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¿Sería viable el racionamiento para enfrentar el cambio climático?

La palabra racionamiento tiene una connotación muy negativa. Remite a escasez, hambrunas o guerras. Sin embargo, hay quienes están convencidos de que el racionamiento puede ser una medida eficaz para enfrentar el cambio climático. A pesar de la mala prensa, algunos lo consideran necesario para tratar de bajar las emisiones de gases de efecto invernadero de manera rápida.

Racionamiento para enfrentar el cambio climático

Frente a la crisis medioambiental se buscan toda suerte de iniciativas. Algunas más creativas que otras, pero el racionamiento es una medida que tiene casi un siglo de antigüedad. A pesar de eso, esa cada vez más frecuente escuchar y leer acerca de establecer límites al consumo.

El decrecimiento es una de las opciones para frenar la crisis climática, lo que hace pensar que, inevitablemente debería venir acompañado de un descenso en el consumo. Ahora bien, ¿sería una medida eficaz contra el cambio climático? ¿A quiénes se les aplicaría un racionamiento y en qué niveles? ¿Estaríamos dispuestos a renunciar a ciertos privilegios y comodidades de nuestro modo de vida?

El racionamiento es una medida que ha demostrado ser eficaz para repartir los recursos existentes de manera justa y equitativa en momentos de crisis. Sin embargo, en un contexto sociocultural que promueve el consumo, tal iniciativa luce hasta descabellada.

Además, los poderosos siempre encuentran la forma de quebrantar a su favor medidas similares ya implementadas. Tal como ocurre con los bonos de carbono, donde las economías más fuertes compran a los países del Sur Global su cuota de emisiones, ¿qué podría impedir que un millonario compre a un trabajador su cuota de consumo de carne, por ejemplo?

¿En qué consistiría un racionamiento en favor del clima?

Para algunos estudiosos y divulgadores es necesario y urgente consumir menos. El planeta no tiene los recursos suficientes para un crecimiento económico ilimitado. Aunque algunos consideran que el racionamiento no sería una medida bien recibida, la llegada de la pandemia, y sus consiguientes impactos económicos y sociales, ha echado por tierra muchas ideas del neoliberalismo que se pensaban inamovibles.

Qué es un racionamiento climático

Desde la llegada de la Covid-19, medidas asistencialistas, execradas del modelo neoliberal que mueve al mundo, son bien aceptadas y hasta aclamadas porque son necesarias. Cada vez es más común que se exijan subsidios con dinero público a servicios y bienes esenciales, control de precios para evitar la especulación y el racionamiento de productos básicos y escasos.

En ese escenario, hay quienes creen que ha llegado el momento de aplicar medidas de austeridad en el consumo. Ya no como una iniciativa voluntaria, sino como una política de gobierno para frenar las emisiones y el calentamiento del planeta. Consistiría en una suerte de libreta donde se asentarían límites para el consumo de carne, kilómetros recorridos en avión, entre otros.

Esta idea tampoco es muy novedosa. Ya hay un antecedente en Reino Unido durante la década de los 90. En ese entonces David Miliband, secretario de Estado de Asuntos Exteriores de Tony Blair propuso una idea similar. No prosperó porque ya se sabe que los tiempos de la política no siempre van en sincronía con las necesidades del planeta.

Racionamiento contra impuestos

Si bien muchos estudios han comprobado que los que más tienen contaminan más, es necesario asumir que todos estamos sobre el planeta y tenemos una responsabilidad. Impactamos sobre el planeta y sus recursos naturales cuando nos alimentamos, cuando viajamos en automóvil o tomamos un vuelo ridículamente barato.

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Exigir a la población un cambio en el estilo de vida no ha demostrado tener eficacia. Hay personas que lo hacen y otras no. Y no tiene que ver, muchas veces, con ser o no ser consciente. Es que sería muy poco ético obligar a una persona de escasos recursos, que no puede elegir entre un filete de ternera y una ensalada de tomates orgánicos, a renunciar a la carne.

Otro tanto pasa con los impuestos. Algunos han propuesto impuesto a la carne, pero está demostrado que los impuestos verdes tienen un impacto en los más pobres. Un aumento en el precio de alimentos o vuelos, producto de las tasas impositivas, solo afectarían a aquellos que no pueden costear ese incremento. Los que sí podrían permitirse el filete o el vuelo son justamente los que más contaminan.

Un cambio en la conciencia

Según algunos estudiosos del tema, plantear una “cartilla de racionamiento” ecológica requeriría que se hiciera con reglas claras. Por ejemplo, sería obligatorio que los cupos de emisiones fuesen intransferibles, pero además ajustados según las necesidades de cada persona. De esta manera se evitaría el comercio de cupos que obligaría a los más pobres a renunciar a ciertos bienes.

Racionamiento para bajar emisiones

Aunque la emergencia climática exige medidas drásticas, pocas personas están dispuestas a asumir imposiciones, mucho menos si se trata de consumo. El sistema económico que impera en el planeta es aspiracional, individualista y está basado en la idea de que el consumo significa realización personal.

¿Cómo se le exige a una persona que no tome un vuelo, o que no cambie su ordenador todos los años si el sistema se encarga de enviarle el mensaje contrario en todo momento? Hacer un reseteo de conciencia exige que los valores de la sociedad también cambien. Y eso no ocurre de manera milagrosa. Es difícil, pero se puede hacer.

El ser humano ha demostrado muchas veces que es capaz de adaptarse a todo. Hasta hace muy poco tiempo estaba permitido fumar en espacios cerrados, incluso en hospitales. Hoy, tal cosa resulta sencillamente inconcebible. Dejar de usar tanto el coche o comer menos carne no deberían ser medidas odiosas e imposibles de aplicar sino prácticas cotidianas. Y para ello, los mensajes que se emiten a través de los medios deben cambiar.

No es ético, en medio de una emergencia climática aupar a la población a tomar vuelos baratos o a consumir fast fashion. El racionamiento para enfrentar el cambio climático puede que suene a carencias y a escasez, sin embargo, podría ser una medida que, bien aplicada, significaría un cambio de paradigma de desarrollo.

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