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¿Qué es el colonialismo verde?

Para hablar del colonialismo verde, o eco colonialismo, es necesario primero precisar qué es el colonialismo. El surgimiento de este fenómeno está relacionado con la pretensión de algunas sociedades o grupos humanos, de imponer una supuesta modernidad y desarrollo a otros pueblos, que pasan a ser colonias administradas por una metrópoli o centro de poder económico, militar y político.

¿Qué es el colonialismo verde?

El colonialismo está signado por la dominación y este dominio abarca la esfera social, la política y la económica. Tal como lo expresa Carlos Álvarez Pereira, miembro del Club de Roma, el colonialismo es una “tragedia, reconocida por los perpetradores, que se abatió sobre la mayor parte del mundo, en nombre del ‘progreso’ y la ilustración de la sociedad occidental”.

A lo largo de la historia, el colonialismo se ha adueñado, mediante la fuerza, bien sea militar o económica, de los recursos de las colonias. Los recursos naturales, los bienes culturales y la fuerza de trabajo son los bienes más explotados por los países que ejercen el poder vertical del colonialismo.

Más recientemente, ese colonialismo se expresa mediante la deslocalización de actividades económicas altamente contaminantes. Esto se traduce en que los países más industrializados y globalizantes trasladan a otros países colonizados los costes medioambientales, sociales y humanos del progreso “verde y limpio” de las sociedades más “desarrolladas y avanzadas”.

Hoy en día, por ejemplo, es una práctica frecuente que los residuos tecnológicos del mundo desarrollado acaben en vertederos de países pobres, desprovistos de toda norma de control ambiental o sanitario.

¿Por qué es necesario hablar de colonialismo verde?

El colonialismo ha venido mutando hacia formas más adaptadas a los tiempos que transcurren. Frente a la aparición de la pandemia que, un año más tarde, sigue marcando los ritmos globales, distintos estudiosos del tema medioambiental llaman a un debate.

¿De dónde surge el colonialismo verde?
Las energías alternativas están extendidas por todo el planeta, pero pocos las dominan.

Han dicho que es hora de hablar con sinceridad sobre un desafío aún mayor que el que plantea la Covid-19. La humanidad está enfrentando una “pandemia ambiental” para la que no existe vacuna. En un contexto marcado por el cambio climático, la escasez de recursos naturales y la pérdida de biodiversidad, los países más industrializados del planeta han planteado la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono.

Sin embargo, no se trata solo de reducir las emisiones. Es imperativo discutir sobre el modelo de desarrollo que prevalece en el planeta y cómo ha hecho uso de los recursos naturales.

Dos de los grandes polos mundiales de desarrollo industrial, Estados Unidos y Europa, han propuesto sendos documentos que apuntan hacia una descarbonización de la economía. El Pacto Verde Europeo y el New Green Deal estadounidense están concebidos para echar las bases de una economía basada en fuentes de energía renovables.

Ahora bien, ante las propuestas del mundo desarrollado algunos pensadores, activistas e historiadores se muestran escépticos, incluso temerosos. El investigador científico Jesús Rey Rocha ve con buenos ojos la aparición de contratos sociales basados en el respeto por la naturaleza. Sin embargo, no esconde su preocupación por el rumbo que pueden tomar estos tratados.

En un artículo publicado en el portal Ethic, el especialista advierte que estos compromisos “verdes” pueden convertirse en una mera oportunidad de negocio y de estrategia de dominio geopolítico, bastante alejados del establecimiento de una economía más justa e inclusiva.

Predomina el deseo de dominación

Carlos Álvarez Pereira sostiene que en el Norte desarrollado del planeta prevalece la creencia, y hasta el sentimiento, de ser una civilización más avanzada. Aunque muchos países han reconocido la brutalidad con que se ha querido imponer ese desarrollo, aún se busca imponer un sistema y un pensamiento únicos.

Aunque en la actualidad las distintas formas de energías renovables han ido avanzando en todo el planeta, todavía se está lejos de que sean accesibles para todos. Tampoco hasta ahora ha sido posible controlar de manera igualitaria esas formas de energía.

Para que las energías alternativas sean inclusivas y justas es necesario contar con tecnología para captarla, almacenarla y distribuirla. De manera tal que, por un lado, tenemos que el Norte posee la tecnología y el dinero para invertir. Del otro lado, un Sur Global que es rico en materias primas esenciales para las energías limpias, como el litio y el cobre, y recursos naturales como el agua.

Entonces se impone el mismo criterio extractivista que ha marcado las relaciones entre los países desarrollados y los países en desarrollo. Esto es, un colonizador poderoso que avasalla el país mina de donde extrae recursos naturales, porque este no tiene la tecnología ni el dinero para beneficiarse de sus propios recursos.

Antes era petróleo, oro, diamantes, bosques o madera, ahora es el litio, el cobre, el coltán y hasta el agua.

Colonialismo disfrazado de ecologismo

Es un dato histórico que todas las formas de colonización se han servido de los territorios colonizados y de su población. El colonialismo verde no es la excepción. Gracias a la globalización, impuesta por las potencias mundiales, actividades económicas e industriales altamente contaminantes se trasladan a los países en vías de desarrollo, un proceso conocido como deslocalización.

Esto conlleva a una reducción de los niveles de contaminación en los países más prósperos, en detrimento de los recursos naturales, los ecosistemas y las poblaciones de los territorios neocolonizados.

La nueva forma de coloniaje, revestido de ropajes de ambientalismo, tiene tres características básicas:

  • Usufructo de recursos naturales renovables.
  • Contaminación del aire, agua y suelos en los países colonizados.
  • Deslocalización de la huella de carbono de los países más desarrollados.
  • Comercio de derechos de emisión de gases de efecto invernadero.

Algunos expertos hacen también una distinción entre las antiguas prácticas colonialistas tradicionales y las del neocolonialismo ambiental. Las formas se han refinado, ya no se recurre a la fuerza y a la violencia, sino a la promesa de beneficios económicos, desarrollo o modernización tecnológica.

Una batalla contra el colonialismo verde

En el año 2012, el entonces presidente boliviano Evo Morales denunció ante las Naciones Unidas las nuevas formas de colonización. Durante la celebración de la Conferencia de Desarrollo Sostenible, Morales sostuvo que lo que ahora se entiende como economía verde, no es más que la antigua estrategia imperial de apoderarse de los recursos naturales y lucrarse con ellos.

Eco colonialismo y energías alternativas
La transición hacia energías limpias en el Norte del planeta no se puede hacer a costa de la devastación de otros pueblos.

Afirmaba que “el ambientalismo es el nuevo colonialismo de sometimiento a los pueblos y a los gobiernos anticapitalistas”. Esta nueva forma de colonialismo “carga a los países de Sur con la responsabilidad de salvaguardar el medioambiente mientras las grandes economías industrializadas lo explotan y destruyen”, puntualizaba el mandatario.

Para algunos expertos en el tema, ya hay una guerra declarada por el control de los recursos naturales. Una disputa que está centrada en las formas de atajar la emergencia climática y el control de las materias primas necesarias para una economía descarbonizada. Muchos ambientalistas consideran absurdo que sea el Sur Global el que deba solucionar los problemas causados por el desarrollismo consumista del hemisferio Norte del planeta.

Salvar todas las formas de vida sobre el planeta exige algo más que la transición hacia formas de energías alternativas. Es necesario revisar el actual modelo de desarrollo infinito y acelerado, sus formas y sus prácticas. Mantener un modelo que ha explotado recursos naturales y nos ha traído hasta este acá no es viable. Aunque ahora se hable de coches eléctricos en lugar de petróleo y gasolina.

Si no se elabora un verdadero pacto ambiental inclusivo y respetuoso, donde se proteja la vida natural en todo el planeta, irremediablemente recalaremos en el colonialismo verde. Una forma novedosa y atractiva del coloniaje dominador de siempre, donde las grandes potencias industriales crecen y se desarrollan sobre la desgracia de los colonizados.

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