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Un incendio en el Golfo de México desnuda, una vez más, la tragedia ambiental de los combustibles fósiles

En días recientes, una pavorosa imagen que parecía sacada de una película de ficción inundó las redes sociales. En la imagen se aprecia un enorme círculo de fuego que emergía del fondo de las aguas. El incendio, que lucía incontrolable, fue provocado por un escape de gas proveniente de una plataforma de la estatal petrolera Pemex en el Golfo de México.

Incendio en el Golfo de México

El aparatoso incendio, descrito por algunos medios como “un ojo de fuego” sobre el mar, se inició luego de una fuga de gas. Este escape se produjo en uno de los ductos submarinos de 12 pulgadas, a 150 metros de la plataforma de la empresa petrolera, frente a las costas del estado mexicano de Campeche.

Según el comunicado de Pemex, apenas se detectó la fuga del gas se activaron los protocolos de seguridad contra incendios. La compañía explicó que buzos expertos bajaron a 78 metros de profundidad para reparar y cerrar las válvulas. Cinco horas más tarde, el incidente estaba controlado y el presidente mexicano, comparecía ante los medios de comunicación.

El primer mandatario anunciaba que se llevaría a cabo una investigación para determinar el origen de la fuga y el posterior incendio. En un comunicado difundido más tarde por la empresa petrolera, se indicó que no se habían producido pérdidas humanas ni evacuaciones y que la plataforma había reanudado sus operaciones normales. El complejo Ku-Maloob-Zaap, al que pertenece la plataforma siniestrada, aporta más del 40% de la producción diaria de petróleo de México.

Una industria bajo la lupa

Aunque las llamas fueron controladas, no cabe duda de que el incendio subacuático en el Golfo de México ocasionó severos daños en el ecosistema marino. Las imágenes del espectacular incendio no solo sirvieron viralizarse en redes sociales. También fueron el punto de partida para diversos debates y advertencias sobre el actual modelo energético basado en combustibles fósiles.

Contaminación de combustibles fósiles
Aunque se ha avanzado en energías renovables, los combustibles fósiles siguen imperando.

Tal como ardieron las aguas del mar mexicano, las redes sociales fueron un hervidero de opiniones y señalamientos. Todos los pronunciamientos iban dirigidos a cuestionar duramente a la compañía Pemex, al ejecutivo de López Obrador y en contra del modelo extractivista de desarrollo económico y de producción de energía.

Greenpeace México fue una de las primeras organizaciones en pronunciarse. Desde su plataforma digital clamaba al gobierno mexicano que reconsidere su política en materia energética. Consideran los activistas que el incendio es el reflejo de lo inviable que resulta para el medio ambiente mantener en funcionamiento la industria de combustibles fósiles, en México y en el resto del planeta.

Igualmente, la organización no ha dudado en calificar como ecocidio lo que el gobierno mexicano ha llamado accidente. Aseguran en Greenpeace que un ecocidio es un acto o acción que se lleva a cabo aun a sabiendas de que puede ocasionar serio y graves daños, extensos y duraderos, en el medio ambiente.

Pemex, la estatal mexicana de petróleo viene arrastrando una severa crisis en sus finanzas y el ejecutivo de Andrés López Obrador se ha propuesto reflotarla. Este rescate de la industria forma parte del plan de autosuficiencia energética del gobierno mexicano.

¿Hasta cuándo los combustibles fósiles?

Los daños que ocasiona la extracción, producción y uso de combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo, están suficientemente documentados. Las afectaciones a los ecosistemas y su biodiversidad, así como las emisiones de gases de efecto invernadero, dan cuenta de qué tan contaminante puede llegar a ser la industria sobre la que se cimenta la economía mundial.

El incendio en aguas mexicanas es el enésimo accidente relacionado con la industria petrolera. Lamentablemente el mundo está lejos todavía de presenciar el fin definitivo de los combustibles de origen fósil. El deseo del ejecutivo mexicano de fortalecer la industria petrolera y su producción es también el de otros gobiernos.

La misma Greta Thunberg, ante las imágenes del incendio en el golfo mexicano, cargaba en contra la clase política mundial. “Los líderes mundiales se llaman a sí mismos ‘líderes climáticos’ mientras abren nuevos campos petroleros, oleoductos y plantas de energía de carbón”, sentenciaba la joven desde su cuenta en Twitter.

En ese sentido también apunta el escritor Andreas Malm. En una reciente entrevista, el profesor e investigador sueco asegura que la industria petrolera se resiste a desaparecer y su fin no está cercano. Estas declaraciones se dan en medio del lanzamiento de su libro Capital fósil, donde analiza las raíces del capitalismo, el sistema económico que genera más emisiones y el principal responsable del cambio climático.

Subraya Malm que, a pesar del avance de las energías renovables, el 80% de la energía que mueve al mundo proviene de los combustibles fósiles. Empresas como BP, Total o Shell dicen estar invirtiendo en energías limpias, pero la realidad es que sus apuestas más fuertes son por el petróleo o el carbón porque son las que más beneficios les dan.

El poder de la gente

Para Andreas Malm, el fin de los combustibles fósiles solo será posible cuando la ciudadanía ejerza una presión importante sobre el asunto. La industria de las energías no renovables es un negocio, y como en cualquier otro, lo más importante es obtener ganancias. Por lo tanto, el escritor no es optimista en cuanto al fin de las energías del petróleo o el gas.

Incendio en plataforma petrolera de Pemex
El fin de las energías fósiles llegará cuando la lucha se haga colectiva.

Gobiernos, como el de Reino Unido o el de Noruega, siguen otorgando concesiones para que las empresas sigan explorando y extrayendo hidrocarburos del Mar del Norte. Asegura que si en algo ha sido eficiente el capitalismo es en desarrollar tecnología para seguir extrayendo las riquezas del subsuelo.

De lo que sí está convencido es del poder de la lucha colectiva. Sostiene que hay que dejar de pensar y actuar como individuos y hacerlo como un colectivo. De esta forma se puede lograr cambios sustanciales en la conducción de las políticas económicas y energéticas.

Mientras tanto, los gobiernos y las empresas siguen empeñados en mantener un modelo que ha demostrado muchas veces ser una catástrofe para el planeta. El incendio en el Golfo de México no es más que otra demostración, seguramente no será la última, del profundo impacto de la actividad humana sobre los ecosistemas y el clima.

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