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La falta de perspectiva de género en medicina ha creado inequidades sanitarias

Al ser física y biológicamente distintos, los hombres y las mujeres tienen diferentes formas de manifestar los síntomas y signos de las enfermedades. Sin embargo, los estándares clínicos han tratado el tema de la capacitación, la atención, el diagnóstico y el tratamiento con cierta discriminación sexista. La falta de perspectiva de género en medicina se traduce en el desconocimiento de derechos y en la reducción de oportunidades de bienestar y desarrollo.

La falta perspectiva de género en medicina ha creado inequidades sanitarias

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), egénero se refiere a los roles, las características y oportunidades definidos por la sociedad que se consideran apropiados para los hombres, las mujeres, los niños, las niñas y las personas con identidades no binarias. El género es también producto de las relaciones entre las personas y puede reflejar la distribución de poder entre ellas. El género interactúa con el sexo biológico, pero es un concepto distinto.”

Atendiendo a esta definición, queda más que claro que las mujeres y los hombres somos disímiles y nos comportamos de forma distinta. En esas diferencias subyace la desigualdad que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida, en el mundo laboral, en el deporte, en la publicidad, e inclusive en la salud.

El género es un factor determinante de inequidades sanitarias

En materia de salud, las diferencias físicas, biológicas, sociales, económicas y culturales son determinantes en la forma en que hombres y mujeres contribuyen al desarrollo sanitario, y también en la forma en la que reciben sus beneficios.

“Los determinantes de la salud relacionados con el género son las normas, expectativas y funciones sociales que aumentan las tasas de exposición y la vulnerabilidad frente a los riesgos para la salud, así como la protección frente a los mismos, y que determinan los comportamientos de promoción de la salud y de búsqueda de atención sanitaria y las respuestas del sistema de salud en función del género.”

Organización Mundial de la Salud.

El sexo, el entorno y el estilo de vida han favorecido la discriminación y la exclusión en todos los niveles de la atención sanitaria. En el sistema de salud tradicional, el sesgo de género se ha producido en todos las instancias. Gran parte de las estadísticas no están desvinculadas por género, y esto ha dificultado por años la atención equitativa, óptima y justa de niñas, niños, mujeres y hombres.

En las estructuras de los servicios de salud, en las políticas públicas sanitarias, en los programas de formación profesional y en el diseño de investigaciones, la desigualdad de género ha hecho mella.

¿Qué es la perspectiva de género en la medicina?

¿Sabías que hay enfermedades que tienen mayor prevalencia en mujeres, que hay diferencias en el tiempo de manifestación de los síntomas entre hombres y mujeres con un mismo padecimiento o que un tratamiento puede ocasionar efectos secundarios distintos en ambos sexos? Probablemente, no.

La medicina se ha encargado de omitir tanto como ha podido este grandísimo detalle que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de un paciente.

En la década de 1970, “la paradoja del género en salud” puso de manifiesto la existencia de una mortalidad y de una morbilidad diferencial entre varones y mujeres. Sin embargo, hasta el día de hoy, el campo de la investigación se ha centrado especialmente en los hombres y ha invisibilizado y silenciado a la mujer, en la atención sanitaria, en la educación médica y en la investigación.

» En la atención sanitaria

De acuerdo con un estudio publicado en los años 90’ en la revista The New England Journal of Medicine,  el sesgo de género en la atención sanitaria se produce “cuando a igual necesidad sanitaria en hombres y mujeres se realiza un mayor esfuerzo diagnóstico o terapéutico en un sexo respecto al otro, pudiendo contribuir a desigualdades en salud entre hombres y mujeres”.

