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Cambio climático

La sequía en México alcanza su peor nivel en los últimos 30 años

El cambio climático provocado por el hombre está modificando rápidamente los patrones de lluvia. En algunos países, las precipitaciones son más intensas y frecuentes, y en otros, tan escasas que ni siquiera alcanzan para abastecer las presas. Esto es lo que está pasando en gran parte del territorio mexicano. Imágenes satelitales de la NASA han confirmado que la sequía en México se ha acentuado en las últimas décadas.

La sequía en México alcanza su peor nivel en los últimos 30 años

Un México totalmente deshidratado. Eso es lo que muestran las imágenes publicadas recientemente por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés). En ellas se puede apreciar que las grandes presas del país “se encuentran en niveles excepcionalmente bajos”. Alrededor del 87,56% del territorio está bajo alguna condición de sequía y un 54%, en intensa agonía por la falta de lluvias.

Este escenario, considerado el peor en los últimos 30 años, no solo agota los recursos hídricos destinados al uso y consumo humano, sino que acentúa la cantidad de incendios forestales y por tanto, la pérdida de territorio forestal.

¿Por qué la sequía en México?

La localización geográfica de México y su clima le hacen ser especialmente vulnerable a la escasez de épocas húmedas y de precipitaciones. En cierta forma, el país parece estar acostumbrado a las sequías. Sin embargo, en los últimos años, parece que son otros factores los que están agravando de forma alarmante la situación y condenando al país a la agonía por el agua, en especial en Estado de México, Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Nuevo León.

» Variabilidad del clima

Tanto el fenómeno la Niña como el Niño condicionan la llegada, duración y frecuencia de las temporadas húmedas y secas. Ahora, bien, el cambio climático también está propiciando variaciones en la generación de estos fenómenos.

En México, La Niña es más frecuente y por tanto, lo son también la sequía en el centro y norte del país; y los huracanes y las lluvias en otras zonas. Sin embargo, esas precipitaciones no han logrado abastecer a todo el sistema de presas del país. Más de la mitad de las 210 presas más importantes del país están por debajo del 50% de su capacidad y peor aún, 61% de ellas tiene menos de 25% de agua.

Entonces, si llueve más ¿cómo es que el agua ya no es suficiente para abastecer la demanda del líquido? Pues, en primer lugar hay que decir que a pesar de que ha habido periodos húmedos donde cada vez llueve más, también hay episodios de brutales sequías que duran años e incluso, décadas. A eso hay que sumarle la gran demanda de los recursos hídricos, tanto para el riego del sector agrícola, como para el abastecimiento urbano, industrial y natural de los ecosistemas.

» La transformación del suelo

Aunque las sequías hacen parte de procesos naturales cíclicos, la actividad humana las está alterando.

La deforestación, la conversión de humedales en zonas de cultivo y la extensión de asentamientos urbanos dificultan la capacidad de retención del agua, su escurrimiento y su evaporación. Al no haber vegetación, el agua no puede infiltrarse en los suelos, y por consiguiente, se evapora más rápido. Por supuesto, con el aumento de temperatura de los últimos años, el proceso se ha acelerado y los mantos acuíferos no se regeneran a la misma velocidad con la que se consume el agua.

Los suelos están más secos, hay más incendios que se extienden con rapidez por los vientos agresivos traídos por La Niña, y que arrasan violentamente con la vegetación y la biodiversidad.

Según la Agencia Nacional Forestal (Conafor) en 30 de los 32 estados del país se han registrado 4129 incendios en lo que va de año.

» La mala gestión del agua

Si el agua no se almacena, se depura y se reintroduce en el ciclo de forma correcta, la responsabilidad de la intensificación de la sequía en México recae exclusivamente en la acción del hombre.

“Dependiendo del grado de presión que se tenga sobre los recursos hídricos y el manejo del agua, será la vulnerabilidad y consecuentemente el riesgo de desastre asociado a la sequía.”

Christian Domínguez Sarmiento, integrante del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM

En México, alrededor del 76,6% del agua se destina al riego agrícola, en monocultivos de aguacate, maíz y frijol; 14% al consumo doméstico y el restante, a la industria del plástico de un solo uso, el fast-fashion y la electricidad.

Esto, en un contexto de largas sequías continuas, es aterrador y da evidencia de la carencia de políticas y decisiones con criterios preventivos y de adaptación al cambio climático.

Según reza un informe conjunto del Centro de Derecho Ambiental (Cemda), Greenpeace, Iniciativa Climática México y Pronatura Veracruz, “la respuesta a las catástrofes se caracteriza por la falta de prevención en todos los niveles de la política y la administración pública (….). El problema se agudiza aún más en México debido al desmantelamiento de las instituciones ambientales encargadas de diseñar, implementar, coordinar y evaluar las acciones de mitigación y adaptación al cambio climático, así como los temas forestales.”

