CARGANDO

Tipo de búsqueda

Desarrollo sostenible Medio ambiente

Deuda ecológica y deuda externa: Caras de una misma moneda

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on linkedin
Share on reddit
Share on telegram

Hoy día, la deuda externa es el estribillo predilecto de líderes políticos que compiten por asustar a los pueblos con la idea de que la economía va a colapsar. La venden como un mal necesario, como “una medicina amarga”, cuando en realidad es un tratamiento que pretende curar la enfermedad matando al paciente. La deuda externa es un detonante de la deuda ecológica, que se traduce en contaminación, violencia y desigualdad.

deuda externa vs deuda ecológica

“Las guerras futuras serán por los recursos”. Esta es una frase compartida por millones de personas en el mundo y que constituye una realidad cada vez más palpable pese al rechazo de unos cuantos gobiernos y grupos poderosos. Las tenazas de las grandes corporaciones se han posado sobre las reservas de agua, vastas extensiones de tierra y, sobre todo, en numerosas y costosas investigaciones dirigidas a la producción acelerada de alimentos, con el pretexto de cubrir la demanda de la población mundial que, según estimaciones, podría ascender a 9 billones en 2050. Bajo esa excusa, unos países piden dinero y otros lo “prestan”, y vaya a qué precio.

Las deudas son odiosas, crueles y salvajes

La deuda, más que un mecanismo de transferencia de renta de abajo hacia arriba, se ha perfilado como un instrumento realmente poderoso para condicionar e imponer a los países políticas económicas orientadas a la extracción y apropiación de riqueza, someterlos a más y más deuda, a la pobreza y a la precarización. Es el resultado de la reproducción de relaciones asimétricas. América Latina tiene una amplia experiencia en la materia.

Los préstamos acordados por organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), lejos de favorecer el desarrollo industrial de los países endeudados (generalmente los del Sur), son proyectos que los integra en el mercado mundial para servir a los intereses de las multinacionales y la banca. 

Sus recetados programas de ajuste estructural están dirigidos, según sus discursos oficiales, a restablecer el equilibrio financiero de los países que están en dificultades, pero realmente se trata de ajustes que buscan, ante todo, favorecer a los mercados financieros. Para conseguirlo, tanto el Banco Mundial como el FMI, la Organización Mundial del Comercio (OMC), El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y todo lo que se le parezca imponen la apertura de la economía a fin de atraer capitales. No obstante, el escenario devenido es uno plagado de consecuencias negativas para la población y las economías. 

Por eso y más, desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), se dice que “la deuda es un elemento consustancial al funcionamiento de la economía capitalista, es un mecanismo por el cual todos los estados, desarrollados o no, pierden soberanía frente al sector financiero.”

Así se configura una deuda externa que lleva consigo una aterradora deuda ecológica. Esta peligrosa dupla es capaz de agotar el patrimonio natural en términos humanos y ecológicos para el futuro, a una velocidad vertiginosa y salvaje.

deuda ecológica definición
La deuda ecológica

Para conocerlo, haz click sobre la imagen

El precio a pagar es demasiado alto

Basta con mirar cómo la deuda externa ha puesto a los campesinos en una encrucijada por la compra de todos los productos agrícolas por parte de las multinacionales. Investigaciones de Vandana Shiva, activista y filósofa de origen indio, dan cuenta de que los campesinos de su país para solventar las deudas que imponen estos grupos poderosos, han tenido que vender sus riñones, o incluso se han suicidado. Ella se refiere a esto como la economía de la muerte, un sistema en el que, a causa de las relaciones de monopolio de la tierra y los acuerdos logrados con políticos corruptos, millones de campesinos han perdido sus tierras y otros tantos se han visto inmersos en una lógica depredadora, esa que todo lo consume y todo lo convierte en negocio, incluso lo más vital de la vida: el agua, el suelo y los alimentos.

También hay que pensar en la superproducción a la que los países subdesarrollados se ven obligados para satisfacer la pujante demanda externa de materias primas. Esto conduce directamente a la pérdida total o parcial de los bosques para el sembradío de monocultivos, lo que significa también la pérdida de grandes e importantes sumideros de carbono; consumo excesivo de combustible, contaminación de los cursos de agua, pérdida de especies animales. Además, supone bajos costes laborales, desplazamientos del mercado interno de los países subdesarrollados, afectación de las ventas de las pequeñas y medianas empresas nacionales, favorecen el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo. Y tantos otros daños sociales y ambientales.

Ni qué decir de la cantidad de personas que han sido amenazadas, agredidas e incluso, asesinadas para despojarles de tierras o pozos, o para callar sus reclamos exigiendo respeto a sus derechos, espacios y recursos.

deuda con la humanidad
La deuda externa amenaza con agotar los recursos del futuro

El asunto es que los países del Sur, para cumplir con esas obligaciones financieras adquiridas con el Norte, depredan cada vez su territorio, y lo grave es que los recursos naturales que ponen en juego no crecen al mismo ritmo que los intereses de la deuda contraída, o peor aun, no crecen de nuevo.

En fin, se ha desencadenado una incompatible relación entre el ritmo actual de la economía y el ritmo biológico y geológico de la Tierra.

ejemplos de deuda ecologica
El Norte en deuda con el Sur

Para conocerlo, haz click sobre la imagen

Por eso podemos decir entonces que el modelo económico actual está basado en una lógica de crecimiento (sí, es verdad) pero de un crecimiento empobrecedor, que se encarga de trabajar en función de los beneficios de las trasnacionales, de los ricos, de los poderosos, y que no logra, convenientemente, modificar el orden desigual heredado, ni resolver la gran deuda ecológica ni social que aún tienen las empresas y gobiernos con la humanidad y el planeta.

Más Artículos Interesantes

Etiquetas: