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La búsqueda de tesoros deja daños irreparables en la naturaleza

Durante el último milenio, entre científicos, arqueólogos y personas ricas excéntricas, se ha popularizado una práctica que agrava aún más la situación de vulnerabilidad del patrimonio natural y geológico del planeta. La búsqueda de tesoros con la excusa del enriquecimiento cultural deja daños irreparables.

La búsqueda de tesoros deja daños

Buscar un alijo de oro del que no se tiene certeza está de moda

Muchos historiadores afirman que existen grandes tesoros escondidos en todo el mundo y que pueden estar en cualquier tipo de contenedor esperando ser encontrados. Esa idea ha hecho que en varios países del mundo estén proliferando los cazadores de tesoros. Algunos, tienen ciertos conocimientos científicos, otros sin acreditación técnica, solo son movidos por su espíritu aventurero y la ambición. Todos están metiéndose en parques, playas, bosques, montañas, senderos y patios con todo tipo de herramientas y técnicas en busca de efectivo, joyas y otras posesiones de quienes en tiempos anteriores ocultaban sus ahorros y fortunas.

En esa ambiciosa búsqueda los mapas y los GPS no bastan. Se emplean detectores de metales que se sumergen en el agua y penetran la tierra usando bobinas especiales que transmiten señales, máquinas excavadoras que remueven árboles, arbustos y suelos, que hacen terribles dragados y crean pozos que nunca más son rellenados.

Todo esto está aniquilando el verdadero y único tesoro que tenemos: la naturaleza. La búsqueda de tesoros deja daños irreparables y está poniendo en riesgo la existencia de una fauna y flora esencial para el equilibrio ecosistémico.

Entre lo científico y lo comercial

En Chile, por ejemplo, el Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández (PNAJF) está en peligro. El historiador y empresario holandés, Bernard Keiser, apodado “El Gringo”, desde 1994 se ha dedicado a buscar un hipotético tesoro en este territorio que guarda una riquísima biodiversidad marina y terrestre.

Keiser, ha apoyado su búsqueda en evidencias que supuestamente confirman que en 1714, en medio de la Guerra de Sucesión Española, Juan Esteban Ubilla y Echeverría, navegante español, llegó a Juan Fernández y escondió un tesoro en la isla Robinson Crusoe. Según sus investigaciones, el botín valorado en cerca de 10.000 millones de dólares nunca fue recuperado por Ubilla ni por Luis Cousiño, un chileno que asegura haber encontrado cartas que de forma codificada indicaban la ubicación exacta de la valija: el poblado de San Juan Bautista.

“El Gringo” al principio usaba únicamente una pala y un pico para buscar los supuestos 800 barriles con monedas de oro, joyas y piedras preciosas ocultos desde el siglo XVIII en el parque que fue declarado Reserva de Biosfera por la UNESCO en 1977. Su método artesanal para realizar los sondeos se ganó el visto bueno de diferentes instituciones, entre ellas el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), quien ha considerado la búsqueda como “una actividad favorable que tiene por objeto determinar la existencia de restos históricos que se situarían al interior de una caverna subterránea”. No obstante,no se libró de la ola de cuestionamientos y controversias que se le vino encima por dejar excavaciones abiertas y sedimentos en la superficie, acumulación de basura y una terrible contaminación del suelo y el agua.

Pese a haber incumplido la promesa de proteger el archipiélago, desde el 2018, después de varios procedimientos sin éxito, Keiser decidió cambiar las herramientas de búsqueda. Pidió la autorización para trabajar con maquinaria pesada en el sector de Puerto Inglés. Ahora, con una retroexcavadora JCB 4CX (de 8 toneladas de peso) dotada con un martillo mecanizado modelo Xcentric Ripper XR 10 (con un “ripper” o garra de 930 kilos), un radar subterráneo y detectores electromagnéticos realiza exploraciones interminables en el área protegida.

Según lo que “El Gringo” argumentó en la Consulta de Pertinencia ingresada en 2018 “la utilización de maquinaria de apoyo permitirá optimizar la tarea de recuperación del área de excavación, en forma más rápida y segura, para lograr devolver el material excavado y proceder a la compactación y nivelación del terreno, de modo que el sitio vuelva a la condición más próxima a la original”. Sin embargo, la comunidad local y diversos organismos públicos y privados han manifestado su preocupación por el ingreso de la maquinaria al parque. Todos saben que esta manera agresiva de buscar degrada el suelo, hace que pierda su fertilidad, contamina las fuentes de agua, perturba a la fauna y afecta los modos de vida.

Si Keiser o algún otro cazador de tesoro da con el supuesto botín, se queda con el 25% de él, según la Ley de Monumentos Nacionales; mientras que el Consejo de Monumentos de Chile se quedaría con el 75% restante. Creo que aquí está la respuesta al por qué permiten este tipo de prospecciones: el enriquecimiento económico.

El socavamiento de terrenos deja graves problemas paisajísticos y ecológicos
El socavamiento de terrenos deja graves problemas paisajísticos y ecológicos

Las excavaciones son cada vez más numerosas y profundas

  • En Paraguay, un grupo de buzos se ha dado a la tarea de buscar unos 10.000 kilos de oro que supuestamente están enterrados en el pozo de Paraguay. Han descendido unos 20 metros y al no haber encontrado nada han pedido permiso para perforar más.
  • En el 2018, en Israel, específicamente en el Parque Nacional de Cesárea, después de varias excavaciones fue hallado un cofre de bronce con 24 monedas de oro que según la Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI) datan del siglo XI, la época de las Cruzadas.
  • En Reino Unido, parece que el confinamiento por el covid-19 llevó a cientos de personas a auscultar los jardines traseros de sus casas. El Museo Británico ha informado que durante el 2020 se registraron 47.000 tesoros. Entre ellos destacan 50 krugerrand, monedas de oro macizo sudafricanas acuñadas en 1967 y un herraje romano forjado entre los años 43 y 200 d.C.

La televisión es cómplice y promotora de la degradación ambiental

Esta fiebre por buscar y desenterrar tesoros ha quedado plasmada en diversas series de televisión y reality shows.

Desde hace uno años se está produciendo gran cantidad de programas en los que se muestran historiadores, científicos y arqueólogos buscando supuestos tesoros que datan de hace miles y miles de años. Estas personas dirigen y controlan excavaciones en las que nunca consiguen nada, más que la destrucción de importantes espacios naturales. Sin embargo, el estar en pantalla les ha servido para generar fortunas y fama. Veamos algunos ejemplos:

1. La Maldición de la Isla (The Curse of Oak Island)

Esta serie de televisión protagonizada por los hermanos Rick y Marty Lagina, sumerge a los espectadores en una intriga que desde hace más de dos siglos permanece sin respuesta.

Por más de ocho temporadas ha llevado a la pantalla la búsqueda (siempre infructuosa) de un supuesto tesoro escondido en algún lugar de la Isla de Roble (Oak Island), en Nueva Escocia, Canadá. En cada episodio transmitido por History Channel y su canal hermano History2, los hermanos están acompañados por un equipo supuestamente legitimado para hacer y supervisar las excavaciones (y el espectáculo).

Este equipo, aunque asegura mover y remover el suelo cuidadosamente para no perturbar posibles fósiles o dañar posibles reliquias, realmente está contribuyendo a la destrucción de una isla que todavía tiene marcas de dramáticas perforaciones hechas hace cientos de años por otras personas y empresas con el mismo propósito.

La entrada de gran cantidad de equipos industriales, aunque no ha servido para cumplir el sueño de los Lagina (resolver el misterio que rodea al pozo del dinero y hallar el tesoro), ha dañado el ecosistema y el área circundante.

2. En busca del oro perdido (The curse of Civil War Gold)

Aquí, una operación de buceo liderada por Alex Lagina y Kevin Dykstra, está decidida a dar con el paradero de 140 millones de dólares en oro confederado. Numerosas inmersiones en el Lago Michigan, en Estados Unidos, basadas en una leyenda de la Guerra Civil, más que desentrañar un episodio de la historia están alterando la vida de la fauna y flora marina del lago.

3. El oro perdido de la Segunda Guerra Mundial (Lost gold of WW II)                                         

En esta serie, el foco está puesto en el tesoro del general japonés Tomayuki Yamashita enterrado por soldados japoneses durante la Segunda Guerra Mundial (1945) cuando escapaban de las fuerzas aliadas.

Los investigadores se adentran en las profundidades de una montaña remota en Filipinas con grandes máquinas excavadoras, escáneres y explosivos en busca de “la verdad”, y por supuesto, oro, joyas y demás objetos de valor incalculable que presuntamente fueron robados y escondidos. La serie termina y todavía no se sabe si el tesoro realmente existe.

4. El tesoro del general Custer (Custer: The final mystery)

En este documental especial de tres episodios, una familia y un grupo de investigadores pretenden encontrar un supuesto alijo de oro perteneciente al General George Custer, quien fue derrotado en la batalla de Little Bighorn en 1876. Según cuenta la historia, el capitán Grant Marsh lanzó este botín al río para salvaguardarlo de los nativos americanos y cuando regresó por él no lo halló pues una fuerte lluvia provocó un deslizamiento de lodo y se llevó a su paso el tesoro. Hasta el día de hoy, el oro no ha sido encontrado.

La búsqueda de tesoros mar adentro altera el  desarrollo de la flora y fauna acuática
La búsqueda de tesoros mar adentro altera el desarrollo de la flora y fauna acuática

Este tipo de programas y las leyendas que han surgido sobre ciertos momentos clave de la historia y claro está, las inversiones que giran en torno a ellas, están contribuyendo a que cada vez más personas decidan emprender la peligrosa aventura de buscar tesoros. Aunque suene emocionante, el desarrollo de estas actividades está dañando la biodiversidad y el patrimonio arqueológico, elementos únicos e irrecuperables.

La búsqueda de tesoros deja daños irreparables. Esta actividad no tiene realmente un fin común, lo único que persigue es el beneficio de unos pocos, el lucro personal del cazador de tesoro y los inversionistas, y como añadidura, la fama.

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