Ciudad de México tiene una demanda de 480.000 millones de litros de agua anuales.
Ciudad de México tiene una demanda de 480.000 millones de litros de agua anuales

Estela de emergencias y daños

Parece que es posible que se repita la historia del 2011 y del 1996, cuando la sequía golpeó duramente al país y provocó hambrunas y emergencias humanitarias en algunos estados. Lamentablemente, parece que no se aprendió nada de esas épocas complejas. Se siguen cometiendo los mismos errores, y por supuesto, ante la estampida del cambio climático, los resultados son cada vez peores.

El nivel de consumo del agua en México es insostenible. De las fuentes de agua se saca más cantidad de la que las presas pueden dar. En consecuencia, se provocan sobresedimentaciones que provocan la falta de oxígeno y la eutrofización. Esto, produce la contaminación del agua, y por consiguiente, la muerte de cientos de especies y dificultades para tratarla y hacerla apta para el consumo humano.

Por otra parte, para los pescadores y agricultores, la sequía en México, significa pérdidas. Para los primeros, el descenso del nivel de las aguas provoca la migración o la muerte de los peces. Para los segundos, la falta de lluvia es un obstáculo para la siembra de alimentos ecológicos; y para los ganaderos, dificulta la plantación del follaje que sirve de alimento para las reses.

Todos ellos, para que su medio de sustento prospere, y para obtener agua para beber, comer y lavar, muchas veces tienen que trasladarse largas distancias hasta encontrar una fuente de agua, o pagar costosos camiones cisternas. Todo esto, de alguna manera, afecta la soberanía alimentaria y fomenta la especulación sobre los precios de los alimentos. Por ejemplo, el maíz este año ha subido 40% y la soja hasta 50%, lo que afecta desproporcionadamente a la población más pobre.

México figura entre los diez países con mayor deforestación de bosque primario del mundo

¿Cómo paliar la sequía en México?

En la Ciudad de México, la crisis del agua se ha agudizado y como solución, la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ha propuesto la construcción de una planta potabilizadora que surta del vital líquido a la capital con agua proveniente de presas cercanas, como la Madín o la Guadalupe, que valga decir, tienen altos niveles de contaminación por metales pesados como el mercurio, hierro y aluminio. Quizás sea una respuesta efectiva por un par de días, pero, ¿qué pasará al cabo de unas semanas? Lo mismo que en el resto del país, la crisis de acentuará, porque estas también se agotarán y se dejará sin agua a otras zonas.

¡Vaya solución! Quitarle agua a otras presas para sumirlas en el mismo desabastecimiento que sufre el Valle de México.

Lo realmente necesario para paliar la sequía en México es:

  • Reforestar los bosques. De esta manera se facilita la retención e infiltración de agua en el subsuelo.
  • Gestionar adecuadamente el uso del agua, para minimizar el impacto de la sequía sobre la calidad de vida de la población, el régimen de caudal ecológico y las actividades económicas. No se puede seguir despilfarrando agua. Hay que reciclarla. Hay que aprovecharla una forma sostenible y, por supuesto, mejorar la distribución. No se puede seguir favoreciendo la desigualdad en el acceso al agua.
  • Educar a la población. Hay que lograr que la gente tome conciencia de la importancia del vital líquido y del gasto innecesario que se hace de ella, tanto en las grandes industrias (de carne, ropa, refrescos, plásticos, etc.), como en los hogares (dejar el grifo abierto, no reutilizar el agua de la lavadora).

“El mayor consumo de agua no es necesariamente el que se realiza para consumo en zonas urbanas o rurales, sino el que se destina a la producción de alimentos (agricultura, ganadería) y a la industria. En ese sentido, lo que debiéramos cambiar es nuestra forma de consumo, hacia un esquema más sostenible, que privilegie la producción de alimentos básicos, con técnicas agrícolas de bajo impacto y productos adaptados a las condiciones locales, y no aquellas que privilegien el desmonte de grandes extensiones de tierra para destinarse a la agricultura intensiva de productos con alta demanda de agua”.  

Arturo Ruiz Luna, profesor investigador de la Coordinación Mazatlán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD)

La sequía en México está por terminar. Al menos eso es lo que predicen los científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al ver cómo ha comenzado a aminorarse La Niña. Sin embargo, el Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, augura un 40% de probabilidades de que entre junio y agosto, la temperatura sea más caliente que años atrás y llueva menos, sobre todo en los estados del Golfo de México. Con estos datos a la mano, es fácil entender que el problema está latente, que el estrés hídrico y el déficit de agua prometen agudizarse si no se toman las acciones correctas para frenar la sobreexplotación, la contaminación  y el mal uso de las fuentes de agua.

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