Un volcán es una fisura en la superficie terrestre. Por lo general emite lava, una materia viscosa formada por rocas, polvos, cenizas y gases, principalmente dióxido de azufre, que se combina con el vapor de agua en la atmósfera.
Las erupciones volcánicas inyectan este gas de dióxido de azufre en la capa que rodea a la Tierra. Si son lo suficientemente grandes como para llegar a la estratosfera, el gas termina formando pequeñas gotas de ácido sulfúrico o aerosoles volcánicos que hacen rebotar luz del sol fuera del planeta y terminan por mitigar el sofoco en la superficie y la atmósfera.
Gracias a este proceso, se enfría la troposfera y se aviva la estratosfera, compensando así el calentamiento producido por los gases de efecto invernadero generados por la acción humana. Esto es lo que ha sucedido naturalmente en el mundo durante la primera parte de este siglo, según un estudio del Laboratorio Nacional Lawence Livermore de la Universidad de California, Estados Unidos.