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Los árboles no tienen corazón pero sí tienen pulso

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Aunque no lo creas, los árboles tienen una gran similitud con los humanos. Es verdad, no tienen ojos, ni boca. Ni caminan. Pero sí tienen pulso. No es igual al nuestro, pero sí que demuestra que están tan vivos como nosotros. Mira lo que dicen los expertos de Universidad de Aarhus sobre esto.

El latido de los árboles

András Zlinszky y su colega Anders Barfod, científicos de la Universidad de Aarhus, monitorearon 22 especies de árboles para probar cómo y cuando se producían cambios en la forma de sus copas. En el proceso descubrieron detalles verdaderamente interesantes.

El estudio que fue publicado en New Scientist reveló que los árboles experimentan cambios periódicos no solo en su forma, sino también en la presión del agua que retienen.

Gracias al uso de un escáner terrestre, estos expertos en biociencia, demostraron que incluso en las noches, los árboles tenían un pulso que latía por todo su cuerpo. Uno que, aunque no era igual al latido cardíaco de los seres humanos, pues ellos no tienen un corazón, sí que cumplía la misma función: bombear y distribuir líquidos al resto del cuerpo.

"El árbol, durante la noche, parece actuar de la misma manera que nuestro corazón actúa sobre nuestro cuerpo, excepto que en el caso del árbol, son las ramas del árbol las que bombean el agua desde las raíces hasta las hojas."

La conclusión a la que llegaron Zlinszky y Barfod es que la columna de agua almacenada en sus troncos genera tal tensión que hace que estos se contraigan, la aprieten y la empujen hacia arriba. Esta viaja, junto a los azúcares y nutrientes producidos durante la fotosíntesis a través del xilema (que hace las veces de las venas) y llega hasta las ramas y hojas. Una vez se drena el agua del tronco, este se relaja.

Este bombeo del vital líquido desde las raíces hasta las hojas les resultó a los investigadores bastante similar a la forma en la que se produce el bombeo de la sangre y los latidos del corazón humano.

Un detalle que por años fue imperceptible. Y te preguntarás por qué. El asunto es que el pulso es mucho más lento, tanto que era muy difícil notarlo con los antiguos métodos de investigación. Además, no es tan regular como el de los humanos. Depende de los cambios de presión del agua, y de diversos factores ambientales.

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Según la investigación, los latidos de los árboles se producen una vez cada dos horas, sin embargo, en las mañanas que es cuando aumentan su transpiración, es más probable que la tensión en el tallo aumente y, por tanto, los latidos sean más rápidos. En el transcurso de la tarde y la noche, pasa lo contrario. En ese momento, disminuye la transpiración y la tensión, y el tallo se expande nuevamente.

La frecuencia cardíaca de una persona ronda entre 60 y 100 latidos por minuto. La de los árboles, 1 cada dos horas

De esta manera es cómo se regula la presión del agua en el cuerpo de estos gigantes verdes que son tan indispensables para la vida del planeta. Si no fuera así, el agua que se acumula en el tronco podría llegar a ser tanta que sería capaz de romperlo.

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Los árboles son esenciales para mantener el equilibrio de la vida en el planeta

Este resultado llegó para cambiar por completo lo que muchos pensaban. Anteriormente, muchos científicos aseguraban que el movimiento del agua a través de los árboles era posible gracias a la ósmosis, proceso realizado durante el día. Pero ahora que los expertos nos dan otra explicación, queda muy claro que los árboles, no solo tienen una extraordinario función en el medio ambiente, sino que ya sean altos, bajos, robustos o delgados, de hojas lisas o como púas, están más vivos de los que muchos pensaban.

No parece entonces tan descabellada la conexión que, según prácticas milenarias, se puede generar entre ellos y nosotros.

Dicen que la energía que se produce al abrazar un árbol puede aliviar la tensión, dolores de cabeza, episodios de depresión e hiperactividad.

Pero sí resulta bastante atroz ver cómo cada vez hay menos de ellos gracias a la mano despiadada del hombre. Brasil, la República Democrática de El Congo e Indonesia son claros ejemplos de la destrucción de estos tan antiguos como valiosos seres vivos. Ellos encabezan la lista de los países más afectados por la deforestación

Que sean sus latidos una razón más para cuidar su existencia. 

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