CARGANDO

Tipo de búsqueda

Contaminación Medio ambiente

La Nueva Ruta de la Seda ¿nuevas oportunidades o más amenazas para el medioambiente?

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on linkedin
Share on reddit
Share on telegram

Conectar el país con Asia, Europa y el resto del mundo es una de las mayores ambiciones de China. Para lograrlo, se debe asumir un costo verdaderamente alto. El presidente Xi Jinping parece que no tiene problemas con eso. Desde su llegada al mando ha ordenado y movido cada pieza del tablero geopolítico y cada yuan de las arcas chinas en favor de ello, y por supuesto que ya está viendo los resultados. La Nueva Ruta de la Seda pasó de ser una promesa a un proyecto en permanente evolución. Su avance deja a la luz el poder y la influencia que tiene Beijing pero también enciende la voz de alerta en cuanto al futuro de los recursos naturales.

consecuencias de la Nueva Ruta de la Seda

Para nadie es un secreto que el gobierno chino tiene entre ceja y ceja posicionarse como la primera economía mundial. Todas sus acciones y decisiones lo dejan claro. No hace nada por esconder su intención de expandirse y dominar la balanza comercial. Idea estrategias fuertes y pone en marcha planes de gran impacto que generan efectos secundarios, muchas veces negativos. La economía, la política, y hasta el medio ambiente hoy son entes receptores de las consecuencias derivadas del afán por cumplir el sueño chino.

Por eso, cada vez que el gigante asiático presenta una nueva propuesta gana la atención inmediata del mundo entero. La iniciativa de poner en marcha la Nueva Ruta de la Seda no ha sido la excepción. Todo lo contrario. Todos los sectores de todos los países, desde América Latina a África, están pendientes del avance del proyecto y los beneficios, oportunidades y riesgos que les pueda representar tan ambicioso plan.

El resurgimiento de la Ruta de la Seda

La llamada Ruta de la Seda permitió durante 1.500 años el intercambio comercial, cultural y tecnológico entre China y el Mediterráneo. Era transitada al galope por comerciantes, religiosos y artistas, fugitivos, bandidos, refugiados, emigrantes y desplazados. Pero también, por alimentos, animales, especias, materiales, cerámica, artesanía, joyas y piedras preciosas. Se convirtió en una vía transcendental que configuró el mundo moderno.

En el 2013, el presidente Xi Jinping decidió darle un nuevo giro a la Ruta de la Seda. Él propuso repotenciar las rutas terrestres y marítimas para mejorar la interconexión de la región y asegurar el ascenso del país hacia el liderazgo global.

Para el 2016 ya más de una treintena de países había firmado acuerdos de cooperación e inversión para desarrollar la One Belt, One Road Initiative o BRI (Belt and Road Initiative), conocida también como la Nueva Ruta de la Seda. Hoy involucra a más de 70 naciones en Asia, África y Europa con la promesa de la exportación de bienes, sin necesidad de pasar por zonas de influencia americana, dar salida al exceso de producción interna y con ello beneficiar, en principio, a unos 4.000 millones de personas.

One Belt, One Road trabaja en el desarrollo de una ruta una terrestre, similar a la antigua Ruta de la Seda, desde China hacia Europa pasando por Asia Central y Oriente Medio; y una marítima, desde China hasta el Mediterráneo pasando por el sur de Asia y África Oriental.

La magnitud de este proyecto ha sido objeto de las más diversas críticas pues no solo supone una inversión mil millonaria sino que se muestra como la puerta de entrada a un camino escabroso y quizá sin retorno, con fuertes implicaciones políticas y un grave impacto ambiental en todas sus fases.

importancia de la nueva ruta de la seda
La Nueva Ruta de la Seda es una estrategia china de proyección comercial y política

El doble discurso chino

Ahora que hay mayor concienciación en materia medioambiental, una de las exigencias al plan chino es que tome en consideración la importancia de cuidar la biodiversidad mundial.

Atendiendo a ese llamado, el presidente chino, Xi Jinping, prometió trabajar en las modificaciones pertinentes para hacer que la Nueva Ruta de la Seda genere un “crecimiento sólido, sostenible, equilibrado e inclusivo para la economía mundial”. En su discurso ha agregado que las nuevas rutas comerciales estarán adheridas al “desarrollo verde”, que la construcción de infraestructuras, así como la inversión y la financiación serán “ecológicas”, “sostenibles”, “limpias” y “honestas”.

La oferta fue recibida con buenos ojos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero ¿es un planteamiento viable, creíble, posible? Los antecedentes nos dicen que no.

Desde ese momento en el que arrancó la nueva etapa de la Ruta de la Seda, también surgieron cientos de proyectos de ferrocarriles, oleoductos y gasoductos hacia Rusia, Kazajstán y Myanmar, centrales de carbón, parques industriales, puertos en los océanos del Pacífico e Índico, aeropuertos, carreteras y otras grandes infraestructuras innecesarias o infrautilizadas que demandan un uso extraordinario de energía y generan excesivas emisiones de carbono con el único objetivo de entrecruzar a más de 60 países aplicando los más bajos estándares ambientales, dentro y fuera de China, para mantener bajos costos y extraer grandiosos beneficios económicos para las élites políticas y el capital.

Datos de un informe de World Wildlife Fund (WWF) muestran que los corredores del desarrollo económico propuestos por la Nueva Ruta de la Seda se superponen con 1.739 áreas clave de biodiversidad, con 265 especies amenazadas, incluyendo 39 en peligro crítico.
contaminación en China
La actividad de las centrales de energía de carbón, la manufactura de cemento y el consumo de gasolina potencian la contaminación ambiental en China

De esta manera, el país y sus aliados se conducen a perpetuar el modelo económico intensivo, la dependencia de la industria y los combustibles fósiles, el despilfarro de los recursos naturales y la contaminación ambiental, asuntos en los que China tiene amplia experiencia, y sabe de primera mano que sus efectos son terribles para los ecosistemas y la población, más aún en los países en vías de desarrollo:

  • Introducción de especies invasoras
  • Restricciones al movimiento de los animales
  • Pérdida de hábitat
  • Aumento de la mortalidad de la vida silvestre
  • Altas emisiones de gases de efecto invernadero
  • Mayor generación de desechos químicos tóxicos
  • Menor calidad del aire
  • Aguas contaminadas
  • Suelos infértiles
  • Proliferación de enfermedades, virus y bacterias

A contravía, el país sigue incluyendo en el discurso, nacional e internacional, la apuesta por la energía verde, las finanzas ecológicas y el cumplimiento de lo pactado en el Acuerdo de París.

Qué son los impuestos verdes
Impuestos verdes: necesarios contra el cambio climático

Para saber más, haz click sobre la imagen

La Nueva Ruta de la Seda tiene todo para posicionar a China en el escalón más alto de la geopolítica, pero también para ser el motor de una terrible devastación ambiental, de la destrucción sostenida de los medios de vida y del patrimonio cultural. Si no se toma en serio la importancia de la conservación de los ecosistemas y la vida, y no se toman decisiones acertadas para ofrecer verdaderas “oportunidades de desarrollo y beneficio mutuo”, el crecimiento económico verde, el desarrollo sostenible y la reducción del hambre y la pobreza no serán más que vagas promesas, una vez más, incumplidas. Ojalá no sea así y en el curso de los días, China y los países que apoyan su Belt and Road venzan la desconfianza que hoy se posa sobre ellos y se conviertan en garantes de resultados positivos para, como dice el mandatario chino “proteger el hogar común en el que vivimos”.

Más Artículos Interesantes

Etiquetas: