CARGANDO

Tipo de búsqueda

Desarrollo sostenible Medio ambiente

El decrecimiento sostenible propone una fórmula para vivir mejor con menos

El crecimiento económico actual está ligado a modelos de producción y consumo que agotan los recursos del planeta Tierra. Esta situación ha llevado a muchos expertos a plantear posibles vías para prevenir las consecuencias medioambientales de un pensamiento liberal y capitalista que no tiene límites. El decrecimiento sostenible es una de ellas. Conoce aquí a qué refiere este concepto.

qué es el decrecimiento sostenible

En el contexto actual parece que los objetivos internacionales relacionados con la protección del medioambiente, en especial los que se centran en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, son inalcanzables. Por eso, están surgiendo enfoques alternativos para dar respuesta a una crisis que se avecina.

Por un lado está el concepto de desarrollo sostenible que pretende incentivar el crecimiento económico global abordando la problemática ambiental, la inclusión social y la buena gobernanza; por otro, está el decrecimiento sostenible que considera que el crecimiento económico, tal como está planteado ahora, incluso sobre las bases del desarrollo sostenible, acabará en un colapso social y ecológico.

¿Qué es el decrecimiento sostenible?

El decrecimiento sostenible o sustainable degrowth es una corriente de pensamiento político, económico y social que surge como alternativa al sistema depredador actual.

Es un concepto que plantea que solo es posible hablar de sostenibilidad económica si se trabaja en la preservación de los recursos naturales a partir de la disminución regular y controlada de la producción y del consumismo de bienes y energía a gran escala.

“El decrecimiento es una gestión individual y colectiva basada en la reducción del consumo total de materias primas, energías y espacios naturales gracias a una disminución de la avidez consumista, que nos hace querer comprar todo lo que vemos”

Vicente Honorant

Pilares de la teoría del decrecimiento sostenible

Según el economista francés, Serge Latouche, impulsor del concepto del decrecimiento, los valores sociales y ecológicos que sustentan esta corriente se resumen en 8R:

  1. Reevaluar el pensamiento individualista y consumista y trabajar valores humanistas.
  2. Reconceptualizar el estilo de vida. Encaminarlo hacia la suficiencia y la simplicidad voluntaria.
  3. Reestructurar, tanto los sistemas de producción como de consumo y las relaciones sociales a favor del respeto y la cooperación.
  4. Relocalizar para simplificar la gestión productiva y disminuir el impacto del transporte de mercancías.
  5. Redistribuir las riquezas y ofrecer un trato justo en las relaciones entre le Norte y el Sur.
  6. Reducir el consumo.
  7. Reutilizar los productos para poner freno a la obsolescencia programada que implica la demanda continua de nuevos bienes y estimula la producción.
  8. Reciclar para disminuir el despilfarro de recursos.

El decrecimiento se enfrenta a los poderes actuales

Este enfoque requiere fuertes cambios sociales, por eso se topa con mucha resistencia, sobre todo de los principales actores económicos.

El 20 por ciento de la población mundial acapara 85 por ciento de los recursos naturales del planeta

La teoría del decrecimiento sostenible señala al crecimiento económico exponencial como el responsable de la acumulación ilimitada de riquezas, la generación de profundas desigualdades sociales y la destrucción de la naturaleza.

Quienes defienden esta teoría critican que el sistema que hoy gobierna al mundo se fundamenta en la utilización irracional de la materia prima natural, el aumento de la producción industrial y de la actividad laboral, asuntos que van de la mano con la creación de necesidades externas y que conllevan al recorte de derechos sociales, económicos y ambientales.

Según Latouche, ese sistema intenta camuflarse ahora con el desarrollo sostenible, que en sus palabras “fue inventado por criminales de cuello blanco, entre ellos Stephan Schmidheiny, millonario suizo que fundó el Consejo Mundial para el Desarrollo Sostenible (World Business Council for Sustainable Development), el mayor lobby industrial de empresas contaminantes, y que fue acusado del homicidio de miles de obreros en una de sus fábricas de amianto. También su amigo Maurice Frederick Strong, un gran empresario del sector minero y petrolero que, paradójicamente, fue el secretario general de la Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Humano, donde se abrió la reflexión para que 20 años más tarde, en la Cumbre de la Tierra de Rio 92, se presentase oficialmente el término desarrollo sostenible.”

Partiendo de allí, los decrecentistas creen necesario que la humanidad salga del caparazón de la sociedad del descarte y se desintoxique.

“Para salvar el planeta y asegurar un futuro aceptable para nuestros hijos, no sólo tenemos que moderar la tendencia actual, pero tenemos que salir del desarrollo y del ‘economismo’.”

Serge Latouche

Es posible decrecer sin reducir la satisfacción

Abandonar esa ideología del crecimiento para alcanzar una huella ecológica sostenible supone no solo la reducción del consumo de energía, recursos naturales y uso de la tierra, sino también la disminución del PIB, algo que no le gusta ni a líderes gubernamentales ni a los ejecutivos del sector privado y que puede generar incertidumbre y desesperanza en la población si no se hace de la forma adecuada, pues puede traducirse en desempleo y mayor brecha entre ricos y pobres.

En este punto, los decrecentistas proponen cambios en las reglas del juego. Por ejemplo, ajustes en el reparto del trabajo, la reducción de la jornada laboral y la disminución del tamaño de las infraestructuras productivas, administrativas y de transporte para que las personas dispongan de más tiempo libre y lo puedan disfrutar lejos de actividades mercantilizadas que incentivan el consumo.

Por razones obvias, el sector empresarial pone trabas a su avance y sigue insistiendo en que el crecimiento económico es la única vía para mejorar la calidad de vida de la humanidad, para generar empleo y ofrecer educación y salud gratuita.

Un argumento que pierde credibilidad cuando vemos países desarrollados, como China, alardeando su creciente y robusto PIB, abriendo mercados y beneficiándose de la globalización, mientras muchas de las necesidades básicas de la población no están satisfechas: respira aire contaminado, no tiene acceso a agua potable, apenas come, no dispone de asistencia médica gratuita, el paro y el desempleo son el pan de cada día, vive zonas insalubres. En fin, mientras a poderosos se benefician de los datos macroeconómicos, a la gran mayoría de la población mundial no le toca ni una minúscula parte del pastel del “maravilloso crecimiento económico”.

el decrecimiento sostenible requiere menor consumo y más consciencia ambiental
El éxito del decrecimiento sostenible se basa en el menor consumo de energía y materia prima y mayor consciencia social y ambiental.

En 1972, el Club de Roma afirmaba que el crecimiento económico continuo no era factible en un planeta limitado. Aunque han pasado muchos años desde aquel pronunciamiento, por estos días cobra mayor fuerza ese enunciado, pues la humanidad está utilizando y consumiendo recursos a un ritmo más rápido que el de la regeneración de ellos. Con ese frenético despilfarro lo que se ha logrado es un déficit ecológico cada vez más evidente: deforestación, sequías, pérdida de biodiversidad, contaminación de los océanos y… cambio climático. La lógica parece ser la de destruir todo, hasta el sentido de la vida.

Ahora que llegó el covid-19, la cuarentena ha mostrado aún más la realidad que hay detrás del PIB. Parece un buen momento para cuestionar si el crecimiento económico constante es realmente la cura de todos los males o si más bien otras alternativas, como el decrecimiento sostenible, que proponen cambiar el imaginario económico cimentado en conceptos de producción, publicidad, deuda y obsolescencia, son las que realmente nos permitirán vivir en un mundo más justo, social y ambientalmente.

Etiquetas: