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Por tu salud, deberías conocer qué son los “químicos eternos”

Son ubicuos. Se encuentran en muchos objetos de uso cotidiano que hacen la vida más sencilla, pero no los vemos ni los percibimos. Es más, no sabemos ni su nombre. Sin embargo, deberíamos saber que existe algo que se conoce como “químicos eternos” y que afectan la salud.

Qué son los químicos eternos

Estos “químicos eternos”, o químicos persistentes como se les conoce más comúnmente, son compuestos químicos con una alta concentración de flúor. Reciben el nombre de perfluoalquilo y polifluorocarbono (PFAS) y forman parte de la industria desde 1944 por ser, entre otras muchas propiedades, retardantes de flama y protectores contra las manchas.

Se les llama eternos o persistentes porque nunca llegan a descomponerse, ni en el medio ambiente ni en el cuerpo humano. Tienden más bien a acumularse durante años. De hecho, se han encontrado partículas de estos químicos en el agua potable, en el polvo y en el torrente sanguíneo.

Quizá alguna vez te hayas preguntado por qué hay sartenes a los que no se les pega nada, o por qué algunas telas son impermeables. La respuesta está en los PFAS. La nomenclatura PFAS incluye a los químicos PFOS, PFOAS y GenX, pero se calcula que hay más de 4.700 componentes a base de flúor.

Se les encuentra en productos muy variados y de uso muy frecuente en los hogares.

Estos son algunos:

  • Empaques de alimentos
  • Espumas contra incendios
  • Cacerolas y sartenes antiadherentes
  • Telas impermeables
  • Pigmentos y pinturas
  • Cosméticos, sobre todo en los esmaltes para las uñas
  • Espumas de afeitar
  • Plaguicidas
  • Componentes electrónicos

Estos químicos, aunque su uso está muy extendido, son altamente nocivos para la salud humana. Incluso, la lista de países que regulan su uso y la exposición a ellos crece cada día.

¿Por qué son dañinos los químicos eternos?

Estos componentes han estado presentes durante años en la industria porque son muy versátiles. Sin embargo, desde hace más o menos dos décadas están siendo vigilados de cerca por las autoridades sanitarias en muchos países.

En dónde se encuentran los químicos eternos
Los PFAS están en muchos productos que se usan de manera cotidiana en los hogares.

En el año 2019, se filtró a los medios de comunicación unos documentos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés). En los papeles se revelaba que había altos niveles de químicos PFAS en productos de supermercado como fiambres, piña y pasteles de chocolate.

Cuando se hallan altas concentraciones de estos químicos pueden causar desde colesterol elevado hasta cáncer de riñón o de testículos, afecciones de la tiroides, defectos congénitos y daños hepáticos.

Aunque la filtración de la información de la FDA levantó mucha polémica entre la opinión pública, este no es un tema nuevo para la ciencia. La Agencia de Protección del Ambiente de Estados Unidos sabe desde hace veinte años que en 43 estados el agua potable que le es suministrada a 19 millones de personas está contaminada con PFAS.

Más recientemente, un estudio de la Universidad de Northeastern añadió información sobre la presencia de estos químicos en el agua potable. Dicen los investigadores que se encontraron también en bases militares, aeropuertos, plantas industriales, vertederos y en campos de entrenamiento.

David Andrews, médico toxicólogo e investigador, asegura que la mitad del tiempo de vida de los PFAS es de cuatro a cinco años. Esto quiere decir que “si una persona ingiere algún producto con PFAS, solo la mitad de ellos se habrá descompuesto en cuatro o cinco años”, asevera.

La solución no está en el consumidor

Algunos expertos señalan que los PFAS son tóxicos dependiendo de cuánto de ellos incluyamos en nuestra vida cotidiana y con qué frecuencia. Es decir, quedaría a criterio del consumidor cuántos productos con PFAS incluye en sus compras. Sin embargo, esto no es tan sencillo. Muy pocos consumidores están capacitados para entender un etiquetado de ingredientes.

Por que son peligrosos los químicos persistentes
Muebles, pinturas y utensilios pueden contener en sus materiales PFAS.

Por otro lado, son tantos los productos que contienen PFAS, y los ambientes contaminados, que es bastante ingenuo, por decir lo menos, creer que es posible evitarlos. Quizá se pueda convencer a las personas que no consuman palomitas de maíz de microondas, o el papel film tan popular en las cocinas, pero el agua potable que llega a los hogares viene con químicos fluorados.

Una solución a la contaminación por químicos PFAS debe provenir de las autoridades sanitarias de cada país y de la industria. Los consumidores no tienen la información necesaria, ni margen de maniobra, para evitar que estos químicos entren en contacto con ellos y afecten su salud. Marcos legales y controles efectivos son los que pueden hacer cambios  

Hasta el momento los vetos a los PFAS son muy limitados. En julio de este año, el estado de Maine (Estados Unidos) dio un paso al frente y se convirtió en el primer gobierno en prohibir, a partir de 2030, la venta de productos que contengan PFAS. Quedarían por fuera de la regulación los productos en los que es inevitable su uso, como algunos productos médicos.

En ese mismo sentido ha actuado Dinamarca, al prohibir su uso en papeles y envases para alimentos, papel para hornear, cajas de pizzas y empaques de palomitas de microondas.  

El conocimiento salva. Es vital conocer qué son los “químicos eternos”, dónde se encuentran y cómo afectan nuestra salud. Solo así es posible decidir. Pero, es urgente que a los fabricantes se les exija, mediante regulaciones estatales, dejar de usar los PFAS en productos cotidianos y cuyo uso está tan extendido.

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