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La contaminación no cesa durante la pandemia

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La llegada del covid-19 generó todo tipo de cambios. Ya nada es igual. Cambiaron nuestros cuidados, precauciones y necesidades, y por ende, los hábitos de consumo. Y vaya a qué costo. Los niveles de contaminación durante la pandemia siguen creciendo sin parar y no se puede decir que no nos pasarán factura.

crece contaminación durante la pandemia

Por suerte, llegará el momento en el que la pandemia del coronavirus quede como un recuerdo, ojalá que como una lección, pero muchas de las cosas que se originaron durante su permanencia, seguirán entre nosotros por años e incluso, siglos enteros, y sus efectos no pasarán desapercibidos.

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Daños colaterales de la pandemia

Justo antes de que empezara la pandemia, muchos países habían dado luz verde a la prohibición de los plásticos de un solo uso. Parecía un gran paso. Habría menos bolsas plásticas en supermercados, menos cubiertos, palillos y bastoncillos, pero, como dicen por ahí, “de lo bueno, poco”. Llegó la pandemia y atrás quedó la ansiada medida.

La necesidad de cumplir con el #quédateencasa y con las medidas mínimas de bioseguridad para evitar el contagio del covid-19 ha obligado a mucha gente a adquirir más y más plástico que se desecha casi al instante por temor a que sea portador y transmisor del coronavirus.

Miles de comidas “para llevar” se entregan en envases y contenedores elaborados con este material, derivado del petróleo, que es altamente perjudicial para nuestro planeta. La mayoría de los equipos de protección sanitaria (guantes, mascarillas, escudos protectores, gorros, gafas, batas) y de asistencia médica (respiradores, ventiladores, jeringas de policarbonato, tubos médicos de PVC, bolsas de sangre, etc.) también son elaborados con él. Todos estos productos están diseñados para fomentar la cultura del “usar y tirar” y así sumar las cuentas bancarias de los fabricantes de plástico, y por supuesto de las empresas envasadoras y asociadas, llámense restaurantes, cafeterías, panaderías, supermercados, tiendas electrónicas, etc.

Según un estudio publicado en Ciencia Ambiental y Tecnología, 129 mil millones de mascarillas de un solo uso y 65 mil millones de guantes desechables se usan cada mes en el mundo.
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Pero el problema no es solo la exponencial generación de estos desechos. La mala gestión de residuos plásticos es peligrosísima. NO es una exageración.

cómo gestionar los residuos en tiempos de coronavirus
¿Cómo gestionar los residuos en tiempos de coronavirus?

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Toda esa basura plástica, de dificilísima degradación, que está en casas, hospitales, clínicas, y negocios, por lo general, termina en vertederos e incineradores, o en la calle, luego en las alcantarillas y finalmente, en los mares.

A donde sea que llegue, el plástico, en cualquiera de sus presentaciones, incluso como micropartículas, representa un riesgo ambiental para los ecosistemas terrestres y acuáticos, y esto a su vez, aunque muchos no lo quieran reconocer impacta en la economía mundial.

El Programa de la ONU para el Medio Ambiente advierte que el 75% de los plásticos generados en la pandemia terminará en el océano y calcula que los efectos negativos indirectos de los desechos de plástico para la pesca, el turismo y el transporte marítimo, suman unos 40.000 millones de dólares en pérdidas cada año.

Por motivos de higiene, como principal arma para evitar el contagio del coronavirus, se ha recomendado a la población mundial el uso de productos antisépticos, bien sea para el necesario lavado de manos o para la limpieza del hogar y superficies en las que se pueda alojar el virus.

He aquí otra de las causas por las que la contaminación durante la pandemia pica y se extiende.

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Impacto de las dioxinas en el ambiente

Los geles antibacteriales, las toallitas húmedas, los desinfectantes y los biocidas contienen sustancias químicas tóxicas que son potencialmente peligrosas para el medioambiente y la salud.

En muchos de los productos de desinfección domiciliaria y hospitalaria está presente el cloro y el amonio cuaternario, y en los de higiene personal, están sustancias como el triclosán, triclocarbán y copolímeros de acrilato. En bajas concentraciones, estos químicos no representan riesgos, pero la cosa cambia cuando son utilizados por millones de personas en el mundo y con una frecuencia nunca antes registrada.

Tales sustancias, una vez que están en contacto con el agua y la luz solar, se transforman en dioxinas que, inevitablemente, son transportadas por el agua y el aire a grandes distancias. Por tanto, pueden entrar a las fuentes de agua superficial, canales de regadíos o humedales, afectar el tratamiento de aguas servidas, provocar resistencia a los antimicrobianos y acumularse en los tejidos de los organismos vivos, incluyendo el hombre, a quien le puede causar problemas en la piel, desórdenes inmunológicos y trastornos hormonales y de reproducción.

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El uso de productos desinfectantes, sobre todo en lugares al aire libre (como calles, parques, plazas y playas), lejos de ser una medida útil, reviste riesgos para los ecosistemas y la vida. Por ello, la Organización Mundial de la Salud ha insistido en que “las calles y aceras no se consideran reservorios de infección para el COVID-19. Así que el llamado es a utilizarlos con prudencia, precaución y sentido común”.

