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Las aguas internacionales de alta mar están desprotegidas

En los últimos años ha habido avances significativos en la preservación de ecosistemas clave. Sin embargo, hay zonas que pese a su importancia todavía están desprovistas de atención y resguardo. Según los datos de Naciones Unidas y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), las aguas internacionales de alta mar están desprotegidas. Queda mucha agua por recorrer para salvaguardarlas.

Las aguas internacionales de alta mar están desprotegidas

Ante la terrible pérdida de biodiversidad, el mundo se comprometió a crear áreas protegidas para al menos 17% de zonas terrestres y marítimas y 10% de los mares y océanos. En las Metas de Aichi, adoptadas en la décima reunión de la Conferencia de las Partes (COP10) de la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB) de Naciones Unidas, celebrada en 2010, en Japón, decenas de países acordaron hacer esto en una década, entre el 2010 y el 2020.

Al día de hoy, se puede decir que no todo se ha hecho mal. Alrededor del 16,64% de la superficie terrestre y las aguas continentales del mundo ya gozan de protección, al igual que 7,74% de los mares y océanos.

Sin embargo, con estos últimos no todo se ha hecho bien. Aunque el dato pareciera un gran progreso, la atención se ha centrado en las aguas jurisdiccionales de los diferentes países comprometidos en Aichi y poco se ha avanzado en las aguas internacionales de alta mar. Aun y cuando ocupan el 64% del océano, solo 1% de ellas tienen un escudo de defensa legal. Así lo ha confirmado el más reciente Informe Planeta Protegido 2020 del Programa Mundial para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas

 (PNUMA) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

“Hoy, 22,5 millones de kilómetros cuadrados (16,64 %) de ecosistemas terrestres y de aguas continentales y 28,1 millones de kilómetros cuadrados (7,74 %) de aguas costeras y océano se encuentran dentro de áreas protegidas y conservadas documentadas, un aumento de más de 21 millones de kilómetros cuadrados (42 % de la cobertura actual) desde 2010”.

¿Aguas de nadie… o de unos pocos?

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados, Acnur, “las aguas internacionales son las que no están incluidas dentro de la zona económica exclusiva, mar territorial o aguas interiores de un estado o archipiélago. Se denominan también alta mar.” Estas “no se controlan por ningún estado” y según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar se consideran “patrimonio común de la humanidad”. En pocas palabras, pertenecen a todos, pero en realidad no son de nadie.

Eso, en el contexto actual, explica por qué las aguas internacionales de alta mar están desprotegidas.

Las aguas internacionales se comparten globalmente
El océano situado más allá de las 200 millas marinas (370 kilómetros) de las costas de un país se considera aguas internacionales y se comparte globalmente.

Según Óscar Esparza, experto en áreas marinas del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), aunque “no se han podido proteger más zonas de aguas internacionales por la falta de acuerdo entre los países, pero también porque cada estado se ha preocupado solo de sus aguas y no de las aguas comunes. En algunas zonas por conflictos armados, por discusiones sobre soberanía, por enemistades o intereses particulares que han dificultado alcanzar acuerdos.”

Regular la actividad humana en altamar es un tema complejo. Es una aspiración sumamente ambiciosa que implica necesariamente escaramuzas diplomáticas. La sola propuesta de la creación de un ente protector enfrenta grandes resistencias porque en las aguas internaciones profundas cohabitan intereses comerciales poderosos.

Muchos países tienen sus manos metidas allí y negociar estas zonas, supone para ellos poner trabas a sus proyectos multimillonarios, muchos de los cuales pertenecer al sector tecnológico y al de las energías renovables.

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La falta de regulación en alta mar vuelve más frágil de biodiversidad

Que las aguas internacionales de alta mar permanezcan en gran medida sin control significa poner en riesgo a una parte importante de la biodiversidad del planeta.

No contar con protección legal le otorga a empresas y Estados libertades de navegación, sobrevuelo, investigaciones científicas, construcciones de infraestructuras e islas artificiales e incluso, de usos ilegítimos del mar, obviamente no estipulados en la Convención de 1982.