En tal estudio se demostró que en los hospitales de Harvard y New Haven, en Estados Unidos, la realización de angiografías coronarias por presunción de enfermedades cardiovasculares era mayor en hombres que en mujeres. Esto se debía a una suposición errónea en el curso de la enfermedad. Por ende, un infarto en una mujer, al tener una manifestación diferente a la del hombre (dolor por detrás del esternón, el estómago, y mareo), podía ser (y todavía es así) menospreciado, diagnosticado y tratado de forma equivocada o tardía. Lo mismo sucede con otras enfermedades, como la espondiloartritis, que en las mujeres se presenta con problemas periféricos, en las manos y los pies; mientras que en los hombres, con problemas en la columna.

la falta de perspectiva de género en la salud lleva a valoraciones médicas incorrectas
Las probabilidades de ser tratados adecuadamente disminuye si las pruebas y valoraciones médicas son interpretadas de forma incorrecta.

En el 2019, el ensayo titulado “Perspectiva de género en medicina” de María Teresa Ruiz Cantero, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Alicante, aseguró que “el retraso diagnóstico mayor en las mujeres que en los hombres se ha identificado en al menos 700 enfermedades, con la única excepción de la osteoporosis.”

Esto ha dado lugar a diagnósticos equivocados y por tanto, a tratamientos poco efectivos y perjudiciales.

En este trabajo publicado por la Fundación Dr. Antoni Esteve, y en el que participaron 24 profesionales de distintas áreas de la salud, se dice que el sesgo de género en el diagnóstico, basado en la utilización del patrón de síntomas masculino, conduce a:

  1. Efectos secundarios y negativos de los medicamentos

Los profesionales de la medicina, suelen aplicar los mismos procedimientos terapéuticos en hombres y mujeres para un mismo problema de salud. Tienden a recetar los mismos fármacos y dosis para ambos sexos, sin tomar en cuenta que para las mujeres las probabilidades de padecer efectos adversos secundarios es más alta que en los hombres. Por ejemplo, con los medicamentos cardiovasculares, ellas tienen entre 2 y 2,5 veces más riesgos que ellos.

2. Falsos negativos

La Helicobacter pylori, causante de la úlcera péptica, se relacionaba con mayor frecuencia con hábitos asociados a patrones masculinos, como el alcoholismo y el tabaquismo. Por lo que se consideraba con mayor prevalencia en los hombres y poco se valoraba la posibilidad de padecimiento en las mujeres.

3. Infradiagnósticos en los hombres

Por ejemplo, la osteoporosis suele tratarse como una enfermedad femenina, relacionada directamente con la menopausia. Por ello, los hombres que la padecen suelen ser diagnosticados con lentitud y cuando ya la enfermedad ha avanzado.

“No tener en cuenta la perspectiva de género en la atención sanitaria hace que mueran más mujeres.”

María Teresa Ruiz Cantero

» En la investigación

La falta de perspectiva de género en medicina, específicamente en las investigaciones de salud, perpetúa el problema de la infrarrepresentación de las mujeres.

La exclusión de la población femenina en los ensayos clínicos para probar la seguridad y eficacia de los medicamentos da lugar a la imposibilidad de estratificar los análisis por sexo, y por consiguiente, a la generalización y extrapolación de resultados obtenidos a partir de estudios realizados mayoritariamente en hombres.

De modo que, la variabilidad hormonal de las mujeres, generalmente aislada en la fase de diseño de los fármacos, puede condicionar la efectividad y eficacia de los medicamentos.

Este fue el motivo por el cual entre 1997 y 2000 retiraron del mercado de Estados Unidos 80% de los medicamentos. Los efectos secundarios que tuvieron en las mujeres no fueron evaluados en los ensayos clínicos.  

“Las mujeres tenemos una variabilidad hormonal diferente que producen unas reacciones cruzadas entre los fármacos ensayados solo en hombres, de este modo, se pueden potenciar los efectos secundarios o aparecer otros diferentes. Hay un caso muy llamativo en esto. En el año 2015 se intenta comercializar el flibanserin, una especie de viagra femenina, y aparecieron reacciones cruzadas con el alcohol. Pues bien, el ensayo para comprobarlo se hizo con 27 sujetos donde solo dos eran mujeres.”

María Teresa Ruiz Cantero, en una entrevista concedida a la Voz de Galicia en el año 2019

» En la educación médica

Lamentablemente, el machismo también se ha impuesto en la docencia y el estudio de las enfermedades también estás sesgado en perjuicio de las mujeres.

