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Hallan una cantidad “abrumadora” de residuos tóxicos en la costa de California

Entre cielo y tierra no hay nada oculto. La verdad siempre sale a la luz. Ningún daño medioambiental, por más que intente ocultarse, permanece en secreto porque, lamentablemente, aun y cuando no se puede ver a simple vista, el impacto siempre es notorio. Uno de esas verdades hasta ahora mejor enterradas era el vertido de residuos tóxicos en la costa de California. Después de 70 años de destrucción ambiental y estudios científicos infructuosos,  ha quedado al descubierto y, por supuesto, hay preocupación por la salud del océano y sus consecuencias a mediano y largo plazo.

Hallan residuos tóxicos en la costa de California

En el año 2011, el científico de la Universidad de Santa Bárbara, David Valentine reveló un secreto que estuvo por años guardado en las profundidades del océano y en investigaciones de hace más de 30 años que no salieron a la luz.  El rumor de que en el fondo del océano, frente a la costa de Los Ángeles, había decenas de barriles de un peligroso tóxico, era cierto. Se trataba de dicloro difenil tricloroetano (DDT), un compuesto orgánico persistente (COP) que puede ser trasladados por el agua y el aire a grandes distancias.

Sorprendido con tal avistamiento, en 2013 decidió regresar al lugar, pero esta vez con un robot subacuático que le ayudara a abrirse camino a 3.000 pies hasta el fondo, entre Long Beach y Catalina Island, para recopilar datos e imágenes más precisas.

Fue así cómo logró contabilizar 60 barriles en el lecho marino, algunos de ellos con fugas que amenazaban con derramar el contenido total en cualquier momento. También pudo recolectar muestras que arrojaron información realmente preocupante. La contaminación en el fondo marino era 40 veces más alta que la registrada en el lugar catalogado por el programa Superfund, como el más contaminado con desperdicios peligrosos. Según sus investigaciones, estos barriles fueron vertidos al océano hace poco más de 70 años. Sin embargo, no fue sino hasta el año pasado cuando por medio de una publicación realizada en el diario Los Angeles Times se reveló este hallazgo.

A partir de ahí, se sumó a la investigación el Instituto Scripps de Oceanografía, de la Universidad de California en San Diego. Tras la evaluación de 145 kilómetros cuadrados de fondos marinos, se identificaron más de 27.000 barriles y más de 100.000 escombros y residuos de diversos tamaños.

“Si bien nuestros sonares de mapeo no pueden medir el contenido de los barriles, las ubicaciones objetivo son consistentes con el vertedero identificado previamente (en el que se comprobó la existencia de residuos de DDT) y se extienden mucho más allá de lo que esperábamos”.

Eric Terrill, científico jefe de la expedición y director del Laboratorio de Física Marina de la Institución Scripps de Oceanografía.

¿Cómo llegaron esos barriles a la costa de California?

Entre los años 1940 y 1960, el mayor fabricante de DDT de Estados Unidos, Montrose Chemical Corp, operó en el sur de California.

Se dedicó a la producción de DDT, un poderoso insecticida, para abastecer la demanda internacional del sector agrícola, que clamaba a gritos la prevención de las malas cosechas y una mayor prosperidad. Defendió el DDT como un químico esencial en el desarrollo de la sociedad y negó que constituyera una amenaza para la salud humana y animal.

Ante ello, por supuesto, llegaron los señalamientos de los ambientalistas. Pero, eso no impidió la rápida expansión del negocio, la cual le llevó a buscar formas violentas, discretas y baratas de eliminar los desechos.

Para deshacerse de los residuos tóxicos, la compañía química empleó tuberías de alcantarillado que desembocaban en la costa de Palos Verdes. Por años, esto pasó desapercibido o, al menos, no atrajo la atención suficiente, lo que propició el escenario para la terrible destrucción que hoy se conoce.

Después de la Segunda Guerra Mundial, miles de barriles de lodo ácido y DDT fueron enviados a 10 o 15 millas de la costa cerca de Catalina y arrojados a las profundidades del océano.

Así sucedió por largo tiempo, hasta que en 1980, Allan Chartrand, científico de la Junta Regional de Control de Calidad del Agua de California en Los Ángeles, movido por las acusaciones de mala gestión de aguas residuales contra la empresa, decidió hurgar en los archivos de Montrose.

Según la publicación de Los Angeles Times, es posible que los hombres que se hicieron cargo del vertido de estos barriles, al ver que algunos flotaban, los perforaran para que volvieran a hundirse por sí solos. El artículo agrega que de acuerdo con la investigación minuciosa emprendida por Chartrand, podrían haberse lanzado al océano alrededor de 767 toneladas de DDT, en más de 2.000 barriles, entre 1947 y 1961.

