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La mina de uranio en Retortillo, un proyecto que genera un torbellino político, mediático y ecológico

La nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética en España, ha vuelto a poner sobre la mesa el proyecto de construcción de la mina de uranio en Retortillo. Sus permisos ahora cuelgan de un hilo, pero, lamentablemente, el mal ya está hecho. Aunque la explotación todavía no comienza, las cicatrices ambientales, sociales y económicas comienzan a ser visibles.

mina de uranio en Retortillo desata torbellino político, mediático y ecológico

La explotación minera siempre ha desatado polémica, puesto que contrapone intereses políticos, mediáticos, económicos, ecológicos y de cualquier otro tipo. En España no es diferente. Allí, el proyecto de construcción de una mina de uranio en el municipio de Retortillo, en Salamanca, está ocasionando un sinfín de problemas. La empresa promotora del proyecto se niega a paralizar sus planes y los pobladores se dividen en dos bandos, los que están a favor de la mina y los que están en contra. Mientras tanto, el medioambiente recibe el golpe más fuerte y enfrenta el riesgo de perder la batalla.

Retortillo ha pasado de ser un lugar repleto de encinas centenarias y granito a ser uno lleno de carteles de advertencia, pancartas, maquinaria pesada y escombros.

Este escenario, aunado al creado por el covid-19, está reduciendo el número de visitantes que llega a la zona. Por consiguiente, la actividad de los balnearios y demás negocios que funcionan como el motor económico de Retortillo ha mermado notablemente.

Algunos habitantes creen que aunque pase la pandemia, el lugar jamás será el mismo y eso tendrá fuerte incidencia en la generación de ingresos locales. Sin embargo, otros apuestan a que una vez se ponga fin a las restricciones derivadas del coronavirus, será la mina la que impulse el desarrollo del municipio, por lo que restan importancia al impactante deterioro. Creen que lo que viene después compensará cualquier daño. Nada más lejos de la realidad que esto.

Berkeley insiste en instalación de la mina de uranio en Retortillo

El plan de construir una mina de uranio en Retortillo se viene amasando desde hace al menos una década.

La filial en España de la empresa minera australiana Berkeley y la empresa pública Enusa hicieron un acuerdo de colaboración para explotar los yacimientos de uranio en Salamanca. Pero, en el 2012, un comunicado de Enusa indicó que la actividad no era viable ni sostenible en el tiempo. Aun así, Berkeley siguió apostando por el proyecto. Demandó a la estatal ante la Corte de Arbitraje Internacional y le entregó 200 millones de dólares en compensación por cederle las dos reservas de uranio que hoy quiere operar.

Hasta ahora la empresa Berkeley sigue impulsando el proyecto. No ha tenido el éxito deseado y aun así no desiste en su intención de explotar una veta de uranio de más de 680 hectáreas que yace bajo los pies de los municipios Retortillo y Villavieja de Yeltes durante al menos 10 años.

Su proyecto es sumamente ambicioso. Pretende, además, construir una planta de tratamiento para la fabricación de concentrados de uranio y un depósito de residuos radiactivos.

Por ahora, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) no ha dado las autorizaciones necesarias para que el proyecto minero siga su curso. Sin embargo, Berkeley dice tener en su poder más 120 permisos avalados por la Unión Europea, la Junta de Castilla y León, los Ayuntamientos de Retortillo, Villavieja, Villares de Yeltes y de Vitigudino y la Confederación Hidrográfica del Duero. Los presume y se agarra de ellos para realizar varios desmontes en la zona, crear una gran balsa e iniciar la construcción de una carretera.

Estas obras, por ahora están paralizadas, pero no sus acciones en la Bolsa de Madrid, ellas bajan y suben constantemente. Cada rumor o nuevo anuncio, como el de la promesa de presentar una demanda al Estado por 500 millones de euros, si la ley climática frena sus ambiciones y se le “expropian” los “derechos adquiridos”, es aprovechado por los medios para mantener a la empresa en el negocio bursátil, aun y cuando el precio del uranio va en picada y la energía nuclear ha dejado de ser una opción viable para la generación de electricidad.

Una oferta engañosa que dejaría una herencia peligrosa

La explotación de la que sería la única mina de uranio operativa en Europa, según la empresa australiana, supondrá la inyección de 400 millones de euros y la creación de más de 1.000 empleos directos e indirectos en tiempos de crisis. Con este discurso, Berkeley promete ser “un motor fundamental para la recuperación económica de la región, priorizando a las personas que viven en el entorno de Retortillo y en la provincia de Salamanca”. Pero esta retahíla deja de ser atractiva cuando se mira detalladamente lo que no se cuenta: el arrebato y despojo de tierras, la tala y deforestación masiva, la contaminación y la despoblación.

