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Las aguas del Nilo son un foco de conflicto en África

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Las tensiones entre Egipto, Etiopía y Sudán por el reparto de las aguas del Nilo no han logrado dirimirse. Llevan años disputándose cuánto de ellas le corresponde a cada uno y hasta el momento no hay progresos significativos. Mientras tanto, son sus habitantes quienes corren el peligro de padecer las consecuencias de una posible guerra por el agua.

Conflicto por las aguas del Nilo

El Nilo tiene las aguas más codiciadas de África

El Nilo atraviesa unos once países: Tanzania, Uganda, Ruanda, Burundi, República Democrática del Congo, Kenia, Etiopía, Eritrea, Sudán del Sur, Sudán y Egipto. Entre todos, agrupan a una población de 440 millones de personas aproximadamente y se estima que para el año 2050, la cifra supere los mil millones. Esto hace que todos quieran y necesiten aprovechar los recursos hídricos comunes. Pero son Egipto, Etiopía y Sudán los que más pugnan entre sí por la distribución de las aguas de El Nilo.

  • Egipto depende en 90% del Nilo para abastecerse de agua potable. Gran parte de su territorio es árido y es precisamente el Nilo el que con sus aguas le aporta fertilidad al suelo. Esto le permite subsistir a al menos 55% de su población dedicada a la agricultura, según la FAO.
  • Para Etiopía, que goza de lluvias un poco más abundantes cada año, el Nilo es un factor clave para aumentar la producción de electricidad que considera le hace falta para acelerar su desarrollo económico.
  • En el caso de Sudán, hay que decir que en Jartum confluyen el Nilo Azul y el Nilo Blanco y esto supone un alivio frente al problema de la escasez de agua y la dificultad para acceder a fuentes seguras de agua, intensificados por el aumento de la población.
¿Sabías que las crecidas del Nilo le han proporcionado a Egipto suelos fértiles a lo largo de sus orillas?

El conflicto por sus aguas cobra fuerza con los años

En 1929, se firmó un tratado internacional para regular la distribución de las aguas del Nilo que le otorgó a El Cairo 65% de su caudal, a Sudán 23% y al resto de los países solo 13%. A partir de entonces, Egipto tuvo la facultad de vetar cualquier proyecto hidrológico en el Nilo y se le permitió a Sudán pasar de una asignación de agua de 4.000 millones de metros cúbicos a 18.500 millones. Además, se dio luz verde a la construcción de los embalses de Rosieres, Asuán y del canal Jonglei. Estos proyectos de Egipto y Sudán levantaron el polvo en Etiopía y otros estados ribereños que quedaron en clara desventaja.

Comenzaron las denuncias sobre el retroceso del Nilo al delta, el aumento de la salinidad en los suelos, la disminución de la producción agrícola, la destrucción de la actividad pesquera y la mala calidad de las aguas en las orillas del río. Desde entonces los intentos por renegociar aquel acuerdo y modificar el reparto de las aguas del Nilo no han cesado. Para tratar de reducir la cuota hídrica de Egipto, en el 2010, Uganda, Ruanda, Tanzania y Etiopía firmaron el acuerdo de Entebe, y hoy sobre la mesa está el proyecto más polémico: la Gran Presa del Renacimiento Etíope.

La controversial Gran Presa del Renacimiento Etíope

Desde Etiopía, en el año 2010, se tomó la decisión de construir la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), cerca de la frontera con Sudán, en la zona del Nilo Azul. Quienes lideran el proyecto estiman que permitirá la producción de aproximadamente 6.450 megavatios de electricidad, algo que para el gobierno etíope es una prioridad nacional. Esto, que se perfila como el mayor proyecto hidroeléctrico de toda África y el séptimo más importante del mundo, tiene a Egipto de cabeza y a Sudán en una incómoda posición.

Aunque en el 2015 estos países se mostraron de acuerdo con su construcción siempre y cuando no causara “daños significativos” a los países que hacen parte del cauce del río, ahora tienen grandes preocupaciones, sobre todo Egipto.

Mientras que Etiopía ve en esta presa un prometedor futuro energético, para Egipto es una gran preocupación toda vez que ha visto cómo cada vez goza de menos agua potable per cápita. El gobierno de El Cairo teme que el funcionamiento y llenado del embalse reduzcan la cantidad de agua que lleva el Nilo hasta su país, en especial durante las temporadas de sequía; que ponga en riesgo el desarrollo de su economía al dejar sin trabajo a millones de agricultores y que afecte drásticamente el suministro de alimentos en la nación.

El tiempo de llenado de la GERD aún no se ha definido. Los plazos propuestos por los países involucrados (2, 7 o 15 años) no han convencido a las partes.

Por ello, han surgido entre ambos países ciertos episodios hostiles incluso, con un tono belicista similar al empleado a mediados de los 80 cuando por poco Egipto dio la orden de ataques a Jartum, por considerar que amenazaba su caudal.

En el 2013, también faltó poco para la ejecución de un ataque aéreo contra la GERD en Etiopía, pero poco a poco los egipcios han ido suavizando su discurso. En el 2018, mientras desde Etiopía se prometió no afectar a Egipto con la puesta en marcha de la presa, El Cairo descartó la opción militar como forma de solucionar el conflicto.

Por su parte, Sudán que ha tenido que lidiar en los últimos años con una ola de protestas continua, inicialmente también estaba preocupado por el período y las condiciones de llenado de la presa. Ahora, ha cambiado de opinión. Cree que la Gran Presa del Renacimiento no solo servirá para dotarle de electricidad, sino que también mejorará el suministro de agua en el país y evitará los riesgos de inundaciones en las zonas costeras.

Escasez de agua en África
El conflicto por las aguas del Nilo puede afectar, directa o indirectamente, a 400 millones de personas

Basándose en ello, apuesta por resolver el conflicto a través de negociaciones pacíficas centradas en el desarrollo y la cooperación, en pro de un reparto justo de las aguas del Nilo. Las autoridades sudanesas parecen interesadas en actuar como mediadoras en la disputa que ha enfrentado principalmente a Egipto y Etiopía.

Es más complicado de lo que parece

Aunque es necesario llegar a un punto de acuerdo para evitar que en un futuro cercano esta tensión genere una real guerra por el agua entre Egipto, Etiopía y Sudán, las negociaciones siguen estancadas gracias, en parte, al torbellino político que viven las tres naciones.

Mientras el pueblo africano padece sed y hambre por los cada vez más recurrentes episodios de escasez de agua, las dinámicas internas de esas naciones centran su atención en buscar mecanismos para consolidar la permanencia en el poder de los actuales líderes políticos. Hasta tanto esto no cambie, África está lejos de ver la reconfiguración del panorama hídrico. Las tensiones podrían acentuarse y extenderse aún más por la región.

Con esto sobre la mesa, ¿qué preferirán, conflicto o mediación?

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