Las alarmas están encendidas, porque si las temperaturas siguen en ascenso se provocaría un derretimiento en la Antártida lo que podría derivar en que los niveles del mar crezcan hasta unos 37 centímetros.
Los daños serían catastróficos, aún si se diera la reducción de las emisiones según el objetivo del Acuerdo de París de 2015; es decir, un calentamiento global de menos de 2 grados con respecto a la era preindustrial.
Según el estudio, los efectos del derretimiento de otras zonas glaciares, entre las que se encuentran el casquete de Groenlandia, así como la dilatación del agua de mar provocada por su calentamiento, se añadirían evidentemente a estas proyecciones.
Investigadores australianos también hicieron su propio estudio, que fue publicado por la revista americana PNAS, allí establecen un paralelo inquietante con el último período interglaciar de la Tierra, que data de entre 129.000 y 116.000 años.
Los investigadores llegaron a la conclusión de que en ese período los hielos de la parte occidental de la Antártida, se fundieron muy temprano durante el ciclo de calentamiento, y es que su ubicación los hace depender directamente del fondo del mar, lo que los vuelve más vulnerables al calentamiento.
El autor principal de este estudio ha destacado que “el derretimiento fue probablemente causado por un calentamiento oceánico de menos de dos grados, lo que tiene implicaciones importantes para nuestro futuro” y agrega “en un mundo más cálido, podríamos perder la mayor parte del hielo antártico occidental”.
Así, estos estudiosos alertan que, si se sigue quemando carbón, petróleo y gas, el riesgo para las metrópolis costeras, desde Nueva York hasta Bombay, pasando por Hamburgo o Shanghái aumentará considerablemente.