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La erosión del suelo compromete la seguridad alimentaria

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Cuidar el suelo es la clave para garantizar los alimentos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), de la salud de la superficie terrestre depende la provisión segura de alimentación para el mundo. La conjunción de factores como la erosión, el cambio climático y el uso intensivo de los suelos, pondrá en riesgo, de cara al año 2050, la seguridad alimentaria del planeta.

De la salud del suelo dependen los alimentos

Destaca el organismo de la ONU que para poder alcanzar el objetivo de Hambre Cero, contemplado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el suelo es un factor clave. De él depende el 95% de los alimentos que se necesitan para la vida. En el suelo se encuentran agua, microorganismos y nutrientes que hacen posible la producción de alimentos. Sin embargo, otra de las características del suelo es que es un recurso finito. Miles de años puede tomar el rescate de tan solo unos pocos metros de tierra.

La advertencia no solo es expresada por la FAO. Si bien hay un tipo de erosión natural, diversos estudios llevados a cabo por el mundo académico y científico han concluido que los seres humanos y sus actividades son los principales responsables del deterioro y el agotamiento de los suelos, a una velocidad superior a la que los nutrientes del sustrato pueden restaurarse.

La agricultura intensiva, la deforestación indiscriminada, la contaminación con agroquímicos, la expansión urbana, son las prácticas llevadas a cabo por los humanos, sumados a los factores naturales, que han puesto en peligro el suministro de alimentos, para una población que no para de crecer y que se estima puede alcanzar la cifra de 9.000 millones de almas para el 2050.  

La erosión del suelo además no hace sino agravar los efectos del cambio climático. Si el deterioro de los suelos no se detiene, si los fenómenos meteorológicos extremos se intensifican, una actividad de vital importancia como la agricultura se hará imposible de llevar a cabo, lo que empujará a grandes grupos humanos a la emigración y al hambre.

La erosión de los suelos no solo pone en peligro los alimentos

La erosión de los suelos es un problema que no solo afecta lo relacionado con el abastecimiento de alimentos y su calidad nutricional. También tiene que ver con la degradación de los ecosistemas y su deterioro puede derivar en el aumento de la frecuencia y la intensidad de eventos naturales como deslizamientos de tierra e inundaciones.

La erosión de los suelos compromete el suministro de alimentos
Cuando se agotan los recursos del suelo el suministro de alimentos se ve comprometido.

También incide en las dinámicas relacionadas con el agua. Cuando el suelo está degradado, transita menos líquido, por lo que el suministro de agua potable puede verse afectado. De igual manera, la absorción de agua de lluvia de los suelos erosionados no es efectiva, lo que provoca inundaciones de gran intensidad y con mayor frecuencia.

Al hacerse más agudo el agotamiento de los recursos del suelo la población que depende de la producción agrícola para su subsistencia se ve obligada a desplazarse, casi siempre en condiciones inseguras y sin ningún tipo de garantías para sus vidas. La FAO ha advertido que más de 68 millones de seres humanos han tenido que abandonar sus territorios por cuestiones relacionadas con el clima y el suelo.

¿Cómo detener la erosión de los suelos?

Frenar el proceso de erosión de los suelos es una estrategia clave para garantizar la vida de los seres humanos. Asegurar los alimentos y la seguridad ante el cambio climático, dependen de las acciones que se lleven a cabo desde los centros de poder político, las organizaciones, las comunidades de agricultores, etc.

Estrategias para detener la erosión de los suelos
Para asegurar la conservación de los suelos están a la disposición varias técnicas, algunas ancestrales.

Para asegurar la conservación de los suelos y su riqueza están a la disposición varias técnicas que se han aplicado, en algunos casos desde hace miles de años. La forestería análoga es una técnica que se viene aplicando en países en desarrollo desde la década de los 80 con muy buenos resultados.

Consiste en la integración de árboles y arbustos similares a los bosques nativos junto a los cultivos en un solo pedazo de tierra. Según sea la especie, los árboles producen frutos, nueces, y fibras. Sus ramas pueden servir de leña o de material de construcción y las hojas que caen al suelo, lo enriquecen con nitrógeno y otros nutrientes.

La FAO también recomienda la recolección de aguas de lluvia. Existen diversas técnicas para evitar las escorrentías que pueden arrastrar la capa más fértil del suelo. Los incas de la región andina destacaron por la construcción de terrazas para estabilizar las laderas ante las lluvias y hacerle frente a las escorrentías.

Los estudios llevados a cabo para optimizar los cultivos y el uso sostenible del recurso suelo, indican que la recolección de agua de lluvia aumenta el rendimiento, y las escorrentías pueden atentar contra ese rendimiento cuando restan 40% de los nutrientes a los suelos.

Llevar alimentos sanos, nutritivos y soberanos a cada habitante del planeta es una tarea que depende, entre otras cosas, de la preservación y la salud de los suelos. Urge un cambio en los patrones de producción y consumo con miras a preservar el suelo, un recurso que no es infinito.

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