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Invasores llegan a la Antártida

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Las actuales condiciones climáticas y la acción del hombre no solo han transformado los ecosistemas, también han logrado modificar los patrones de comportamiento de diversos organismos. Tal es así que hoy es posible ver cómo ha aumentado el número de especies invasoras, incluso en territorios tan remotos como la Antártida. Allí, ya está el “mosquito sin alas”.

Especies invasoras llegan a la Antártida
A la Antártida ya han llegado distintas especies de mosquitos invasores

La variación de temperatura que experimenta la Antártida, producto del calentamiento global, y la fuerte presencia humana en la región (científicos y turistas) han incidido notablemente en las formas de vida que allí habitan. Por un lado, mientras la población de pingüinos emperador se va reduciendo a medida que se debilita el hielo marino, por el otro, hay especies que intentan ganar terreno y acomodarse en el clima antártico. 

Una investigación conjunta de la Universidad Complutense de Madrid, el Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad Rey Juan Carlos, ha constatado que a la Antártida ya han llegado distintas especies de mosquitos invasores. Según indica este estudio, que fue publicado en la revista Journal of Biogeography, esto se debe a  que “las condiciones extremas y el alto grado de aislamiento de la Antártida han ido debilitando las barreras físicas y geográficas que impedían la entrada de nuevos organismos” al continente helado.

Sus datos confirman lo que investigaciones anteriores han venido advirtiendo desde hace algunos años: la existencia de dos especies de mosquitos invasores en la Antártida.

  • El mosquito sin alas (Eretmoptera murphyi)

Este mosquito no volador procedente de las Islas de Georgia, fue introducido en el archipiélago Orcadas del Sur hace 60 años.

No hay exactitud en cuanto a cómo entró. Algunos sugieren que fue durante el desembarco de una base de investigación científica inglesa en la Isla de Signy. Sin embargo, un estudio de la British Antarctic Survey, en el 2013, afirma que estos mosquitos llegaron por accidente “probablemente durante los experimentos de trasplante de plantas en la década de 1960”.

Lo cierto es que desde su llegada hasta entonces su colonización ha sido progresiva.

Su población crece año tras año, y actualmente hay cientos de miles por metro cuadrado en la Isla. Al ser una especie no nativa de la zona, se ha convertido en una máquina transformadora del medio (como ha sido descrita por los investigadores) que puede ocasionar serios problemas en el ecosistema antártico.

  • El mosquito alado (Trichocera maculipennis)

Es originario del norte de Europa. Llegó a una base uruguaya en la Península antártica hace unos 20 años y se ha ido expandiendo por la Isla Rey, poniendo en peligro a los ecosistemas terrestres de la Antártida.

Es común encontrarlo en las cañerías de aguas calientes de las bases desplegadas en la Antártida y en la actualidad se evalúa si hay riesgos de que pueda comenzar a hacer vida fueras de estas áreas.

Hay milles de mosquitos invasores en la Antártida
Estos mosquitos llegaron por accidente “probablemente durante los experimentos de trasplante de plantas en la década de 1960"

Una amenaza potencial para la Antártida

Ambos mosquitos han logrado adaptarse a las temperaturas antárticas que, gracias al cambio climático, han comenzado a ser más cálidas. Han demostrado estar bien preparados para establecerse, sobrevivir y prosperar en las condiciones extremas del continente helado, pero eso no significa que no sean un problema para la región.

Estos invasores causan daños irremediables a la biodiversidad, al condenar al desplazamiento o la extinción a aquellas especies endémicas de la Antártida. Además, datos recopilados por la British Antarctic Survey afirman que el “mosquito sin alas”, por ejemplo, está destruyendo el musgo muerto y convirtiéndolo en tierra más rápido que las especies nativas invertebradas.

Y es precisamente en esto que el grupo de investigadores hace énfasis. Asegura que es esencial estudiar la ecofisiología de estos mosquitos y a partir de allí  “realizar modelos predictivos de su posible expansión geográfica con el fin de establecer medidas de cuarentena, así como predecir futuros procesos de invasión”.

Los expertos coinciden en que se necesita implementar sistemas de prevención ambiental para evitar que estos mosquitos se propaguen a otros puntos. Una tarea nada fácil pues su erradicación se ve dificultada gracias a su diminuto tamaño y un cambio climático que parece favorecerles. Así que estas especies prometen seguir reproduciéndose.

Turismo incentiva invasión biológica en la Antártida
Estos invasores causan daños irremediables a la biodiversidad

El número de especies invasoras está creciendo de manera abismal y no solo por razones inherentes al cambio climático. El hombre tiene gran responsabilidad en esto. Si no somos conscientes incluso de la forma en la que nos movilizamos podemos convertirnos en el transporte ideal de especies hacia ecosistemas que por lo general, son diferentes a su hábitat natural. Hasta en nuestros zapatos hay un peligro potencial, pues con ellos, simplemente caminando de un lado a otro, se  pueden transportar cosas u organismos que pueden tener un amplio y duradero impacto en el sitio de llegada.

¿Puedes llegar a imaginar cuánto daño le pueden hacer a la Antártida los más de 30.000 turistas y alrededor de 5.0000 miembros de la comunidad científica que visitan la zona cada año si no toman las precauciones necesarias?

De ahí la importancia de reforzar los protocolos de bioseguridad existentes en la Antártida, y cualquier otro ecosistema, y la toma de conciencia sobre la amenaza que supone la invasión biológica, y evitar alteraciones en el equilibrio del ecosistema polar.

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