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Necesitamos integrar el capital natural en el modelo productivo

Tenemos un stock mundial de activos naturales que hacen posible la vida en la Tierra. Ellos nos proveen de numerosos beneficios ambientales, económicos y sociales. ¿Sabes cuáles son esos activos que representan el capital natural y por qué es necesario incorporarlos en la planificación del desarrollo de las empresas y los gobiernos?

importancia del capital natural

La situación límite a la que nos está llevando el calentamiento global nos exige involucrar al poder económico en la lucha contra sus efectos y hacerle tomar consciencia del aporte que presta la naturaleza al desarrollo económico mundial. De ahí que por estos días sea más frecuente escuchar el término “capital natural” en las agendas medioambientales.

Comencemos por definirlo.

¿Qué es el capital natural?

La acuñación del término se le atribuye al economista alemán Ernst F. Schumacher quien lo utilizó por primera vez en el año 1973, en su libro “Lo pequeño es hermoso”. Desde entonces, ha servido a los seguidores de la economía ecológica para criticar las deficiencias de la economía convencional y para llamar a líderes políticos y empresariales a invertir en la protección de la naturaleza.

De acuerdo con Natural Capital Coalition, el capital natural es “el inventario de recursos naturales renovables y no renovables, que al ser combinados, brindan beneficios a las personas.”

Si escudriñamos un poco en tal definición podemos notar que se trata de una extensión de la noción económica de capital, que se refiere a la producción de bienes y servicios generadores de riqueza. En este caso, tales bienes y servicios son naturales y proporcionan todo lo necesario para mantener la Tierra habitable y que la vida en ella sea satisfactoria.

Los primeros son los recursos que el humano usa y consume, como las plantas y los minerales. Muchos de ellos están siendo explotados a un ritmo insostenible, a una velocidad mayor a la de su regeneración, haciéndolos cada vez más finitos.

Los segundos, son esos beneficios que nos provee la naturaleza para generar bienestar. Son los llamados servicios ecosistémicos, como el secuestro de carbono, la producción de oxígeno, el suministro de agua, la regulación del clima, o el control de la erosión y la sedimentación.

Tipos de capital natural. Ejemplos

El capital natural puede ser:

  • Renovable: conformado por los ecosistemas y seres vivos que habitan en ellos.
  • No renovable: aquel cuyo uso supone el agotamiento de sus reservas, como por ejemplo, los minerales y los combustibles fósiles (petróleo, carbón, entre otros).
  • Recuperable: la capa de ozono, los acuíferos y los suelos fértiles.
  • Cultivado: a este grupo pertenecen aquellas áreas destinadas a la producción.

Importancia del capital natural

El capital natural, como hemos dicho, está conformado por un conjunto de bienes y servicios imprescindibles para la vida de los seres vivos y el progreso económico, social y cultural del ser humano. De ellos depende toda la actividad económica mundial y pese a ello, el sistema sigue empeñado en menospreciar su valor.

el capital natural está conformado por bienes naturales que producen servicios medioambientales
El capital natural está conformado por bienes naturales que producen los servicios medioambientales que sostienen la actividad económica de la población.

El tejido político y empresarial, apegado al discurso del crecimiento del PIB y sus flujos de caja, poco se interesa en reconocer que es el capital natural el que da sustento al resto de los tipos de capital (financiero, humano, social, etc.) y eso da lugar a la degradación cada vez más agresiva de los recursos, la pérdida de la biodiversidad y la crisis climática, cuestiones que aunque lo nieguen o no quieran ver, afectan la rentabilidad de sus negocios en el futuro.

Pero a esa minoría lo que verdaderamente le importa es la ganancia que obtienen hoy, pues al final de cuentas, si mañana el negocio maderero quiebra, se anotan en el del aceite de palma, y si este fracasa, se apuntan en el de la extracción de arena. Así se comportan, claro está, amparándose en normas regulatorias cuyos vacíos legales dejan mucho qué desear.

Un caso bastante representativo es el del agua. Este recurso, visto por años como un bien abundante y gratuito, se despilfarra de tal manera que en épocas de sequías, ciertas actividades productivas deben buscar otras formas de abastecerse. Muchas veces se recurre a la extracción de agua de otras fuentes, lo que afecta la disponibilidad del vital líquido para el uso y consumo de humano y amenaza la existencia de toda cuanta especie depende de él.

