Es un problema aún sin resolver, un tanto olvidado y menospreciado, como tantos otros ecocidios provocados por el glisfosato y demás químicos, igual de peligrosos, que se arrojan día a día al ambiente.
La construcción de las islas artificiales de China ha matado básicamente todo lo que vive alrededor de los arrecifes de coral dejando pocas opciones para la restauración y el surgimiento de nuevas vidas.
Drones marinos se disponen a medir la salud del océano en busca de soluciones a los daños causados por el cambio climático.