Gracias a eso son un blanco fácil para la explotación, la pesca indiscriminada y excesiva, la piratería y proyectos de minería en el lecho marino.

Por eso es común ver buques españoles, rusos, noruegos, estadounidenses, chinos, japoneses y surcoreanos sacando toneladas de krill y atún, pequeños crustáceos que generan ganancias millonarias para unos pocos. Al igual que encontrarlos explorando a gran profundidad, fuera de sus jurisdicciones nacionales, en busca de yacimientos de minerales valiosos.

Esto, sin lugar a dudas, termina en problemas: contaminación, afectaciones en la conexión entre ecosistemas clave, dificultades en la movilización de especies y en el adecuado funcionamiento de los procesos ecosistémicos.

“Las aguas internacionales de alta mar siguen siendo el salvaje oeste.”

Pilar Marín, bióloga de la ONG Oceana

Todo eso, sumado al aumento de la temperatura del agua como consecuencia del cambio climático antropogénico que golpea océano profundo, haciendo que pierda oxígeno y disminuyan poblaciones esenciales que dan forma a la cadena alimentaria y a nuestra supervivencia colectiva.

“La alta mar tiene la mayor reserva de biodiversidad de todo el planeta. No podemos seguir sin reglas si nos preocupa proteger la biodiversidad y la vida marina.”

Peter Thomson, embajador de Fiji y presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas

La protección no puede quedar solo en papel

Blindar las aguas de alta mar es necesario, es inaplazable. La diversidad biológica del planeta está disminuyendo a una velocidad realmente aterradora. De continuar por esa senda, ni siquiera la especie humana podrá sobrevivir.

Así que sí es de vital importancia la creación de un nuevo marco legal vinculante para la conservación de la vida marina en alta mar, que vaya más allá de lo que quedó establecido en 1982 y se sitúe en el contexto actual, que nos conduce a un punto de inflexión.

“El sistema actual de gobernanza de la alta mar es débil, fragmentario e inadecuado para abordar las amenazas a las que nos enfrentamos ahora en el siglo XXI.”

Peggy Kalas, Coordinadora de la High Seas Alliance

Las aguas internaciones de alta mar están desprotegidas y requieren más de lo que hasta ahora se les ha ofrecido. Exigen la adaptación y total cumplimiento de medidas adicionales que pongan freno a los atropellos contra el océano y los mares.

Neville Ash, director del Centro de Monitoreo de la Conservación Mundial del PNUMA, advierte que las zonas de protección “necesitan ser administradas de manera efectiva y gobernadas de manera equitativa si quieren obtener muchos beneficios a escala local y global y asegurar un futuro mejor para las personas y el planeta”.

Las profundidades del océano son el mayor depósito de carbono almacenado del mundo
Las profundidades del océano son el mayor depósito de carbono almacenado del mundo.

Si las aguas internacionales de alta mar están desprotegidas, también lo están importantes ecosistemas marinos y poblaciones costeras únicos. Espacios a veces por explorar y especies quizás por descubrir, que tienen que lidiar con los intereses de las naciones más poderosas que buscan por doquier algo que infle sus ganancias. No solo en aguas profundas, sino fuera de ellas, aunque con sus acciones promuevan el aumento del nivel del mar, la generación de tormentas cada vez más intensas, la acidificación oceánica y tantos otros problemas que impiden a las especies procrear en un área segura y confortable.

“Proteger la biodiversidad de la alta mar, implantando la buena gobernanza y la ley en el océano entero, es sin duda lo más importante que podemos hacer para cambiar el rumbo del corazón azul de nuestro planeta”.

El profesor Alex Rogers de la Universidad de Oxford

De ahí que se estén uniendo voces a favor de la protección de una mayor porción de las aguas, especies y ecosistemas más significativos del planeta. El director general de la UICN, Bruno Oberle, por ejemplo, llama a que “se establezca un objetivo ambicioso que garantice una cobertura de áreas protegidas del 30% de la Tierra, el agua dulce y los océanos para 2030″. Ojalá y sea posible, ojalá y el mundo tome conciencia de cuánto dependemos de ellos para sobrevivir.

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