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Seca, la enfermedad que ataca a las encinas y pone en riesgo la sostenibilidad de la dehesa

La dehesa quizá sea uno de los ecosistemas más importantes y conocidos de la Península Ibérica y de todo el Mediterráneo. Es por esta razón que los científicos y las comunidades se encuentran preocupados por el avance de una enfermedad mortal que ataca a las encinas, conocida de manera más común como seca, y que debilita al árbol de manera progresiva.

Seca, la enfermedad de las encinas

Aunque la imagen más conocida de estos bosques es la de ser el escenario por donde campea el afamado cerdo ibérico, esta no es la única razón de su valor. La dehesa brinda una importante cantidad de bienes y servicios ecosistémicos a la sociedad. Lamentablemente, hoy están seriamente comprometidos por la enfermedad llamada también podredumbre radical.

El mal que se ceba con las emblemáticas encinas, y compromete la preservación de la dehesa, está causado por un patógeno llamado Phytophthora cinnamomi, popularmente conocido como fitóftora. Este microorganismo, parecido a un hongo, hace vida en los suelos y se alimenta de las raíces más finas de la encina, las que usa la planta para tomar el agua y nutrientes del sustrato.

Como si el hongo no fuese ya una tragedia, el cambio climático, las sequías y las lluvias extremas debilitan aún más a los árboles enfermos y aceleran la muerte de las encinas. El drama de la seca no termina con la muerte del árbol. El terreno que ha sido foco de fitóftora se declara inutilizable para siempre.

¿Qué es exactamente la seca?

Según el sitio web del Observatorio Dehesa Montado, lo que se conoce como seca es una enfermedad que provoca el debilitamiento y posterior muerte de las encinas y alcornoques. Se le llama seca porque uno de los síntomas del mal es la pérdida paulatina de las hojas, parecido a lo que sucede durante la sequía.

Sin embargo, desde el Observatorio afirman que esta pérdida de hojas puede deberse a otras causas, por lo que el término seca resulta muy impreciso. Esta falta de exactitud en la denominación pudiera afectar la correcta gestión y control de la enfermedad. Es por esto que la organización aboga por llamar de manera más precisa a la seca como pudrición radicular por fitóftora.

La fitóftora (Phytophthora cinnamomi) es un hongo microscópico que ataca directamente a las raíces hasta podrirlas. La palabra Phytophthora es de origen griego y significa “destructor de plantas”. Un nombre bastante ajustado y que da una idea de lo que provoca este microorganismo. El hongo promueve un proceso de pudrición que le impide a la planta tomar agua y nutrientes del suelo, lo que la conduce irremediablemente a la muerte.

Poderoso enemigo

El fitóftora tiene un origen tropical y subtropical, pero es capaz de sobrevivir sin mayores inconvenientes en climas más fríos. Sin embargo, las temperaturas idóneas para su crecimiento se ubican entre los 20° y 32.5°, una característica que ha determinado su actuación en el entorno mediterráneo.

La seca afecta el ecosistema de dehesa
La dehesa es mucho más que el cerdo ibérico. Es un ecosistema que brinda invaluables servicios.

Este organismo no solo ataca a las encinas y alcornoques. El hongo fitóftora ataca a más de 1000 especies vegetales, donde están incluidas especies forestales, frutales y ornamentales. Sus víctimas predilectas son los castaños, los robles y distintas coníferas, así como los aguacates, las azaleas y los brezos.

Es tal su poder destructivo que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha colocado al hongo en la lista reservada para las especies exóticas invasoras más perjudiciales del mundo. En la actualidad se encuentra en más de 70 países donde afecta a varios ecosistemas forestales.

Al igual que ocurre con la dehesa mediterránea, la fitóftora puede encontrarse en los bosques de jarrah australianos y el fynbos en Sudáfrica. En Europa se ha localizado en España, incluidas las Islas Canarias, en Portugal, Italia y Francia.

Es necesario actuar a tiempo

Así como pasa con algunas enfermedades humanas, la herramienta más eficaz para enfrentar a la seca es la detección temprana. Su crecimiento es silencioso pero implacable. Cuando ya la planta muestra síntomas, como la pérdida de hojas o la pérdida de fuerza en el árbol, el patógeno está muy extendido en la raíz de la planta y no es posible, muchas veces, salvarlas.

La pudrición radicular enferma las encinas
La seca compromete la sostenibilidad de uno de los ecosistemas más emblemáticos del Mediterráneo.

Una investigación llevada a cabo recientemente determinó que es posible conocer, hasta con dos años de antelación, los primeros síntomas de la enfermedad en los árboles. Esto se ha logrado gracias a fotografías de alta resolución hechas por sensores que superan lo que puede captar el ojo humano. La idea es detectar a tiempo los cambios fisiológicos que se estén dando en la planta.

También hay otras líneas de actuación contra la seca. Por un lado, se está tratando de investigar algunos residuos capaces de combatir al patógeno, tal como hacen los fertilizantes de calcio. Igualmente, se adelantan estudios de microorganismos presentes en el suelo. Estos microbios se comportan como antagonistas del hongo fitóftora y limitan su crecimiento en las raíces de las encinas.

Si bien todas las opciones para hacerle frente a la seca son bienvenidas, lo más importante para salvar a las encinas de la enfermedad es hacer una gestión integral de los bosques de dehesa. Esta gestión debe incluir el mantenimiento y la renovación de las formaciones arbóreas, así como la ordenación de los usos de la dehesa y la conservación de la biodiversidad de ese importante ecosistema mediterráneo.

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