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Islas artificiales de China, escenarios de militarización y devastación

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China, que desde hace algunos años enfrenta disputas territoriales con Filipinas, Malasia, Taiwán, Brunéi y Vietnam, quiere demostrar su poder e influencia. Hasta ahora no tiene bajo su control islas del Mar de China Meridional que considera le pertenecen, pero quedarse con las ganas no ha sido una opción, por lo que se ha replanteado sus estrategias para lograr el objetivo: dominar mar y aire, hacerse sentir dentro y fuera del país. Ese es el propósito por el que se ha construido la larga cadena de islas artificiales de China, zonas relacionadas con las nuevas rutas de la seda, donde se establecen bases militares y algunas colonias civiles, y donde queda poco espacio para la vida marina.

Impacto ambiental de las islas artificiales de China

Las islas artificiales de China, un trampolín para reafirmar el poderío de Beijing

Durante los últimos años, China ha liderado una serie de acciones encaminadas a la construcción de islas e instalaciones que por un lado cumplen a cabalidad la función de generar dinero y servir como centros estratégicos operacionales del ejército, y por otro, afectan la estabilidad, seguridad y desarrollo económico y sostenible del país, de la región e incluso, del mundo.

La segunda potencia mundial, no ha relajado esfuerzos en la reclamación de tierras y aguas de dos archipiélagos en el Mar de China Meridional, las islas Paracelso y las islas Spratly, pero tampoco en la construcción de islas artificiales allí, con fines militares y civiles.

Las islas Spratly están formadas por 100 arrecifes e islotes rodeados de yacimientos de petróleo y gas natural muy apetecibles para los países que protagonizan la disputa territorial con China.

El país ya cuenta con al menos 7 de estas nuevas creaciones en estas áreas de arrecifes de coral. Allí se han erigido edificios de mando central, pistas de aterrizaje para aviones y helicópteros de carga y de combate, canales profundos de acceso para grandes buques, almacenes de combustibles y piezas de artillería, estaciones de radio de alta frecuencia, torres de radar, hoteles, museos, entre otras grandes infraestructuras.

Todo lo ha hecho supuestamente para respaldar sus reivindicaciones de derechos de soberanía y prevenir amenazas potenciales, basándose en una poco creíble oferta ecológica y amistosa con el medio ambiente.

Las islas artificiales no son lo que parecen

En las imágenes capturadas por la NASA desde el espacio, lucen como lugares tranquilos y atractivos. Algunas de estas islas artificiales tienen formas de palmeras, otras de mapamundi o de nenúfar. El diseño es cada vez más diverso e innovador. No se puede negar. De hecho, el avance tecnológico ha hecho posible que hoy cuenten con plataformas generadoras de energías renovables y novedosos sistemas para absorber sustancias contaminantes del agua. Digamos que es un punto a su favor, pero la verdad es que aun así brindan pocas garantías medioambientales.

Las islas artificiales se han levantado, en la mayoría de los casos, con la promesa de la expansión poblacional, con la instalación de hoteles de lujo para recibir turistas de todo el mundo e incluso, como áreas, privadas claro está, para huir de los estragos del cambio climático, y en China, específicamente, con un propósito más que comercial, político.

Pero, aunque pinten de buena intención, estas construcciones son nocivas para el entorno natural donde se han establecido y esto es así no solo en el gigante asiático, sino también en Austria, Bulgaria, Bolivia, Canadá, Dinamarca, Dubái, Estados Unidos, Holanda, Japón, Panamá, Perú, Polonia, Reino Unido, República Dominicana y cualquier lugar del mundo, simplemente porque las ansias de poder y riqueza restan atención a cómo se construyen las islas artificiales, lo que prima es el interés económico, territorial y político.

Ocean Flower es una de las islas artificiales más grandes del mundo

Las islas artificiales de China, al igual que las de los países citados anteriormente, se han construido bajo la promesa de no causar daños al medio ambiente, ni muertes ni lesiones a los animales. Sin embargo, las consecuencias se dejan ver desde el primer momento en el que se comienza a trasladar e instalar equipos, maquinarias y materiales. Es lógico, al cambiar las condiciones del medio natural, todo lo que hay en él cambia.

Impacto ambiental de las islas artificiales de China

China, por supuesto, se ha empeñado en defender sus islas artificiales. En el 2016, el entonces vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hong Lei, aseguraba que “las Islas Nansha son territorio chino. China se preocupa más por el ambiente de los arrecifes y las aguas circundantes que cualquier otro país, institución o individuo”. No obstante, ese mismo año, una sentencia de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 y sobre la diversidad biológica declaró que el país asiático “ha causado graves daños al medio ambiente coralino y violó su obligación de preservar y proteger los ecosistemas frágiles y el hábitat de especies agotadas, amenazadas o en peligro de extinción “.

Y es que las actividades relacionadas con el transporte de materiales de construcción, barcos anfibios y recursos humanos, el uso de dragas para la extracción de arena y la grava de las lagunas y fondos marinos en el Mar del Sur de China lleva consigo la descarga de una excesiva cantidad de metales pesados, petróleo y productos químicos que son responsables de cambios significativos y perjudiciales en el ecosistema:

  • Enturbiamiento de las aguas que una vez fueron cristalinas.
  • Alteración e interrupción de las corrientes marinas.
  • Erosión de las playas.
  • Desprendimiento, aplastado y sepultado bajo toneladas de arena y rocas de gran parte de los lechos marinos, arrecifes de coral, campos de ostras y pastos marinos que brindan alimentación y refugio a una amplia variedad de especies acuáticas.
  • Expulsión de ciertas especies nativas e introducción de especies invasoras.
El Mar del Sur de China es una de las áreas con mayor biodiversidad del mundo. Posee más de 250 islas pequeñas, atolones, cayos, cardúmenes y bancos de arena. Alberga alrededor de 500 tipos de coral y casi 10% de los peces del mundo.

Esta serie de alteraciones, aunada a los cada vez más potentes efectos del calentamiento global, pueden hacer que aumenten los riesgos de aparición de desastres naturales como tsunamis o ciclones y que estos creen nuevos microclimas con consecuencias inesperadas. 

Además, amenazan los medios de subsistencia de los pescadores de la región. Con la destrucción del hábitat marino y millones de criaturas que dependen de él, la pesca ya no es la misma y muchas personas quedan sin alimentos e ingresos.

Son construcciones con implicaciones regionales

El poderío chino quiere hacerse sentir en todo el mundo y por supuesto que lo está logrando. La construcción de las islas artificiales de China ha intensificado las tensiones entre países vecinos y evidentemente, con Estados Unidos. La paz y la prosperidad regional están sujetas a los movimientos de vigilancia, inteligencia, disuasión y alerta que se hacen y se controlan desde porciones del Mar del Sur de China.

Eso gusta y emociona al gobierno de Beijing, pero en nada favorece a la naturaleza.

China construye islas artificiales en arrecifes de coral

En la carrera por el control territorial, en la nueva y próspera China, los ecosistemas llevan todas las de perder. La ambición por asegurar derechos e intereses en un inmenso océano está dejando huellas difíciles de borrar. La construcción de las islas artificiales de China ha matado básicamente todo lo que vive alrededor de los arrecifes de coral dejando pocas opciones para la restauración y la generación de nuevas vidas. El coste ambiental es extremo y lamentablemente a China parece importarle muy poco. Sus esfuerzos y su dinero siguen enfocados en el control de la pesca y el petróleo que yace bajo las disputadas aguas de Mar de China Meridional.

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