Ese preocupante escenario nos llama a la acción. Conocer y reconocer cuánto dependemos, nosotros (como consumidores) y las empresas, del capital natural es esencial para ampliar nuestra visión de las implicaciones que tienen las operaciones financieras sobre los servicios ecosistémicos, así como también para impulsar la transición hacia una economía descarbonizada y formular estrategias corporativas de sostenibilidad.

Un informe de la ONU elaborado por el economista Pavan Sukhdev estimó que para el 2008 se perdían hasta cuatro billones de dólares en capital natural cada año, como consecuencia de la deforestación, la contaminación de los océanos y otras actividades perjudiciales.

La contabilidad del capital natural

La contabilidad del capital natural, el cálculo del stock de recursos renovables y no renovables, seres vivos y no vivos que hay en un ecosistema o región determinada, debe ser incluida en la toma de decisiones gubernamentales, corporativas y comunitarias. Solo así es posible lograr el uso y consumo sostenible del capital natural.

En sintonía con ello, en el 2016 se creó el Protocolo de Capital Natural, una herramienta que facilita la documentación de esas posesiones de biodiversidad y servicios ecosistémicos que son clave para los procesos productivos y sobre los cuales tales actividades generan un impacto significativo. Otras iniciativas, como The Economy of Ecosystems and Biodiversity (TEEB) o InVEST, pemiten transformar los servicios que las especies y los ecosistemas proporcionan en unidades monetarias y trasladar la contabilidad del capital natural a los tomadores de decisiones.

De esta manera las corporaciones, públicas y privadas, pueden tener una idea más real de cómo afecta la escasez de un recurso clave, bien sea por razones climáticas o por la explotación agresiva, a la operatividad de las empresas, y definir, por ejemplo, dónde es prioridad invertir en la restauración ecológica. El propósito de estos mecanismos es que las corporaciones y los gobiernos asuman la debida responsabilidad con la gestión y conservación de los bienes comunes, para cuidar la riqueza natural y asegurar la sostenibilidad de su propia actividad económica a largo plazo reforzando la competitividad y la productividad.

El concepto de capital natural “cambia el pensamiento sobre la conservación de algo que está fuera de nuestra economía a algo que es el núcleo de nuestra economía”.

Heather Tallis, Nature Conservancy

Sin embargo, nada de esto es suficiente para las empresas si no hay incentivos económicos. Las políticas públicas de desarrollo deben fomentar prácticas de uso sostenible y para ello pueden estipular la eliminación de aranceles de importación a tecnologías limpias, créditos a las pequeñas y medianas empresas para su reconversión productiva y el pago de impuestos por las actividades contaminantes.

Lo que dicen los detractores de este concepto

Hay desde economistas hasta científicos y ecologistas que defienden que la naturaleza no tiene precio. Los grandes críticos consideran que ponerle precio a una especie o un ecosistema termina restándole su valor intrínseco y poniendo en peligro aquellas partes que supongan menor riesgo para el desarrollo de las personas y la economía.

El escritor y ambientalista británico George Monbiot, por su parte, sostiene que monetizar el valor de la naturaleza “no es para proteger el mundo natural de las depredaciones de la economía. Es aprovechar el mundo natural para el crecimiento económico que lo ha estado destruyendo. Todas lo que ha sido tan dañino para el planeta vivo se nos ofrece ahora como su salvación; mercantilización, crecimiento económico, financiarización. Ahora, se nos dice, estos procesos devastadores lo protegerán.”

Su argumento ha servido para que expertos en la contabilidad del capital natural incorporen en sus cálculos métricas más sensibles como el número de vidas salvadas por la descontaminación del agua o las proyecciones de rendimiento de los cultivos basados en el cambio climático.

cómo preservar el capital natural
Proteger la biodiversidad es clave para el desarrollo socio-económico global.

Sea que apoyes o no el argumento de Monbiot, está claro que el crecimiento económico verde y sostenible solo es posible basado en la conservación de los recursos naturales. En tal sentido, proteger los ecosistemas, conservar la biodiversidad, gestionar adecuadamente las fuentes y reservas de agua, fomentar el turismo sostenible, apostar por las energías renovables y por modelos de producción y consumo sostenibles son tan solo algunas de las acciones que podemos emprender individual y colectivamente para preservar el capital natural.

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