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Peleas de gallos, una forma de maltrato animal difícil de erradicar

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El maltrato animal adquiere diversas formas, unas más llamativas que otras, unas, lamentablemente, con más defensores que otras. Las peleas de gallos son una forma de maltrato animal difícil de erradicar y que algunos disfrazan de cultura.

Las peleas de gallo son una forma de maltrato animal

Aunque hay muchos países que han eliminado los combates de aves, aún persisten sociedades que se resisten a abandonar esta cruel práctica que distorsiona dos conceptos de un plumazo: el de cultura y el de maltrato animal.

En el año 2018, la administración de Donald Trump prohibió las peleas de gallo en todo el territorio estadounidense, aunque las legislaciones estatales prohibían las peleas de gallos ya desde el año 2008, siendo el estado de Luisiana el último en permitirlas.

La medida de prohibición, aprobada por el Congreso, entraría en vigencia a partir del 20 diciembre de 2019, luego de un año de moratoria y abarcaría los territorios de Guam, las Islas Marianas del Norte, Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos, que hasta entonces se mantenían fuera de la legislación federal.

Lamentablemente la decisión de prohibir las peleas de gallo en territorio de los Estados Unidos encontró una fuerte resistencia entre la población y algunos políticos de Puerto Rico. Muchos adujeron que eliminar las peleas de gallos en la isla era atentar contra una tradición cultural de profundo calado histórico y social, presente en territorio boricua desde hace 400 años.

Quienes abogan por el mantenimiento de esta actividad aseguran que proscribir las peleas de gallo significaría poner en grave riesgo buena parte de la actividad económica de la isla y el sustento de miles de puertorriqueños.

Leyes locales no permiten su total prohibición

La gobernadora de Puerto Rico, junto a legisladores locales, aprobó dos medidas que retaron el veto federal emitido por Washington. De esta manera se sentó un precedente jurídico que permitía proseguir con la peleas de gallos.

Disfrazan de cultura a las peleas de gallo
Algunos países disfrazan de cultura o de deporte una cruel y sanguinaria actividad.

Una de las medidas le otorga vigencia de dos años a las licencias de los operadores de galleras para seguir funcionando, aunque con prohibición de exportar o importar pollos, gallos y cualquier material usado para los duelos entre aves, a fin de que esta actividad no interfiera con el comercio interestatal.

La otra iniciativa legal es una resolución que ordena a la gobernadora, y a una comisionada de la isla en Washington, a llevar a cabo todas las diligencias necesarias ante el Congreso de Estados Unidos para que se extienda una moratoria que permita las peleas de aves en la isla durante 5 años, a fin de dar un plazo a los afectados para buscar otras actividades económicas.

Recientemente la gobernadora de la isla boricua ofrecía a los operadores de galleras y afines, que las actividades relacionadas con las peleas de gallos se reanudarían luego de que estuviesen suspendidas por las medidas de confinamiento debido a la pandemia de Covid-19. Al menos en Puerto Rico, parece que las peleas de gallo seguirán durante un tiempo más.

Detrás de las prendas de alpaca hay maltrato animal
Detrás de las prendas de alpaca hay maltrato y tortura animal

Para saber más, haz click sobre la imagen

Otra forma de maltrato

En la celebración de estos combates de aves es posible observar cómo los gallos son alentados y exaltados para que peleen con violencia. Incluso al nacer, antes de ir a un combate, muchos pollos son sacrificados por no tener “condiciones” para la pelea.

Erradicar por completo las peleas de gallo ha sido una dura tarea
Los criadores de gallos les mutilan las crestas, los espolones y parte de su plumaje.

Según la organización PETA, las aves son atadas de una pata a alguna jaula de alambre con pesas atadas a sus piernas y obligadas a “entrenamientos” con otras aves. Así transcurren los días de la mayoría de los gallos.

Les arrancan sus plumas y les mutilan sus crestas y barbillas para que el otro gallo no pueda tomarlo por esa zona durante los combates.

Las cretas y las barbillas de los gallos son especies de refrigerantes para estas aves, al perderlas pierden su capacidad de enfriarse. Los galleros también les cortan sus espolones, las protuberancias normales de sus piernas para adherirles armas para aumentar su letalidad.        

Aunque las peleas de gallo tienen defensores, en la literatura se les exalta (personajes célebres como Jorge Luis Borges no ocultaron su amor por estos combates) y muchos afirman que son una expresión cultural, lo cierto es que esta actividad comporta una gran carga de maltrato y crueldad animal.

En muchos países del mundo están prohibidas las peleas de gallos pero se llevan a cabo en condiciones de clandestinidad. En otros, son permitidas y están arraigadas en la sociedad desde tiempos remotos, sobre todo en Latinoamérica, a donde fueron llevadas por los españoles en el periodo colonial.

En Tailandia las peleas de gallo son un negocio que mueve cifras millonarias. Un animal puede llegar a costar 150 mil euros y las apuestas duplican esa cifra. Aunque el país aprobó una ley contra el maltrato animal, se exceptuó a las peleas de gallo aduciendo que se trataba de una actividad deportiva.  

Puerto Rico y República Dominicana son dos de los países donde el Estado interviene directamente en la regulación de esta forma de maltrato. En otras naciones, como Perú, el Estado no interviene de manera directa pero sí legisla en favor de mantener esta actividad, otorgándoles un cariz cultural bastante cuestionable.

Las peleas de gallo son una deleznable práctica y una forma de maltrato animal que aún no se erradica de manera definitiva. Al día de hoy, en muchos sitios se le considera a esta actividad una expresión cultural.

Sin embargo, es necesario divulgar las prácticas crueles y sanguinarias que se dan en las galleras, incluso con anuencia del Estado y que eso de cultura tiene muy poco, aunque se celebren desde hace siglos.

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