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Pobres y ricos no contaminan igual y la diferencia en la huella energética lo confirma

Discutir la crisis climática pasa, necesariamente, por hablar sobre desigualdad económica. Pasa por desnudar la enorme brecha entre el consumo de los ricos y el de los pobres, y que se ve manifestada en la diferencia en las huellas energética de pobres y ricos. Porque, aunque resulta muy beneficioso para el planeta abandonar ciertos hábitos de consumo, tendría más efectividad que los más ricos abandonaran su estilo de vida.

Diferencias entre las huellas energéticas de pobres y ricos

El cambio climático que nos toca enfrentar plantea una cruel paradoja. Los embates de un clima trastocado por la actividad industrial lo padecerán con mayor crudeza quienes no han participado del desarrollo y la industrialización del Norte del planeta. Por tanto, no sería justo afirmar que, en la actual crisis climática, todos tenemos la misma responsabilidad.

Partiendo de esa premisa, se podría abordar de manera más efectiva cualquier medida en favor de mejorar la actual crisis climática. Todas las políticas puestas en marcha desde los Estados, a favor de la lucha contra el calentamiento global, las emisiones de carbono, la deforestación y la extinción de biodiversidad deben estar diseñadas tomando en cuenta las desigualdades.

En el año 2018, dentro de las celebraciones de la 24ª cumbre del clima de la Organización de las Naciones Unidas, Kevin Anderson, profesor y experto en políticas públicas sobre cambio climático lanzó una advertencia. Decía el experto que evitar una catástrofe climática global exigía que los más ricos del mundo cambiaran de manera radical su forma de vivir.

Es sano y recomendable cuestionar a menudo qué y cómo consumimos, pero más favorable aún sería discutir quiénes son los que tienen mayores responsabilidades. Hay que limitar el consumo de agua embotellada en plástico. Los vuelos, las mansiones y los yates de lujo, también.

La mayoría de las emisiones son de los ricos

Lo planteado por el profesor Anderson no es más que la confirmación de una tesis expuesta en 2015 por la organización Oxfam. Según un documento elaborado y difundido por la agrupación, el cambio climático es un fenómeno que, para ser explicado y entendido, no se puede separar de la desigualdad económica.

El cambio climático no es igual para pobres y ricos
Los embates de un clima trastocado lo sufren los más pobres.

Dicho de otra manera: las emisiones que producen los más ricos, provocan el cambio climático que golpea con mayor fuerza a los más pobres. Se agrega además que la mitad más pobre de la población mundial tan solo produce el 10% de las emisiones globales, mientras que apenas el 10% más rico de la población del planeta es el responsable del 50% del total de las emisiones.

Estos resultados, además, deben ser analizados poniendo el foco en las individualidades. Hasta ahora, los estudios sobre responsabilidades en el cambio climático se hacen por países. Pero, Oxfam planteó en su momento que esto debe hacerse analizando los percentiles de cada país. Las diferencias se hacen notorias entre países y también entre la población que vive dentro de los países considerados ricos.

Por ejemplo. El 91% de los agricultores en Estados Unidos tiene asegurada su cosecha en casos de pérdidas atribuibles a fenómenos climáticos de carácter extremo. Sin embargo, el panorama cambia en otras latitudes. El porcentaje de agricultores asegurados en India es de 15%, 10% en China y apenas el 1% en Malaui.

Otro ejemplo. Mientras un ciudadano promedio en España consume casi 5 veces más que un keniata, un súper rico español consume el equivalente a 60 ciudadanos de Kenia. Por tanto, limitar el consumo de los más ricos sería suficiente para observar resultados en la disminución de las emisiones.

La lucha contra el cambio climático es también una lucha de clases

Hay analistas que plantean el problema del cambio climático con un análisis desde el marxismo.  Matthew Huber, geógrafo e investigador de la Universidad de Syracuse (Nueva York), sostiene que para enfrentar la crisis climática se deben democratizar, de manera radical, la producción de bienes y servicios.

Para Huber es inútil hacer discursos moralistas solo en torno al consumo de bienes. Para él, es necesario hacer más cuestionamientos. Aunque una persona promedio de Estados Unidos, o Europa, sienta una “necesidad” de conducir un automóvil de alta gama, eso palidece ante el accionar de los grandes capitalistas por seguir acumulando riquezas.

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Insiste el académico en que, aunque esté demostrado tal como lo hizo Oxfam, que efectivamente el 10% más rico es el responsable del 50% de las emisiones, solo sería un análisis superficial, un “vistazo al estilo de vida de los ricos y famosos”.

Si los ricos pueden tomar vuelos, es necesario señalar que hay una línea aérea que se beneficia de eso, subraya. Y cabrían más cuestionamientos. ¿Por qué hay ricos?, ¿cómo ganan sus fortunas?, ¿cuáles son las industrias para las que trabajan los ricos? No se trata solo de conducir un coche que funciona con gasolina. También hay que desvelar el entramado industrial que sigue produciendo la gasolina y más allá.

El cambio climático exige cambios muy profundos

El espectro de los análisis sobre cómo y por qué existe el cambio climático, es bastante amplio y variado. Se ha explicado desde la ciencia, la economía y la política, en rangos de pensamiento que van de la derecha a la izquierda pasando por el centro. Sin embargo, son muy pocos los que proponen un cambio de sistema económico profundo.

Los ricos contaminan más que los pobres
Una acción climática efectiva pasa por cuestionar un estilo de vida derrochador que afecta a la población que menos consume.

Mientras se produzcan bienes y servicios solo por el afán de lucro y acumulación, estará muy remoto el día en que el planeta deje de estar amenazado. El cambio climático seguirá avanzando, con embates y manifestaciones cada vez más violentas, pero seguirá siendo solo un problema que debe enfrentar la parte más pobre del mundo.

Mientras tanto, los ricos podrán ingeniarse formas de huir a sitios extravagantes y seguros, como proponen Elon Musk o Jeff Bezos y sus viajes al espacio exterior.   

Las clamorosas diferencias entre las huellas energéticas de los pobres y los ricos deberían ser el punto de partida de toda acción climática. Mientras haya personas que se permitan un consumo desmedido, lujoso y suntuario, a costa de la destrucción de recursos y ecosistemas, no hay salvación posible.

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