En pleno siglo XXI, la medicina sigue centrada en normativas obsoletas y estereotipos de conductas que llevan a la desigualdad y al aumento de las tasas de morbilidad y mortalidad.

Todavía hay resistencia a incorporar de forma transversal la perspectiva de género en las facultades de medicina y en los grandes hospitales.

El problema no es solo que el género no se incluye en los programas de formación profesional sino que además queda relegado a ciertas especialidades médicas.

Por un lado, está la falta del estudio diferenciado de las patologías y sintomatologías, y por otro, la discriminación de la mujer en el liderazgo institucional y la fuerza laboral de salud global.

Según la OMS, “en muchos países, las mujeres representan más del 70% del personal sanitario remunerado (19) y, a menudo, son las principales profesionales de atención domiciliaria y comunitaria. Además, son las principales prestadoras de cuidados no remunerados. A pesar de ello, están infrarrepresentadas en los puestos directivos y de toma de decisiones de los sistemas de salud.”

Afortunadamente hay quienes aportan su granito de arena para tratar de eliminar “la ceguera de género” en la docencia, la investigación y el tratamiento médico. A María Teresa Ruiz Cantero se le suma la doctora Linda Schiebinger de la Universidad de Stanford, que con su proyecto Gender Innovations defiende la incorporación del análisis de sexo y género en los planes de estudios. Adicionalmente, las Guías SAGER (Sex and Gender Equity in Research) proponen la incorporación equitativa del sexo y del género en la investigación mediante un procedimiento integral en el diseño de estudios, análisis de datos, resultados e interpretación de los hallazgos.

La discriminación de género en la Medicina incide en la mortalidad femenina
La discriminación de género en la Medicina incide en la mortalidad femenina.

Importancia de integrar las perspectivas de género en la salud pública

Las mujeres siguen siendo las principales afectadas por la desigualdad social y económica, y esto tiene repercusiones directas en el sistema de salud.

Las tasas de ingresos y empleo formal siguen siendo bajas respecto a las de los hombres. Esta inequidad limita su acceso a una atención sanitaria de calidad.

Si a eso le agregamos que tienen pocas probabilidades de ser atendidas con prontitud por un personal médico que pueda dar un diagnóstico preciso y ofrecer un tratamiento efectivo en función del género, el panorama es aún peor. Para las mujeres pobres, jóvenes y rurales la esperanza de vida es menor.

En el contexto actual, en el que los países en vías de desarrollo son testigos del aumento de la tasa de mortalidad materna, el embarazo infantil y los casos de VIH, así como también de las restricciones en el acceso al agua potable, métodos anticonceptivos y viviendas dignas, es imperante la implantación de políticas públicas con perspectiva de género en la medicina y en todos los sectores socio-económicos.

La salud, el bienestar, las comunidades e incluso, el clima lo exigen. De ahí que los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluyan el tema de la igualdad de género en todas sus vertientes.

 “La perspectiva de género aporta información que ayuda a repensar por qué y cómo los sesgos de género pueden llevar a un concepto erróneo de ciertas enfermedades, sobre todo en las mujeres, e influir en sesgos de género en el proceso asistencial, tanto en el esfuerzo diagnóstico (acceso, demora y espera desigual a la atención sanitaria oportuna desde el comienzo de los síntomas, errores diagnósticos) como en el esfuerzo derivado (tipos de estrategias terapéuticas, consumo y gasto por sexo, y sobreprescripción de terapias).”

María Teresa Ruiz Cantero

Incluir la perspectiva de género en la medicina no acentúa las diferencias entre los sexos, todo lo contrario. Reconoce las diferencias y elimina aquellas que incentivan la  inequidad relacionada con el género, tanto en la evaluación clínica como en los resultados, las experiencias y los riesgos sanitarios.

Abordar la medicina con un enfoque integral, inclusivo y diverso es vital. Pero hay que reconocer que es un proceso gradual, pues implica destronar siglos de actuación de un modelo médico hegemónico promotor de inequidades injustificadas.

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