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Este año inicia la década de la restauración de los ecosistemas, según la ONU

En los últimos 50 años, el hombre ha alterado casi el 75% de la superficie terrestre para la producción de alimentos, la obtención de energía y la construcción de viviendas y carreteras. Hoy, pocas son las áreas que permanecen prístinas. Gracias a eso, tenemos a la vista una serie de situaciones preocupantes: pérdida de biodiversidad, cambio climático, inseguridad alimentaria, conflictos sociales y migraciones humanas. Todas han alcanzado niveles sin precedentes y ahora, nosotros, los mismos que incentivamos tal caos, estamos ante un abismo. La década de la restauración de los ecosistemas es una oportunidad para tratar de enmendar el daño.

2021 - 2030 década de la restauración de los ecosistemas

El aumento de la población, aunado al desarrollo industrial y tecnológico, ha impactado directamente en el nivel de producción y consumo de bienes y servicios, pero también en la salud de los bosques, sabanas, mares y humedales de todo el mundo.

La mercantilización de todo cuanto nos rodea, para saciar la sed de poder y riqueza de unos cuantos, ha derivado en la degradación y destrucción de ecosistemas terrestres, costeros y marinos a un ritmo sin precedentes, lo que constituye una amenaza para el futuro de la humanidad. ¿Por qué? Pues, la modificación de los paisajes naturales afecta la prestación de sus servicios esenciales. En consecuencia, cada año desaparecen más especies animales y vegetales, hay mayor proliferación de enfermedades infecciosas, se intensifican los problemas con el suministro de agua dulce y de alimentos y hay menos posibilidad de protección contra desastres naturales, especialmente en áreas vulnerables de África, Asia y Latinoamérica.

En aras de “prevenir, detener y revertir” las consecuencias sobrevenidas de este complejo escenario, la Asamblea General de las Naciones Unidas aceptó la propuesta de El Salvador de establecer el período 2021-2030 como el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas. El 1 de marzo de 2019 quedó oficializada la declaración. En ella, se encargó al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) garantizar el saneamiento de nuestro planeta por el bien de la humanidad.

10 años para sanar el planeta

La década de la restauración de los ecosistemas se presenta como un momento único para “superar la crisis ambiental antes de que sea demasiado tarde devolviendo la vida al mundo natural que nos sustenta a todos”.

 “Esta es una gran oportunidad para generar impulso y voluntad política, conciencia, y capacidad técnica en todos los niveles. Y creo que estamos listos, porque existe un movimiento muy amplio de restauración que tiene muchos años de experiencia. Estamos listos para escalar”.

Tim Christophersen jefe de la Subdivisión de Agua, Tierras y Clima de ONU Medioambiente.

Este Decenio de las Naciones Unidas tiene el compromiso de lograr, inicialmente, el Desafío de Bonn, que plantea la restauración de 350 millones de hectáreas para el 2030, y posteriormente, asumir el reto de restaurar más de 2.000 millones de hectáreas de paisajes tropicales, sabanas, prados, zonas costeras, manglares humedales y entornos urbanos que han sido sobreexplotados, contaminados o degradados.

La idea es propiciar la regeneración natural de los ecosistemas, no solo para reducir su vulnerabilidad ante las amenazas de eventos extremos, sino también para que recuperen su productividad y su capacidad para satisfacer las necesidades de la sociedad.

De esta manera, se espera lograr también la generación de aproximadamente 9.000 millones de dólares en servicios ecosistémicos y la eliminación de entre 13 y 26 gigatoneladas de gases de efecto invernadero de la atmósfera.

Más de 2000 millones de ha cuentan con potencial para la restauración
Más de 2.000 millones de hectáreas de paisajes deforestados y degradados en el mundo cuentan con potencial para la restauración.

