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El yodo oceánico retarda la rehabilitación de la capa de ozono

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Desde los años 1950 se ha documentado la existencia de yodo en la atmósfera inferior. Los estudios han revelado que su concentración desde entonces se ha triplicado, y que ese yodo ha estado llegando a la estratosfera, donde parece que está acabando con el ozono, y por tanto, retrasando la recuperación de ese cinturón de gas natural que impide que los rayos solares ultravioletas atraviesen la atmósfera y caigan directamente en la superficie terrestre. A continuación, te contamos las conclusiones de un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas acerca del comportamiento del yodo oceánico en la estratosfera.

yodo nuevo destructor de la capa de ozono

La capa de ozono está dando claras señales de una leve mejoría, pero esta al parecer pudiera haberse dado con mayor rapidez si los halógenos no estuviesen obstaculizando el proceso de recuperación. El bromo y el cloro han atrasado el proceso. Ambos, que se encuentran en mayor concentración en la atmósfera, son responsables de la destrucción de la capa protectora de ozono de la Tierra. El primero, en 40%. El segundo, en 28%. Pero ahora, otro elemento químico se ha sumado a la lista: el yodo. Según una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 32% de la pérdida de ozono se debe a los niveles de yodo existentes en la baja estratosfera de latitudes medias (zonas tropicales y templadas).

Ya en el 2015, los expertos del CSIC habían advertido sobre la posible llegada del yodo oceánico a la estratosfera, pero ahora gracias a las mediciones realizadas con los equipos de última tecnología de laboratorio instalados en el avión Gulfstream-V del NCAR (National Center for Atmospheric Research), han confirmado que es un hecho.

El trabajo del CSIC, que ha sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS),  confirma que si bien los compuestos yodados tienen una vida más corta que la de otros halógenos, como el cloro y el bromo, su tiempo de reactividad es suficiente para alcanzar a la estratosfera, esa región de la atmósfera que se ubica entre los 10 y 40-50 kilómetros de altitud.

Según esta investigación, la pérdida de ozono estratosférico, producto de la presencia del yodo, obedece a la ejecución de procesos físicos y químicos relacionados con la actividad oceánica y el aire. Lo que se dice al respecto desde el CSIC es que el yodo emitido por los océanos con fuerte influencia antropogénica, se propaga por la troposfera y la estratosfera y desde allí contribuye, junto al bromo y al cloro, a la destrucción del ozono.

"Las emisiones marinas de yodo han aumentado por el incremento del ozono superficial en las últimas décadas. Esta fuente de yodo inducida por el hombre se propaga desde los océanos a la troposfera superior y estratosfera inferior, donde nuestros resultados plantean un posible vínculo entre la calidad del aire superficial, la pérdida de ozono estratosférico y el llamado forzamiento radiactivo (diferencia entre la insolación absorbida por la Tierra y la energía irradiada)".

El yodo oceánico puede no ser tan malo

El yodo marino, se produce de forma natural en los océanos. Allí es especialmente importante para los ciclos metabólicos de la flora y fauna acuática. Pero se convierte en un grave problema, cuando en su producción interviene la mano del hombre. El aumento de las emisiones de este elemento químico gracias a la acción antropogénica, como la quema de carbón por ejemplo, puede resultar tremendamente negativo para nuestra capa de ozono, y por ende para nuestra salud, pues la destrucción de ella aumenta las posibilidades de padecer cáncer de piel y daños a los cultivos.

Por eso, otro de los estudios liderados por investigadores del CSIC hace énfasis en que el impacto del yodo oceánico en el ozono puede variar de acuerdo a la capa de la atmósfera donde este se encuentre.

Alfonso Saiz-López, investigador del CSIC en el Instituto de Química Física “Rocasolano” es enfático al decir que “en la estratosfera el impacto del yodo es negativo para la capa de ozono porque reduce la capacidad de esa región de la atmósfera para protegernos de la radiación ultravioleta”.

El yodo oceánico y la capa de ozono

En tanto que en la troposfera el yodo tiene una implicación positiva. Allí, en “la parte baja de la atmósfera donde transcurre la vida”, el ozono es un gas contaminante de efecto invernadero “dañino para la salud humana y vegetal”. Así que cuando el yodo, junto al cloro y el bromo, destruyen el ozono troposférico, se regula la carga de esto que muchos tildan como ozono malo, y puede, incluso mejorar la calidad del aire, lo que resulta especialmente importante cuando el calentamiento global del planeta avanza con fuerza.

Así que como indica Alfonso Saiz-López, “los resultados muestran la importancia de considerar la química de yodo tanto en la troposfera como en la estratosfera en los modelos climáticos, ya que la emisión natural de sustancias yodadas a la atmósfera es altamente dependiente de la evolución del clima y se espera que el impacto de las sustancias yodadas aumente en el futuro respecto a las fuentes cloradas y bromadas”. 

Evitemos la emisión de gases contaminantes a la atmósfera. Con ello cuidaremos nuestra capa de ozono, esa que nos permite vivir y desarrollarnos en la Tierra.

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