La ganadería es, evidentemente, una de las principales causas de la degradación del suelo y de los recursos hídricos.
La destrucción de cientos de hectáreas de bosques con el fin de lograr la creación de pastizales para el ganado, conlleva a la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera; y, la producción animal a gran escala, acrecienta la emisión de metano. Una combinación que contribuye al aumento de la temperatura del planeta y, por ende, a la generación de eventos climáticos extremos, como inundaciones más graves y ciclos de sequía más severos.