Cuando un volcán se manifiesta deja una estela de gases tóxicos en el ambiente, como el dióxido de azufre, monóxido de carbono, nitrógeno, flúor, cloro, boro y arsénico. Estos, una vez reaccionan con la luz solar y la humedad, forman ácidos tóxicos, que incluso en bajas concentraciones, son nocivos para el medioambiente y la salud. Tanto los gases disueltos como las sólidas, pequeñas y finas partículas del llamado smog volcánico pueden ocasionar daños en la vista, la piel y el sistema respiratorio.