Para el cumplimiento de tan ambicioso plan, la FAO y el PNUMA unirán esfuerzos regionales a través de la Iniciativa 20×20 en América Latina y la Iniciativa de Restauración del Paisaje Forestal Africano AFR100 que pretenden restaurar 20 millones de tierras en América Latina y 100 millones de tierras en África, respectivamente.

Pero ambas entidades saben que se necesita mucho más en pro de la conservación de la diversidad biológica, la seguridad alimentaria y del agua y el cumplimiento de los Objetivo de Desarrollo Sostenible. Por eso, en el marco de la década de la restauración de los ecosistemas, piden sumar importantes esfuerzos éticos, científicos y económicos y llaman al sector público, las empresas privadas, la academia, las comunidades locales, los pueblos indígenas y la sociedad en general, a reconocer y entender el daño que la raza humana le ha hecho al planeta durante milenios y aceptar el compromiso de convertirse en protectores y garantes de la tan necesaria recuperación.

La restauración es compleja pero no imposible

No se trata únicamente de plantar millones de árboles o de descontaminar un lago. Ni de implementar las mismas prácticas de regeneración en todos los ecosistemas. Hay que investigar y evaluar al detalle cada espacio natural a fin de determinar cuáles son las medidas más efectivas para devolverle su productividad y asegurar las retroalimentaciones entre especies sin alterar las distribuciones, interacciones y funciones derivadas.

Pero revertir la acelerada degradación que están sufriendo millones de hectáreas de paisajes naturales en todo el mundo también supone un gran desafío cultural, pues para reponer y reparar lo averiado se requiere de la voluntad, la disposición y el trabajo conjunto. Es importante que todos los sectores participen plenamente, en iniciativas que ya están en marcha o iniciando las suyas propias, así como también es esencial que se comprometan a renunciar a prácticas de producción y consumo nocivas.

Tal como lo ha dicho José Graziano da Silva, Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “nuestros sistemas alimentarios y los medios de vida de muchos millones de personas dependen de que todos trabajemos juntos para restaurar unos ecosistemas sanos y sostenibles para el presente y en el futuro”.

¿Qué ganamos con la restauración?

De las tierras fértiles y las aguas limpias depende la vida de millones de organismos vivos, puesto que:

  • Tienen gran cantidad de nutrientes esenciales para alimentarlos.
  • Son la columna vertebral de la biodiversidad.
  • Juegan un papel decisivo en el secuestro de carbono.
  • Están estrechamente relacionados con el cambio climático.

Entonces, cuidar su funcionalidad ecológica es mantener los ecosistemas activos y reforzar su resiliencia en caso de impactos extremos. Es abrir un gran abanico de beneficios medioambientales, socioeconómicos y educativos:

  • Ponerle freno a la pérdida de biodiversidad.
  • Luchar contra el cambio climático.
  • Asegurar los derechos de las tierras.
  • Crear nuevos puestos de trabajo y oportunidades de aprendizaje.
  • Contribuir a la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza.
  • Revitalizar comunidades y sociedades.
  • Incentivar el desarrollo y la economía sostenibles.

Los ecosistemas sanos son sinónimo de cosechas abundantes, de ingresos seguros y sostenibles y de un ambiente saludable.

La restauración es una prioridad global

La actual generación humana tiene quizás el mayor reto de la historia: definir el futuro de las demás. Este nuevo decenio demanda la toma de decisiones inmediatas para atender el agotamiento del planeta.

La degradación de las tierras está costando más del 10% del PIB mundial anual
La degradación de las tierras está costando más del 10% del producto interno bruto mundial anual.

La década de la restauración de los ecosistemas resulta crucial para frenar los embates de la emergencia climática. Es un llamado a repensar y mejorar nuestra coexistencia con la naturaleza. Por tanto, es deber de los gobiernos y de los ciudadanos en general, habitantes todos de una casa común que se cae a pedazos, trabajar juntos en la reconstrucción y más importante aún, en la conservación de los espacios y recursos naturales. Es la única manera en la que podremos encaminar al mundo hacia un futuro sostenible.

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