“Todo lo que apliquemos en las superficies va a llegar a los cuerpos de agua, porque el agua los transporta. La contaminación química se mueve en conjunto con el ciclo del agua, llueve, cae de nuevo, se arrastra por la lluvia, etc. Y eso es para todo, desde el aceite que cae de nuestros coches, o el hollín del smog que se deposita en los techos. Por eso hay que ser más cuidadosos y aplicar el principio precautorio”.

Ignacio Rodríguez. Ecotoxicólogo. Presidente de la Sociedad de Toxicología Ambiental y Química (SETAC) en Latinoamérica.

Las actividades de atención sanitaria son generadoras de una gran cantidad de desechos infecciosos (contaminados con muestras de sangre u otros fluidos corporales), punzocortantes (jeringas, agujas, bisturíes), químicos (disolventes y metales pesados como plomo, mercurio y cadmio), radioactivos (material radiactivo de diagnóstico, como las pruebas de “reacción en cadena de la polimerasaPCR, por sus siglas en inglés- o de radioterapia) y farmacéuticos (vacunas y medicamentos), que si se gestionan incorrectamente pueden entrañar riesgos, tanto para el medioambiente como para la salud.

residuos sanitarios tóxicos del covid19

Si los residuos hospitalarios se someten a incineración, el efecto inmediato es la dispersión en el medioambiente de patógenos y contaminantes tóxicos que liberan dioxinas y furanos, sustancias que contaminan el aire, el suelo, la vegetación, los ríos, lagos y el mar, y contaminan a los animales.

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Los desechos peligrosos procedentes de los centros de salud pueden infectar a otras personas, provocar quemaduras por radiación, heridas, lesiones e intoxicaciones.

Además, la contaminación del aire que generan, eleva los riesgos de mortalidad por enfermedades respiratorias, y en estos momentos, por covid-19. Un trabajo de la Universidad de Harvard asegura quela larga exposición a las PM 2,5 perjudica a los sistemas respiratorio y cardiovascular y aumenta el riesgo de mortalidad, también está afectando negativamente a la gravedad de los síntomas de infección por COVID-19 y empeorando el pronóstico de los pacientes con esta enfermedad”.

La contaminación del aire es responsable de más de 7 millones de muertes al año en todo el mundo.

Por eso es importante concienciar a la población en general de los peligros ligados a los desechos sanitarios, y por supuesto, dotar al personal asistencial de métodos de gestión, manipulación y evacuación de residuos que sean seguros, fiables y ecológicamente inocuos.

El confinamiento ha impulsado el consumo de energía eléctrica en el sector residencial y doméstico. Las personas pasan más tiempo en casa y eso se ha traducido en televisores y aires acondicionados encendidos gran parte del día, teléfonos y laptops conectados al enchufe por largas horas, y varios aparatos electrodomésticos trabajando en simultáneo.

Como consecuencia, no solo se han elevado las facturas del servicio, sino que se ha contribuido a fomentar el calentamiento global.

ahorro energetico en cuarentena
Consejos para ahorrar energía durante la cuarentena

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¿Y ahora qué hacemos?

Pues, lo que hemos debido hacer siempre:

  • Revisar nuestra relación con la naturaleza.
  • Entender que ella tiene una conexión directa, estrecha y compleja con la salud, lo económico, lo político y lo social.
  • Actuar con consciencia ecológica.
  • Ser consumidores éticos y responsables.

En vez de solicitar tantos “deliveries”, cocinemos en casa. Disminuyamos el uso de toallas desechables para limpiar los productos. Usemos mascarillas y guantes de tela (eso sí, que sea tela capaz de filtrar las gotículas), estas se pueden lavar y sean reutilizables. Dejemos las de “usar y tirar”, como las N95, solo para el personal sanitario, que evidentemente sí debe deshacerse de todos los implementos de protección en los que se puede alojar el virus.

Debemos unir esfuerzos en la reducción de la huella de carbono. Ahora más que nunca.

“La nueva normalidad, de la que tanto se habla, tiene que estar construida sobre la sustentabilidad, el cuidado del ambiente, la sostenibilidad social, económica y ambiental, si no, estaríamos hablando de un regreso a la anterior normalidad”.

Julián D’Angelo - Especialista en Responsabilidad Social Empresarial
no más contaminación
Nuestra propia supevivencia depende de un planeta sano
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A pocos meses de la aparición del covid-19, unas de las noticias más llamativas fueron la disminución de los niveles de CO2 a nivel mundial y el avistamiento de animales en ecosistemas que se habían perdido por la presencia del hombre. Pero estas se vieron ensombrecidas en poco tiempo, pues la contaminación durante la pandemia comenzó a hacerse cada vez más notoria. Esto dejó en franca evidencia que el ser humano está negado a entender que su comodidad y “protección” no puede estar por encima del cuidado del medioambiente. ¿De qué vale usar miles de mascarillas y guantes de látex para cuidarse a sí mismo si no se hace nada por proteger el planeta? ¿Te cuidas para qué, para vivir dónde, de qué, con quién?. Sin la salud del planeta, no hay vida, ni animal ni humana, que pueda perpetuarse. Es la naturaleza, la biodiversidad, la que nos proporciona oxígeno, agua, alimentos y materia prima.

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