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Nevadas extremas como Filomena tienen mucho que ver con el cambio climático

Aunque los negacionistas insistan en sus argumentos, casi todos sin sustento científico, las nevadas extremas y el cambio climático sí tienen un estrecho vínculo. Están muy relacionados y los fenómenos climatológicos seguirán ocurriendo en la medida en que el planeta se caliente aún más.

Nevadas extremas y el cambio climático

Episodios como el de la borrasca Filomena, y demás nevadas de carácter extremo que cayeron sobre España en los primeros días del mes de enero, serán cada vez más frecuentes debido a la alteración en el clima global. Asegurar que el cambio climático no existe porque las nevadas son más abundantes es solo quedarse en lo superficial y lo anecdótico.

Los expertos en el clima insisten en divulgar de manera más exhaustiva, seria y documentada, que el cambio climático no es un episodio de un año, un mes o una semana. Es un fenómeno muy complejo, donde entran en juego varios factores como el calentamiento de los océanos, reguladores por excelencia del clima global.

Existe una frase que se le atribuye a John Wallace, un prestigiado meteorólogo, que dice que “el clima es lo que esperamos y el tiempo es lo que tenemos”. Por tanto, el clima describe en un periodo muy largo de tiempo, unos treinta años más o menos, las condiciones atmosféricas de una región, mientras que el tiempo describe las condiciones del clima  en un corto lapso de tiempo.

Entonces, que un fenómeno como Filomena ocurra no contradice el hecho de que esté ocurriendo un cambio en el clima. De hecho, estas intensas y extraordinarias borrascas son la cara B de los episodios de intenso calor que caracterizan al cambio climático.

Las nevadas no niegan el calentamiento global

Hay diversos expertos en el estudio del clima que aseguran que es poco serio asegurar que el cambio climático sea el causante directo de la tormenta Filomena. Sin embargo, no hay que perder de vista que está comprobado de manera científica que los eventos meteorológicos excepcionales varían cuando las temperaturas medias también lo hacen.

Las nevadas caídas en España, Portugal y Francia no deben hacer olvidar que el 2020 fue uno de los años más cálidos desde que se llevan registros, tal como lo señaló el sistema de vigilancia satelital Copernicus. Que haya una tormenta de nieve con registros records no niega la existencia de una afectación climática.  

Sergi Gonzàlez, meteorólogo e investigador, asegura que la ola de frío que recorrió parte considerable de la Península Ibérica es parte de una variabilidad del clima producto del calentamiento global. Añade que en España llevan una década de inviernos muy suaves, una consecuencia inequívoca del calentamiento del planeta.

El cambio climático es un hecho

Por su parte, Cayetano Torres, delegado de la Agencia estatal de Meteorología de España, es enfático en afirmar que los eventos climatológicos son cada vez más extremos, las cotas de nieve son más elevadas y nieva menos cada año. Distintos bancos de datos climatológicos son muy elocuentes y muestran que cada vez hay menos nevadas.

Borrasca Filomena y el cambio climático
Los eventos climátológicos extremos serán cada vez más frecuentes.

Al ser interrogado sobre la posibilidad de nevadas extremas más frecuentes, Torres responde que predecir tal cosa es entrar en un terreno donde priva la subjetividad. Sin embargo, fue capaz de asegurar sin ambages que los fenómenos extremos serán cada vez más frecuentes y que una nevada como Filomena son “baches” es una línea de tiempo de variabilidad climática.

Vendrán olas de calor, lluvias intensas y devastadoras y también nevadas impresionantes, aunque estas últimas cada vez menos frecuentes.

Cuando calienta el sol, allá en el Ártico

Uno de los vínculos que hay entre el calentamiento global y las olas de frío y nevadas extremas es el calentamiento en el Ártico. El calentamiento persistente de esa región del planeta, debilita lo que se conoce como la corriente de chorro. Esta corriente estratosférica mantiene separadas las regiones polares de las septentrionales.

El calentamiento global y la tormenta Filomena
Las nevadas y el frío extremos son consecuencia del calentamiento del Ártico.

Esas corrientes al debilitarse se ondulan, lo que provoca que lenguas de frio avancen hacia los trópicos en invierno, así como olas de intenso y prolongado calor durante los meses de verano. Durante el año 2020 la corriente de chorro y el vórtice de polar mostraron cierta estabilidad, por lo que en algunas partes de Europa casi no hubo invierno.

El calentamiento del Ártico ha movido el vórtice polar, una corriente de aire muy frío que siempre se mantiene alrededor del Polo Norte. Este fenómeno hará que Estados Unidos y Europa sigan teniendo durante las próximas semanas un invierno intenso y prolongado.

No hay tiempo que perder

Los registros llevados a cabo por estaciones meteorológicas y los sistemas de satélites de observación de la Tierra son más que elocuentes. El calentamiento de la Tierra es un hecho y los últimos registros corroboran que cada vez son más altas las temperaturas. La actividad de los seres humanos ha hecho que el clima sea más cálido que hace 40 años.

Mientras las emisiones de gases de efecto invernadero persistan, las altas temperaturas y la humedad seguirán calentando el planeta y con ello vendrán los fenómenos atmosféricos más extremos. Es necesario tomar en serio la urgencia de avanzar hacia un mundo de cero emisiones.

Las nevadas extremas y el cambio climático tienen varios puntos que los conectan. Negar que hay una afectación importante del clima, porque una nevada de cotas históricas copó la atención, no hace sino atrasar aún más la puesta en marcha de mecanismos que impidan un aumento de las temperaturas globales.

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