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Inglaterra pone freno al fracking

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El inicio de la campaña electoral en Inglaterra llegó con una decisión esperada con ansias por grupos ambientalistas y fuertemente cuestionada por la industria extractivista y por partidos políticos de oposición: la suspensión indefinida del fracking. La imposibilidad de predecir sismos asociados con la actividad ha sido clave en la decisión.

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El informe advierte que “actualmente no es posible predecir con precisión la magnitud o probabilidad de los terremotos relacionados con las operaciones de fracking

Desde las filas del gobierno se anunció que queda prohibido indefinidamente el proceso de fracturación hidráulica para la obtención de gas o petróleo. Una medida “con efecto inmediato” y que según la secretaria del Ministerio británico de Energía, Empresa y Estrategia Industrial, Andrea Leadsom, durará hasta que la ciencia certifique (o no) la seguridad de este método de extracción y la escasa o nula probabilidad de generar sismos.

Así respondió Inglaterra a un informe emitido por la Autoridad del Petróleo y Gas en el que analizó un sismo de 2,9 grados en la escala de Richter presuntamente ocasionado por la empresa extractora Cuadrilla, en Preston New Road, en Lancashire el pasado mes de agosto.

Entre sus páginas, el informe advierte que “actualmente no es posible predecir con precisión la magnitud o probabilidad de los terremotos relacionados con las operaciones de fracking hidráulico” ni descartar «consecuencias inaceptables» a quienes vivan en las cercanías de las prospecciones del fracking, donde se rompen rocas y capas del suelo con la inyección de agua y químicos a alta presión.

Teniendo en cuenta esas consideraciones, el gobierno ha advertido a las compañías que no está dispuesto a respaldar futuros proyectos de explotación de petróleo y gas en yacimientos no convencionales.

De esta manera quedan suspendidos los trabajos exploratorios que se estaban ejecutando con el fin de adjudicar nuevas áreas de explotación de gas esquisto, “hasta que se proporcione evidencia adicional de que se puede llevar a cabo de manera segura” sostenible y con la mínima perturbación para quienes hacen vida en las áreas limítrofes a las reservas de gas, agregó el Gobierno Británico.

Un giro político ¿a favor del medio ambiente?

Para los ecologistas y grupos a favor del medio ambiente, la medida resulta una “victoria del sentido común” como la ha catalogado Rebecca Newson, portavoz británica de Greenpeace. Aseguran que es beneficiosa, tanto para el clima como para las comunidades de Lancashire. Pero para otros, la decisión gubernamental supone un cambio de postura del Partido Conservador y esto ha sido motivo de revuelo.

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La suspensión del fracking era un pedido a gritos de los grupos ambientalistas

En el 2014 David Cameron, quien para entonces era el líder del Partido Conservador, abrió las puertas y los brazos del 64% de la campiña inglesa a la perforación hidráulica en busca del maná energético. Su equipo de gobierno buscaba situar al país dentro de los líderes mundiales de extracción de petróleo. Se hizo oídos sordos a las protestas de grupos ambientalistas que ya alertaban sobre sus consecuencias y una moratoria de 18 meses por dos terremotos ocurridos en el condado de Lancashire, precisamente donde unos años más tarde se encendieron de nuevo las alarmas.

Después, Boris Johnson aseguraba que el fracking era «una noticia gloriosa para la humanidad», una esperanza de mayor autonomía energética, y osó a anticipar que «no quedaría una piedra por fracturar» en Reino Unido. Pero de pronto, el Sr. Johnson (ahora como primer ministro británico), quizás presionado por el rechazo popular a este tipo de prácticas o por la promesa manifiesta del Partido Laborista de prohibir totalmente la fracturación hidráulica, sorprendió diciendo a través de su ministra de Energía, Andrea Leadsom, que siempre ha “establecido con claridad que esta práctica debe llevarse a cabo de un modo seguro”. Un cambio radical en el discurso conservador que ha llevado a que sus opositores vean la medida como una forma de ganar ventaja en el camino electoral de cara a los comicios generales a realizarse el próximo 12 de diciembre.

Sea o no así, ojalá y se tomen en serio las advertencias del peligro que representa esta práctica extractiva que sigue sumando rechazo en la opinión pública. En territorio británico la oposición al fracking ha aumentado del 21% en 2013 hasta el 40% en la actualidad.

Ojalá y la decisión no sucumba ante una posible alza de precios en el mercado energético, ni ante la presión y aspiraciones de las empresas ávidas de expandir sus fronteras de explotación para inflar sus ganancias.

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