CARGANDO

Tipo de búsqueda

Cambio climático Medio ambiente

El olivar y el cambio climático tienen una relación de fuertes contrastes

La industria agrícola es responsable de la emisión de una gran cantidad de emisiones de dióxido de carbono y por tanto, de la acentuación del cambio climático, cuya variación en los patrones meteorológicos naturales del clima deja notables repercusiones en la floración, las cosechas y las necesidades de irrigación de cualquier plantación. Afortunadamente, algunas especies vegetales tienen armas para sortear sus efectos negativos y seguir contribuyendo a la reducción de la contaminación atmosférica y al cuidado de la salud humana. Una de ellas es la oliva. Conoce cómo es la relación del olivar y el cambio climático.

el olivar y el cambio climático

La industrialización de los procesos productivos nos está dejando más problemas que comodidades. Gracias a ella, la huella de carbono sigue creciendo sin parar. La incesante emisión de gases de efecto invernadero, en especial de CO2, está condicionando y amenazando la existencia de todos los seres vivos que habitan el planeta. Está alterando los patrones climáticos con tal fuerza que muchos cultivos y especies animales han quedado en una encrucijada: adaptarse o morir.

El olivar ha tomado la primera opción y pese a la emisión de hasta 2,5Kg de CO2 que libera a la atmósfera la industria oleícola al producir un litro de aceite de oliva, él sigue apostando por combatir la contaminación y luchar contra el cambio climático.

¿Cómo ayuda el olivar a combatir el cambio climático?

Los árboles, mediante el proceso de fotosíntesis, absorben el dióxido de carbono que se concentra en la atmósfera y lo liberan en forma de oxígeno. De esta forma limitan el calentamiento global. El árbol de oliva, por supuesto que no es la excepción. Él también es un gran aliado en la reducción de la contaminación atmosférica y por ende, en la lucha contra el cambio climático.

El cultivo de olivo tiene la gran cualidad de absorber gran cantidad del CO2 de la atmósfera y fijarlo en la biomasa y el suelo. De esta manera no solo ayuda a proteger la capa de ozono sino que además ralentiza los procesos de desertización y erosión, producto de la reducción de las precipitaciones y de la disponibilidad de agua en el suelo ocasionadas por el cambio climático.

Y no solo eso, el olivo se presenta como una alternativa a los combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón. El hueso de la aceituna, sobrante orgánico de la producción del aceite de oliva, se puede usar como un biocombustible natural, económico y ecológico, como fuente de energía para la calefacción.

De modo que ganar la lucha contra el cambio climático es uno de los mayores retos que hoy por hoy enfrenta la humanidad. Si se quiere realmente limitar el aumento de la temperatura global y permitir que la vida siga siendo posible en este planeta, es preciso tomarse en serio, con consciencia y responsabilidad, el cultivo del olivar.

Pero… el cambio climático le pasa factura

Aunque el árbol de oliva se caracteriza por su resistencia a las variaciones climáticas extremas, el calentamiento global, promovido por la acción irresponsable del hombre, le sigue planteando desafíos, riesgos y oportunidades, especialmente en territorios productores de aceite de oliva.

el árbol de olivo es resistente a las variaciones climáticas extremas

El aumento de la temperatura ayuda a reducir la población de uno de los principales enemigos del árbol de oliva, la Bactrocera Oleae, o mosca del olivo, una plaga que afecta la salud de los cultivos y en consecuencia, causa daños a la aceituna.

Mientras que el incremento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera, ayuda a que el cultivo de oliva requiera menor consumo hídrico. Esto hace que la hoja no necesite abrir en exceso el estoma para captar este gas, y por tanto reduce significativamente la pérdida de agua y mejora la eficiencia de su uso, lo que significa que estimula el crecimiento de los árboles y permite mayores cosechas con un menor consumo.

Pero, por otro lado, produce la subida de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones, cuestiones que perturban su producción, desarrollo y rendimiento debido a una menor transpiración del árbol.

Según el estudio titulado “Global warming effects on yield and fruit maturation of olive trees growing under field conditions”, el estrés hídrico, asociado a la escasez de lluvia, deja como consecuencia la reducción de la cantidad y tamaño de los frutos, la maduración adelantada y por tanto, el retraso en la litogénesis y la disminución del contenido de grasa de la fruta, y la reducción de la pulpa.  A esto se suma, según un estudio conjunto dela Universidad de Córdoba (UCO) y el Centro de Investigaciones Geoespaciales de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oporto (Portugal), la reducción de la superficie útil para la producción de la mayoría de las variedades de olivo.

Ahora bien, en las épocas más frías, las bajas temperaturas pueden congelar las flores, evitar la floración y retrasar el desarrollo de los frutos.

Por tanto, en ambos casos, el cambio climático tiene una incidencia directa y negativa en la producción final de aceite de oliva.

España es el primer productor y exportador mundial del aceite de oliva

Entonces, hablar de la relación entre el olivar y el cambio climático no puede hacerse con un enfoque blanco y negro, sino más bien de contrastes. Tienen una relación estrecha. Se retroalimentan y cada uno batalla a su manera y a su ritmo. El cambio climático busca ganar terreno y el olivo se las sigue ingeniando para adaptarse y resistir. Está en la humanidad sopesar quién debe ganar para asegurar la supervivencia de esta y las futuras generaciones.

Etiquetas: