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¿Qué pasará en los pueblos mineros cuando Alemania deje la extracción y uso del carbón?

Desde hace décadas Alemania es el líder mundial en la extracción del carbón, específicamente de lignito, un tipo de carbón considerado muy contaminante. Para honrar sus compromisos en la lucha global contra el cambio climático, Alemania ha dicho que eliminará por completo la producción y uso del carbón para el año 2038.

Alemania y la extracción del carbón

Para llegar a convertirse en el epicentro mundial de la extracción del lignito, a finales de la década de los 40, Alemania recurrió a los desalojos sistemáticos, según estimaciones, de más de 300 pueblos en la región de Renania del Norte-Westfalia. En las zonas donde antes había poblados y bosques ahora acogerían minas de carbón.

En ese entonces, las empresas de generación de energía, como la RWE, que son también las operarias de las minas, compraron poblados enteros. Los habitantes se mudaban a lugares recién construidos que ahora colindarían con extensas minas de carbón a cielo abierto. Incluso, hubo casos donde hasta los cementerios fueron mudados.

Esta realidad fue moldeando el paisaje y la cotidianidad de la región. Se arrasó con bosques milenarios casi enteros, con tierras de cultivo, se destruyeron unos pueblos y se construyeron otros. Igualmente, las minas de carbón fueron el eje del desarrollo económico de la zona, pues la minería del carbón proporcionó miles de puestos de trabajo, calificados y manuales.

Sin embargo, la región de Renania del Norte-Westfalia está a punto vivir otro cambio. Uno que debe hacerse de manera urgente si lo que se quiere es cumplir con el Acuerdo de París.

Alemania necesita cambiar

Alemania es el país más contaminante de Europa. Sus emisiones de gases de efecto invernadero per cápita son casi el doble de las de Francia e Italia. Esto se debe precisamente a que encabeza dos listados clave: la producción mundial de lignito y la generación de electricidad a partir del carbón.

Por tanto, cumplir con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París requiere medidas inaplazables.

En el año 2020, Alemania informó que para 2038 habría dejado atrás por completo el uso de carbón. Esta decisión resulta crucial, puesto que la extracción y la quema del lignito, el tipo de carbón que explota el país, es responsable del 20% de las emisiones de dióxido de carbono.

El lignito es conocido también como el “carbón marrón”, y es muy contaminante. Al tener menos densidad debe usarse mayor cantidad en los procesos para obtener la misma cantidad de energía. Según algunos estudios, el lignito contamina más allá de las fronteras alemanas. Dependiendo de la dirección del viento, la polución puede llegar incluso a Reino Unido.    

Para avanzar en la transición hacia una economía descarbonizada, el gobierno federal alemán ha otorgado a la región de Renania del Norte-Westfalia 15.000 millones de euros. Estos recursos están destinados a iniciar un proceso que enrumbe a la región, de manera exitosa, hacia un futuro donde no sea el carbón el que dicte la pauta.

¿Cómo se construye el futuro?

Si alguna palabra define el sentimiento de los habitantes de esta región de Alemania esa es esperanza. Ellos esperan que la transición no los arrolle. Los políticos, por su parte, esperan que haya empleos y desarrollo sostenibles. Los ambientalistas esperan que el 10% del bosque de Hambach que queda se salve y se amplíe la cubierta forestal. En definitiva, todos esperan.

Alemania abandona la extracción y uso del carbón
A finales de la década de 1940 se demolieron, al menos, 300 pueblos para darle paso a las minas de carbón y el proceso no se detiene.

“Queremos convertirnos en un modelo para el resto del mundo sobre cómo salir del carbón”. Estas palabras de Ralph Sterck definen muy bien el espíritu que guía las acciones presentes y futuras. Sterck es director ejecutivo de Zukunftsagentur (Agentes del Futuro), una organización que concentra sus tareas en idear la mejor estrategia para usar los fondos otorgados.

En una entrevista concedida a BBC, el activista dice que tienen una batería de buenas ideas para la región. El mayor desafío será ofrecer tantos puestos de trabajo como los que ofrece el carbón. No es sencillo, porque las energías renovables, la apuesta de las empresas generadoras como RWE, demandan menos trabajadores.

Sin embargo, Sterk prefiere ver el vaso medio lleno. Asegura que los nuevos puestos de trabajo estarán en la investigación de la inteligencia artificial, la producción de hidrógeno y la computación cuántica. Estas nuevas industrias no solo reemplazarán los empleos que se están perdiendo, sino que se crearán otros.

Por otro lado, se tiene previsto que sobre dos de las minas más grandes se creen sendos lagos, un proceso que puede tomar unos 100 años dadas las dimensiones. En otra de las explotaciones se construirán nuevos asentamientos, luego de rellenar con tierra los socavones que deja la actividad minera.

Para algunos, el fin del carbón luce lejano

Especialistas, incluidos los de la Unión Europea (UE), no dudan en afirmar que el plan de Alemania para dejar atrás el carbón no es para nada ambicioso. De hecho, está muy por debajo de las recomendaciones ambientales en ese sentido. Para poder cumplir con la meta de frenar el alza de las temperaturas globales en 1,5 grados centígrados, la UE debe eliminar el carbón para 2030.

Alemania es el mayor contaminante de Europa
Las organizaciones ambientalistas creen que el plan de Alemania de abandonar el carbón es poco ambicioso.

Organizaciones como Amigos de la Tierra creen que la extracción de lignito debe detenerse ya. Son escépticos con el plan alemán, puesto que todavía se contempla la expansión de las minas durante varios años. Esto significa la destrucción de al menos cinco pueblos más. Se muestran favorables a que en la región de las minas se desarrolle un polo de energía renovable y que se favorezca el crecimiento del área boscosa.

Si en algo coinciden todos los involucrados es que debe ser tomada en cuenta la opinión de cada una de las partes. Los pobladores de la región, los que una vez resintieron tener que salir de sus hogares, ahora ven las minas de carbón como su principal fuente de sustento y desarrollo, y se muestran preocupados por la premura con que se lleva a cabo el proceso eliminación de la minería.

Los ambientalistas, por su parte, están entregados a la defensa activa del 10% que queda del bosque de Hambach. En 2019, un grupo de activistas tomaron Hambach para evitar que la empresa RWE siguiera talando árboles para ampliar la mina. En ese entonces, algunos pobladores vieron esto como una amenaza a su fuente de empleo y subsistencia.

Para que cualquier plan de Alemania por eliminar la extracción del carbón pueda ser eficaz no debe dejar a nadie atrás. Tienen la responsabilidad de ser modelo y paradigma para otros países, porque abandonar las energías fósiles es el futuro para el planeta. Si bien la mayoría ve con buenos ojos la salida del carbón, debe ser un proceso inclusivo y manejado con tacto porque existen intereses contrapuestos.

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