Ese material que supuestamente actúa como una piel dura y aislante para protegernos de la lluvia, el frío, los vientos y el caos, en realidad es un enemigo silencioso del medioambiente.
El robo y comercialización de la arena tiene serios efectos ecológicos, económicos y sociales. Son poco conocidos, pero tan o más graves que los de la deforestación o el tráfico de fauna.