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La Guerra “eterna” del Agua en Bolivia

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Sequía, privatización, mala gestión y distribución, desvío de caudales, todo esto configura la eterna guerra del agua en Bolivia.

guerra del agua en Bolivia

Todo comenzó con la privatización

En el año 2000 Bolivia vivió un momento que marcó un antes y un después en la historia del país. El gobierno del entonces presidente Hugo Banzer, haciendo gala de su cara más neoliberal, le entregó a un consorcio internacional la llave de paso que regularía el suministro de agua en Cochabamba. La venta de la compañía municipal del agua, al igual que la de otros sectores estratégicos y servicios básicos, respondía a las exigencias del Banco Mundial para conceder un crédito al gobierno. El traspaso quedó blindado por la Ley 2029, que le permitió al consorcio la mercantilización del agua de Cochabamba.

Fue así como Aguas del Tunari, un conglomerado de empresas de Estados Unidos (Bechtel), España (Abengoa), Italia (Edison) y Bolivia (Petricevich y Soboce), se hizo cargo del agua potable y los servicios de riego.

La gota que derramó el vaso

Poco tiempo bastó para que Aguas del Tunari comenzara a cobrar por el uso de los acuíferos públicos, por el agua que las personas obtuviesen de sus pozos o del río. Pero la ambición fue tal, que también quiso cobrar por la recolección del agua de lluvia. En un abrir y cerrar de ojos, las tarifas a pagar por el servicio de agua se incrementaron hasta en 300% bajo el pretexto de mejoras en el suministro y mantenimiento. Pero la crueldad del negocio se dejó ver rápidamente. El incumplimiento del pago condenaba a los ciudadanos al desahucio, al despojo de sus bienes inmuebles.

Hartos del abuso al que estaban siendo sometidos, los ciudadanos decidieron emprender una batalla contra la privatización de aquel recurso tan necesario. Campesinos y citadinos se pusieron en pie de guerra y salieron juntos a luchar atendiendo al llamado de la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida. El entonces dirigente sindical, Evo Morales, hoy expresidente de Bolivia, fue quien lideró la llamada Guerra del Agua de Cochabamba.

guerras del agua
Guerras del agua. Causas y consecuencias

Para conocerlo, haz click sobre la imagen

Miles de bolivianos salieron a las calles a protestar contra un negocio que les privaba del acceso a un elemento vital, contra un sistema que privilegiaba al capital privado por encima de los derechos de la población. Todos bajo un mismo grito: ¡el agua es nuestra, carajo!

Fueron tres meses continuos de lucha. La respuesta del gobierno fue la represión. Se desplegó a los cuerpos policiales y las fuerzas armadas para contener el reclamo popular. Hubo gases lacrimógenos y disparos, heridos y un muerto. Pero nada detuvo a aquel pueblo cansado de ver cómo el modelo económico violaba sus derechos.

No bastaron las armas ni la fuerza. Pudo más el poder soberano. El gobierno de Hugo Banzer quedó acorralado por aquella masa popular que exigía la recuperación del agua como un bien común. No le quedó más que negociar. Terminó por anular la Ley 2029, revocar la concesión de Aguas del Tunari y convertir a la compañía de agua de Cochabamba nuevamente en una empresa pública. Esta vez pasó a manos del control social.

¿Realmente se ganó la guerra del agua en Bolivia?

Aunque ya no hay empresa privada que regule el suministro de agua en Cochabamba, el abastecimiento del vital líquido en algunas zonas, sobre todo las del sur, presenta nuevos desafíos. La carencia de acuíferos, su contaminación y la expansión de prácticas extractivistas hacen difícil el reparto seguro del agua potable. Esto ha dado pie a la venta (privada) de agua por litros. Los menos favorecidos por el sistema de distribución del agua tratan de sortear las dificultades comprando, aunque sea, pequeñas cantidades que le permitan cocinar, limpiar o bañarse. Y la situación se extiende a la ciudad de El Alto, La Paz y El Chaco, donde muchas personas siguen cavando pozos en busca de agua.

Pero hay que agregar que la falta de inversión y mantenimiento para la conservación de las fuentes de agua también han empeorado la situación.

Lo cierto es que ni los Programas de Mi Agua y Mi Riego ni la instalación de nuevas plantas de tratamiento han logrado mejorar la distribución del agua en el país del altiplano.

Aun quedan otras batallas que librar

Bolivia y Chile han protagonizado por años una disputa por las aguas del Silala.

El primero alega que se trata de un manantial cuyas vertientes nacen en su territorio y alcanzan a su vecino gracias a una serie de canalizaciones artificiales emprendidas por Chile. Por tanto, le exige una indemnización por el consumo histórico de sus aguas. Según un estudio realizado por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología boliviano (Senamhi) se trata de 4,8 millones de metros cúbicos al año.

Desde La Paz, además, se acusa a Chile del desvío del río Lauca, y se reclama la salida soberana al mar que perdió en 1879 durante la Guerra del Pacífico.

Chile, en cambio, argumenta que el Silala es un río transfronterizo que desemboca naturalmente en la región de Antofagasta y abastece a varias poblaciones del país.

La polémica viene desde principios del siglo XX cuando la compañía inglesa “The Antofagasta and Bolivia Railway Company Limited” obtuvo un permiso para el tránsito de sus locomotoras a vapor por las aguas del Silala. Aunque dicho tránsito no continuó, los canales artificiales que quedaron siguen permitiendo la llegada de aguas bolivianas al norte de Chile.

Desde entonces, demandas y contrademandas van y vienen. Han sido expuestas en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya y aun hoy se discuten. El cambio político que ha dado Bolivia con la salida de Evo Morales de la presidencia, le ha da un nuevo giro a la controversia. Así que la pugna pica y se extiende.

Pero, la lucha por el agua en Bolivia no es solo contra los intereses privados ni contra sus vecinos. El derretimiento de los glaciares del altiplano, la sequía, la deforestación y el crecimiento demográfico, acentúan, día a día, la escasez de lluvia y de agua potable. Dos tercios de la población sigue batallando para sobrellevar la guerra del agua en Bolivia. Aun padecen la ausencia de políticas ambientales, económicas y sociales que garanticen un acceso justo y universal al agua.

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