Por supuesto, Montrose, cuestionó los datos de Chartrand y dijo que no había nada oculto, ni ilegal, ni peligroso en el vertido de sus residuos. Pese a ello, se le siguió inculpando por los posibles daños ambientales y en el año 2000 llegó a un acuerdo con otras empresas que operaban parte de su planta y los gobiernos locales. Entre todos pagarían más de 140 millones de dólares en limpieza, restauración del hábitat y educación sobre los riesgos asociados al consumo de alimentos contaminados por químicos. En agosto de 2020, Montrose llegó a otro acuerdo resolutorio por la suma de 56,6 millones de dólares por el impacto de la contaminación en aguas subterráneas.

Impacto del vertido de residuos tóxicos en la costa de California

La llegada de DDT al fondo del lecho marino es causante de graves desajustes ecológicos. Esta sustancia, usada comúnmente para el tratamiento de plagas y malezas en la agricultura, alguna vez fue considerada como “la mayor contribución de la guerra a la salud futura del mundo”.

Durante la Segunda Guerra Mundial este pesticida fue empleado para proteger a las tropas de la malaria y el tifus, enfermedades transmitidas por mosquitos. Pero, al cabo del tiempo se demostró que esta sustancia, capaz de perdurar en el tiempo, tiene efectos secundarios no deseados en la salud de las personas, los animales y los ecosistemas.

El dicloro difenil tricloroetano no es biodegradable, es indisoluble, prácticamente indestructible. Viaja largas distancias en la atmósfera superior. Es tóxica a bajas concentraciones, y fácilmente acumulable en los tejidos y grasas de los seres vivos.

El DDT se inventó en 1939
El DDT químico se inventó en 1939 y en la década de 1960, se descubrió que el DDT era tóxico.

Gracias a esa capacidad de bioacumulación, es posible que se vaya almacenando en toda la cadena alimenticia, desde el fitoplancton, hasta pequeños peces, mamíferos marinos, y el cuerpo humano. En cada uno de ellos, el DDT es potencialmente peligroso. Está asociado con alteraciones en el sistema nervioso, endocrino e inmunológico, anomalías en el desarrollo físico e incluso, con varios tipos de cáncer (mama, cerebro linfoma).

» En los humanos

Hay estudios que aseguran que la exposición al DDT, al igual que a otras dioxinas, puede impactar negativamente en el desarrollo del feto y provocar enfermedades en los riñones, testículos y ovarios; y que estas pueden ser transmitidas generacionalmente.

Además, una reciente publicación en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention, confirmó que las nietas de las mujeres que estuvieron expuestas al DDT durante su embarazo tienen mayores tasas de obesidad y sus períodos menstruales aparecen antes de las 11 años. Según se indica en el estudio, ambos escenarios aumentan las probabilidad de padecer cáncer de mama, hipertensión arterial y diabetes.

» En los animales

Una investigación realizada por el Centro de Mamíferos Marinos de Sausalito, reveló que tanto el DDT como los bifenilos policlorados (PCB), prohibidos paulatinamente por su potencial contaminante en suelos, aguas y animales, pueden causar cáncer en los lobos marinos.

Este estudio demostró que en los últimos 30 años, 25% de los lobos marinos adultos tenían elevados niveles de DDT y PCBs en la grasa que recubría su piel y padecían de cáncer.

Según Lihini Aluwihare, oceanógrafa química de Scripps y profesora de Geociencias, si bien “la carga corporal excepcionalmente alta de DDT en los principales depredadores que se alimentan en las aguas del sur de California se conoce desde hace algún tiempo”, lo revelado sobre “la extensión del vertedero ayuda a explicar algunas de estas observaciones previas”.

Por otra parte, hay datos que indican que una cantidad importante de aves, entre ellas  halcones y águilas calvas, y de delfines ha mostrado signos atroces de envenenamiento. Esto mantiene desconcertados a los científicos.

Su menor reproducción y desaparición repentina de los cielos y del océano alerta de forma silenciosa sobre los peligros de una exposición prolongada a sustancias químicas con las que el hombre les ha obligado a interactuar.

» En el medioambiente

Su facilidad para dispersarse rápidamente a través del agua, el viento y las corrientes marinas hace que el problema de la contaminación marina se extienda por cientos de kilómetros alrededor del mundo.

Estados Unidos prohibió el uso de DDT en 1972
En 1972, entró en vigor la Ley de Vertidos Oceánicos. Ese mismo año, Estados Unidos prohibió el uso de DDT.

El vertido de residuos tóxicos en la costa de California sucedió hace casi cien años, pero sus efectos vienen desarrollándose desde entonces y prometen agravarse. Es un problema aún sin resolver, un tanto olvidado y menospreciado, como tantos otros ecocidios provocados por el glisfosato y demás químicos, igual de peligrosos, que se arrojan día a día al ambiente. Es un problema que debe ser atendido con urgencia y con responsabilidad.

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