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Elefantes maltratados y esclavizados

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Si hay un animal que sabe de explotación, sometimiento y maltrato es el elefante. Traficantes de marfil, circos y operadores turísticos son sus principales enemigos y agresores.

elefantes maltratados

Los elefantes son animales inteligentes, que viven en estructuras sociales complejas: manadas integradas por hasta 20 miembros que se protegen entre sí a toda costa. Su esperanza de vida, en condiciones de libertad, puede oscilar entre los 50 y 70 años, y en cautiverio esta puede verse reducida hasta en 15 años. Son grandes, pesados y nobles.

En algunas culturas, durante siglos, los elefantes han sido considerados como dioses, pero hay personas inescrupulosas que los ven como una máquina de hacer dinero. Explotan sus bondades, dentro o al margen de las leyes, para convertirlas en fuentes de ingresos.

Asia los usa y abusa

Por muchos años, en Asia fueron utilizados para el transporte de mercancías, pero una vez que se restringió el uso de elefantes en estas tareas, y el sistema de carreteras mejoró y llegó el ferrocarril, nuevas alternativas de explotación florecieron. Fue entonces cuando el sector turístico vio su oportunidad perfecta. Comenzó a atraer a los visitantes extranjeros con un llamativo ofrecimiento: el paseo en elefante o el poder bañarse con él.

En Tailandia, por ejemplo, hay casi 4.000 elefantes en cautiverio, 30% más que hace 30 años. Allí, según un estudio realizado por el periódico The Guardian, el 40% de las personas que llegan al país tienen entre sus planes ir a los famosos “santuarios”, (como prefieren llamarse los centros turísticos que ofrecen tal acercamiento al animal) para subirse a uno de estos grandes mamíferos, pasear en ellos, fotografiarse y presumir la “exótica” experiencia.  Esto también es común en Camboya, India, Vietnam y Laos.

En Asia también son comunes los casos en los que a los paquidermos se les enseña a pintar, jugar o tocar música. Claramente con el único fin de sacarles gran provecho.

En el parque Mae Taen de Tailandia, por ejemplo, a algunos se les coloca un pincel en la trompa para que exhiban sus dones pictóricos. Se les induce a realizar trazos que luego son vendidos en 150 dólares a los encantados visitantes, que por cierto pueden llegar a ser unos 5.000 cada día. Y aquí el lado más oscuro de esta historia: en el proceso de preparación, los elefantes maltratados pasan horas encadenados, se les obliga a dormir sobre hormigón y a veces se les priva de alimentos.

Y las actividades circenses tampoco se quedan atrás cuando de negocio con animales se trata. Los transportan durante largas distancias, en pésimas condiciones, encadenados y sin descanso para luego levantar sus carpas y presentar espectáculos de dolor, tortura y muerte que sacan de los bolsillos de los espectadores significativas sumas de dinero.

elefantes paseos

Esto que para turistas y espectadores significa diversión y que para quien ofrece el “servicio” es sinónimo de jugosas ganancias, para el elefante no es más que explotación. Los paquidermos son sometidos al cautiverio para domesticarlos, obligados a recorrer una y otra vez largas distancias e interactuar con los visitantes soportando las inclemencias del clima y el maltrato de sus guiadores, lo que llega a ser una mezcla mortal. Los elefantes maltratados terminan exhaustos, heridos, con yagas o con lesiones en la espina dorsal que les conducen a la muerte. Es así como su población se ha reducido tanto (oscila entre los 2.500 y los 3.200) que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha incluido al elefante asiático dentro de la lista de animales en peligro de extinción.

Esto, apoyado por las denuncias de las asociaciones de defensa de los animales, ha llevado a que al menos en Camboya, se prohíban a partir de 2020 estos paseos en los que las personas pueden subirse al lomo de los elefantes; y que países en como Austria, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Finlandia y Suecia se haya decidido vetar los espectáculos circenses.

África los caza

Pese a que el comercio de marfil fue prohibido por las Naciones Unidas desde 1989, sigue siendo un negocio altamente lucrativo que genera beneficios superiores a los 20.000 millones de dólares. En África, los esfuerzos por truncarlo resultan insuficientes y miles de elefantes son asesinados por balas de alto calibre para despojarlos del marfil al que diversas culturas le han atribuido propiedades afrodisíacas.

elefantes negocio

Botsuana es considerado el santuario favorito de los aficionados a los safaris de lujo. Allí, en el 2015 habitaban unos 135.000 elefantes en libertad, los cuales eran protegidos por guardabosques armados. Pero, en 2018, cuando una decisión gubernamental decidió retirarles las armas, los cazadores furtivos reaparecieron brutalmente. Entre los meses de julio y septiembre fueron hallados alrededor de 20 paquidermos muertos, con los colmillos arrancados. Para entonces, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) estimó que debido a la caza furtiva para el tráfico de marfil, la población de elefantes se había reducido en la última década de 415.000 a 111.000 individuos.

caza ilegal
El cruel negocio de la caza furtiva

Para conocerlo, haz click sobre la imagen

Un negocio despiadado

Desde muy pequeños, los elefantes son cruelmente amaestrados bajo una técnica llamada Phajaa, “la ruptura del espíritu”. Es practicada por un torturador, el Mahout, que utiliza su Ankus, un palo con un afilado gancho de metal que se clava cruelmente en las patas, orejas y nuca de estos grandes mamíferos, para convertirlos en animales sumisos que pueden llegar a ser vendidos hasta en 80.000 dólares.

El proceso de tortura empieza apenas poco tiempo después de nacer. Las crías son arrebatadas de sus familias, las cuales por lo general son asesinadas mientras tratan de proteger al ejemplar más pequeño. Una vez logrado el cometido, las crías son atadas día y noche por cuerdas y cadenas que les impiden movilizarse e interactuar con otros ejemplares. En adelante, se les niega la comida, no se les brinda atención veterinaria adecuada ni oportuna. A menudo se les obliga a vivir en lugares estresantes, encerrados y cercanos a carreteras o núcleos turísticos urbanos.

Así se les presiona física y psicológicamente hasta que el animal obedece al escuchar la voz de su amo, algo que no todos los elefantes logran resistir y mueren en el proceso de domesticación.

No hay oferta sin demanda

La tortura y el maltrato animal han sido los pilares de negocios altamente lucrativos. Tristemente hay muchas personas dispuestas a pagar por un entretenimiento que arrastra consigo el peso de la crueldad animal, de la esclavitud y de la muerte. Los elefantas maltratados y esclavizados son un ejemplo de ello.

Digamos no a este tipo de acciones y en cambio, exijamos la restauración de los espacios naturales y limitaciones más estrictas a la explotación turística de la fauna y el comercio ilegal de animales.

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