dentro del hielo, comienzan a liberar nitrógeno orgánico una vez que este se derrite. Esta sustancia, gracias a la acción del viento, es arrastrada y levantada a la atmósfera. Rafel Simó, del CSIC, ha preferido referirse a esto como “el aliento del hielo marino que llega a las nubes”.

Gases de origen biológico ascienden a la atmósfera y forman nubes
Gases de origen biológico ascienden a la atmósfera y forman nubes.

Ahora, durante la campaña antártica PI-ICE 2019, este equipo, junto a expertos británicos ha arrojado nueva luz sobre el tema. Ha confirmado lo que hasta entonces era solo una sospecha.

Tras más de tres meses de observación y análisis de las partículas suspendidas en el aire en la península antártica, los expertos del ICM-CSIC notaron que a mayor masa de aire proveniente de la zona cercana al hielo marino, más frecuentes eran los episodios de formación de aerosoles polares.

De acuerdo con los datos obtenidos, esas masas de aire concentraban grandes cantidades de ácido sulfúrico y aminas volátiles que contienen nitrógeno. Estos compuestos, se forman de la degradación de microorganismos, como el plancton marino, que hacen vida tanto en el hielo como en las aguas circundantes.

 “En una expedición precedente en 2015 ya habíamos observado la emisión de aminas por parte del hielo marino, pero hasta ahora no habíamos demostrado que estas sustancias permiten la formación de nuevos aerosoles en una región tan alejada de cualquier actividad humana y con una atmósfera tan limpia.”

Rafel Simó, investigador del ICM

Según advierte el trabajo publicado en Nature Geoscience, una vez que estos compuestos entran en contacto, pasan de ser gases a ser partículas que se dispersan de manera ascendente hasta llegar a la atmósfera.

¿Cómo puede influir la formación de nubes en la regulación de la temperatura del planeta?

Las nubes se forman gracias a la presencia de partículas atmosféricas. En las ciudades o zonas más pobladas, estas suelen provenir de la actividad humana. En áreas tan remotas como el Ártico y la Antártida, se originan por procesos naturales, entre ellos, el levantamiento de la sal marina y de gases liberados por material biológico en el océano.

Estas partículas, llamadas aerosoles, terminan creando una masa que hace posible que el agua se condense y forme gotas. Pero además, sirve como filtro de la radiación solar que se refleja en la superficie terrestre.

Entonces, si el deshielo contribuye a la formación de nubes en la Antártida hay más regulación de la radiación solar en la región y por ende, mayor temperatura. El clima se torna menos frío, más caliente. Y esto, por supuesto, incide en las estimaciones del derretimiento glaciar y en las proyecciones mundiales sobre patrones climáticos: inviernos con lluvias e inundaciones más fuertes y veranos con episodios de calor y sequías extremos.

“Los modelos climáticos actuales subestiman la abundancia de nubes sobre el océano Antártico y, por lo tanto, sobreestiman la radiación solar que llega a esas aguas frías. Por ello, la publicación de estudios como este es clave para mejorar las proyecciones futuras.”

Las advertencias para las próximas décadas no son alentadoras. Si no se ponen en práctica medidas urgentes y sumamente ambiciosas para frenar el calentamiento global es posible que para el año 2060, la situación en la Antártida sea fatal. Las proyecciones indican que si para entonces no se alcanzan los objetivos del Acuerdo de París, los casquetes polares podrían alcanzar un punto crítico.

La Antártida se derrite a un ritmo alarmante

Así que la confirmación de que el deshielo contribuye a la formación de nubes y al aumento de la temperatura global nos coloca en otro aprieto. Si no nos tomamos este asunto con la seriedad que merece, para entonces no solo las plataformas de hielo serán más delgadas y se desintegrarán más rápido en un océano que se calienta más a mayor velocidad. El ritmo de subida del nivel del mar se acelerará drásticamente y el clima será más cálido. No está de más decir que las consecuencias de este complejo escenario podrían ser catastróficas e irreversibles.

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