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Contaminación

El hormigón destruye el planeta

Este material clave en la construcción del entorno moderno, que pareciera ser un logro estético y social es realmente un agente demoledor. El hormigón destruye al planeta y su huella ambiental es de poco o nulo interés para la industria y los gobiernos.

El hormigón destruye el planeta

La adicción al hormigón nos lleva al abismo

El desarrollo económico de las naciones y la sobrepoblación ponen el pie en el acelerador de la urbanización. El crecimiento demográfico y la imperiosa necesidad de los Estados de responder a él, obliga a la construcción de todo tipo de infraestructuras.

El número de viviendas, presas, carreteras, instalaciones de saneamiento de agua y de suministro de energía va en aumento y sin freno, incluso en los países emergentes. Para el 2050 puede que haya 2.000 millones de personas más, así que la demanda continuará en ascenso, y con ella también crecerá la huella ecológica del hormigón, material clave en la producción de cemento, ese polvo gris que mezclado con agua y arena o grava que se ha convertido es parte fundamental de la modernización del planeta.

Gracias a su versatilidad, la facilidad para producirlo, su resistencia y su bajo costo, hoy por hoy está presente en las miles de edificaciones que existen en todo el mundo, como una piel dura y aislante, que supuestamente nos protege de la lluvia, el frío, los vientos y el caos, pero que en realidad actúa como un enemigo silencioso del medioambiente.

Principales consumidores de hormigón

Basta con mirar la cantidad de habitantes de China para saber que no hay mayor consumidor de hormigón que ella.

Es el país más poblado del mundo. Para el 2019 registraba 1.400 millones de personas. Si en el 2017 ya producía unos 2.400 millones de toneladas métricas de cemento, imagínense cuánto habrá aumentado a razón de su crecimiento poblacional y su ambición por edificar megaproyectos militares, tecnológicos y comerciales, como la Nueva Ruta de la Seda. Para ello, ya China National Building Material, el mayor productor de cemento del país, ha anunciado que se construirán 100 fábricas de cemento en 50 países.

A la lista se suma Estados Unidos, India, Suiza, Vietnam, Turquía, Indonesia y Japón que han querido llevar a la civilización hasta lo más alto para satisfacer ideales estéticos o por supuestamente mantener segura a la población, empujando la huella humana a través de la tierra, convirtiendo los espacios naturales en peligrosos polígonos industriales y residenciales, asfixiando los hábitats y acabando con la biodiversidad.

Pero ellos no son los únicos, en general, el mundo entero está ocasionando un grave desequilibrio entre la masa antropogénica y la masa natural.

El mundo se ha vuelto gris

El cemento, principal componente del hormigón, se produce a gran escala y por ende, contamina a gran escala. La industria cementera genera cada año unos 4.000 millones de toneladas de cemento y con ello, contribuye al:

  • 9% de las extracciones de agua industrial, afectando regiones vulnerables a la sequía y el estrés hídrico,
  • 8% de las emisiones globales de CO2.

Esto nos dice que el cemento es capaz de tensar el suministro de agua para consumo humano y riego agrícola, y que además, contamina tanto o más que el tráfico aéreo y que los barcos mercantes. De hecho, se ha dicho que si la industria fuera un país, sería el tercero más contaminante del mundo.

Cada año se producen más de 4.000 millones de toneladas de cemento

Lo peor es que se espera que en los próximos 30 años, se fabrique alrededor de 5.000 toneladas anuales, por lo que el impacto promete ser aún mayor.

Al respecto, la ONU ha instado al sector de la construcción a reducir sus emisiones, al menos en 16% en los próximos años. De no hacerlo, hará peligrar los objetivos del Acuerdo de París, con los que se esperar mantener la temperatura global por debajo de los 2 grados centígrados.

Ante la exhortación de este organismo internacional, algunas empresas productoras de cemento han optado por la adquisición de hornos más eficientes, o por la sustitución de combustibles fósiles por biomasa, neumáticos usados, plástico y residuos domésticos. Sin embargo, lo hecho hasta ahora para enfrentar el desafío de la descarbonización no ha sido de gran ayuda, pues, la demanda y producción de cemento y hormigón es cada vez más grande.

Hay quienes aseguran que la solución para llegar a la neutralidad climática pasa por adoptar tecnologías para capturar y almacenar el CO2 producido por las plantas de cemento, pero ¿por qué no apostar más por la construcción sustentable?

Reducir el uso del hormigón y darle mayor cabida a la madera, el bambú, la paja o la tierra, materiales ecológicos que hoy resaltan en las construcciones bajo tierra y que podría sacarnos de este complejo escenario de destrucción.

El hormigón contamina, pero también destruye

Las canteras de piedra caliza y las fábricas de cemento son una fuente permanente de contaminación ambiental. Desde el mismo momento de la extracción de arena comienza el problema.

La producción de hormigón implica:

Mientras que la edificación de paredes y la sustitución de suelos de barros por suelos de cemento implica:

  • El encierro de los gases expulsados por los vehículos y los aparatos de aire acondicionado.
  • Dificultades en los sistemas de desagües y absorción de la lluvia. El excesivo hormigón en las calles urbanas y suburbanas puede amplificar el impacto de las inundaciones.
  • La sepultura de tierras fértiles.
Después del agua, el cemento es la sustancia más utilizada en la Tierra

El problema es que el sector de la construcción está dominado por un puñado de grande productores que no quieren cambiar un modelo de negocio que tantas ganancias les ha dado, sin importar si el hormigón destruye el planeta, o si el responsable es el acero o el hierro. Pero, definitivamente, si queremos salvar nuestra casa, debemos inclinar la balanza de la producción y el consumo en otra dirección, una que no congestione los ríos ni agote los recursos del planeta: la sostenibilidad.

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