“Ante la actual crisis económica que atraviesa España, cuya principal incidencia es el desempleo y la creciente despoblación de la España rural, el proyecto de Berkeley Minera España en Retortillo (Salamanca) ofrece soluciones reales que garantizan un futuro próspero para la región”

Berkeley Minera España

Esta multinacional por un lado está obligando a los habitantes de Retortillo, Villavieja y Villares de Yeltes, los municipios más cercanos a la futura mina, a vender sus tierras bajo la amenaza de expropiación, y por otro lado, está ofreciendo supuestas mejoras en instalaciones y servicios básicos (depuración de aguas, parques públicos, conexión a internet, etc.). ¿A cambio de qué?

Lo que quiere hacer Berkeley no es más que extraer mineral a cielo abierto. Esto implica el desmonte, la eliminación de cientos de encinas y grandes perforaciones. En consecuencia, la alteración del equilibrio natural de estos ayuntamientos, donde valga decir existen zonas protegidas por la red medioambiental europea, Natura 2000, hogares de una fauna que ya está en peligro de extinción.

la empresa Berkeley en espera de luz verde
La empresa Berkeley en espera de luz verde para continuar proyecto de destrucción en Retortillo

Pero el proyecto minero también supone la generación de ingente cantidad de residuos radiactivos y por tanto, la gran posibilidad de filtraciones de materiales peligrosos a los acuíferos, lo que podría afectar el modo de vida de cientos de personas.

Según el CSN, el almacenamiento de estos desechos supondrá una carga “para las generaciones futuras”. Frente a tal advertencia, el plan de la empresa es poner en marcha un programa de vigilancia con “un coste anual de 185.000 euros durante los cinco años posteriores a la finalización de la restauración”.

Ahora bien, las amenazas no acaban con la explotación del uranio ni el almacenamiento de los residuos. La degradación ambiental será irreversible. La contaminación y el riesgo radiactivo permanecerán por años. Entonces, ¿qué pasará transcurrido esos cinco años? ¿Quién asumirá los costes de vigilancia y los peligros derivados? Serán los residentes de las zonas aledañas y las próximas generaciones las que tenga que lidiar con un legado de contaminación y devastación.

La preocupación por los efectos de la contaminación radiactiva y por metales pesados no se queda solo en España, donde la Plataforma Stop Uranio, Ecologistas en Acción, Amigos de la Tierra, Greenpeace, SEO/BirdLife, WWF y Organizaciones Profesionales Agrarias, han realizado diversas denuncias por el daño económico, social y medioambiental que supone desde ya la mina de uranio en Retortillo.  

Al otro lado de la frontera, Portugal, en vista de la proximidad a la mina, la dirección de los vientos y el curso del agua del río Yeltes, pidió en el 2017 evaluaciones ambientales para conocer el impacto que tendría la construcción y operación de la mina en la disponibilidad de agua dulce. Según el informe de la Agencia Ambiental Portuguesa, la presencia de partículas con metales pesados y radiactivas “suscita preocupación, por la posibilidad de ocurrencia, por el funcionamiento regular de la explotación o en la eventualidad de que ocurra una situación de catástrofe”.

Se le acaba el tiempo al negocio radiactivo

La entrada en vigor de la nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética puede ser la piedra de tranca para la minería. Está todavía en fase de enmienda pero su objetivo es que España alcance una economía baja en carbono, una meta que es posible con el impedimento de la extracción y explotación de hidrocarburos y materiales radiactivos.

Estas prohibiciones son precisamente las que han generado un torbellino político y mediático en los últimos meses, pues de salir adelante, los planes de la compañía australiana se irían abajo.

El diputado de Unidas Podemos y presidente de la Comisión de Transición Ecológica del Congreso, Juantxo López de Uralde asegura que la ley climática “avanza ya con paso firme”. En concreto, se ha avanzado en un nuevo apartado del artículo 8 que se refiere al aprovechamiento de yacimientos de minerales radiactivos. Según lo que se conoce hasta el momento, a partir de la entrada en vigor de esta nueva ley, no se admitirán solicitudes de exploración, investigación o explotación de minas, esto aplica incluso para las introducidas con anterioridad a la entrada en vigor de la norma. Asimismo, aclara que no se concederán prórrogas.

Siendo así, la espera de Berkeley por el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear y la posterior aprobación del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico puede acabar dejando el proyecto engavetado.

La multinacional lo sabe, y al parecer, por eso ha querido acelerar el proceso respondiendo duramente contra sus oponentes. Sus representantes han dicho que la enmienda es “inconstitucional al restringir la libertad de empresa y limitar la riqueza del país sin que pueda encontrarse justificación alguna para la adopción de tal medida”. Mientras que algunos cuestionan la petición de celeridad y aseguran que todo es parte de un juego perverso que tiene como fin únicamente sacar una buena tajada de un proyecto fracasado vía indemnización.

La transición energética es incompatible con la autorización de proyectos mineros

Todavía no se sabe si la mina de uranio en Retortillo finalmente podrá operar o si el único objetivo de la compañía australiana es quedarse con una suculenta indemnización y continuar el juego macabro de la especulación financiera. Lo que sí está claro es que está impulsando un ecocidio.

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