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El auge de las luces LED incrementa de manera alarmante la contaminación lumínica

Un estudio reciente de la Universidad de Exeter acaba de revelar una paradoja: el uso de luces LED incrementan la contaminación lumínica. En un comunicado, los autores revelan que, en los últimos 25 años —concretamente de 1992 a 2017— la migración hacia la tecnología de diodos emisores de luz (LED) para ahorrar energía ha significado un aumento de al menos un 49% en las emisiones de luz artificial.

Las luces LED incrementan la contaminación lumínica

Añaden los investigadores que el 49% sería una cifra optimista, dado que la luz de las lámparas LED es indetectable por los satélites. Por tanto, las estimaciones apuntan a que el ascenso de la contaminación podría ser de un 270% y llegar a 400% en algunas zonas del planeta. Si bien hay diferencias entre regiones, en líneas generales la contaminación lumínica ha crecido.

Los territorios donde se percibe un aumento constante de la iluminación artificial son Asia, Suramérica, Oceanía y África. Mientras tanto, en Europa el crecimiento de la luz artificial se detuvo cerca de 2010. Por su parte, América del Norte da muestras de que la iluminación decae.

La investigación también ha confirmado algo que ya se había observado respecto a otras tecnologías. Cuando un sistema, o una tecnología de iluminación, se hace más eficiente y menos costosa, se eleva el consumo porque se empiezan a iluminar zonas que antes estaban oscuras o el alumbrado nocturno se inicia más temprano.

El apogeo que muestra la luz artificial debería ser una clara advertencia. El exceso de luz artificial es un problema que afecta a la salud del ser humano y a la biodiversidad nocturna. El estudio es claro en mostrar un incremento sustancial y cada vez más rápido.

Vivimos en un eterno crepúsculo

La problemática del exceso de luz debería ser una materia que ocupe a las autoridades competentes. Este incremento en la iluminación no solo está impactando en ciclos vitales de la biodiversidad.  También está trayendo como consecuencia que una generación de seres humanos no conozca nunca una noche cerrada o un cielo estrellado.

Una iluminación constante hace que nunca sea completamente de noche. Esto, obviamente, va a alterar los ciclos naturales que dependen del día y de la noche, tanto en los humanos como en otras especies. De igual manera, existen suficientes evidencias de que la luz artificial perpetua puede estar detrás del alarmante declive en la población de insectos.

Entre la población existe la creencia de que el uso de bombillas LED es positivo, y en líneas generales lo es, por el ahorro de energía. De hecho, lo que está en discusión no es si las luces LED son buenas o malas. El punto es que el uso, o el abuso, que se le da puede determinar los efectos que pueden tener.

Sin embargo, este estudio, y algunos más, han demostrado que la contaminación por luz artificial se ha elevado, lo que tiene un efecto sobre la salud de los humanos y en el equilibrio de los ecosistemas.

Hay quienes se toman muy en serio la contaminación lumínica

Es un hecho corroborado que en gran parte del planeta nunca es de noche. La luz artificial es omnipresente. Está en las calles, en las avenidas, en la infraestructura, se mete incluso en las habitaciones mientras descansamos e invade el hábitat de la fauna silvestre.

Sube contaminación lumínica por uso de luces LED
Cada vez hay más iluminación artificial por lo que pocos conocen el cielo estrellado.

Ante esta realidad, algunos han tomado medidas audaces. En muchos pueblos de Francia se ha establecido que el alumbrado se apaga, de manera total o parcial, a partir de las 11 o 12 de la noche hasta las 6 de la mañana.

Estos poblados han sido llamados villes et villages étoilés (ciudades y pueblos con estrellas). Forman un conjunto de 12.000 poblaciones que cuentan con un sello que certifica su calidad ambiental como sitios donde la noche reina de nuevo, donde es posible observar la Vía Láctea y donde la luz de los humanos no afecta a los ecosistemas de la noche.

Esta medida obedece a la entrada en vigencia de un reglamento, considerado innovador y audaz, que regula la iluminación artificial. Esta iniciativa se aplica en varios municipios, en algunos con mayor o menor rigidez, pero se observa en pueblos muy pequeños, donde la población es poco más de 20 personas, hasta en ciudades como Estrasburgo donde existen casi 300.000 habitantes.

Aunque para un urbanita promedio, acostumbrado a las luces constantes, pudiera resultar una medida extrema y peligrosa, la relación que se establece entre más luz, más seguridad no existe, no hay pruebas científicas que avalen esa premisa.

Preocupación en España

Observando la experiencia francesa, los ecologistas e investigadores en España se muestran preocupados por un proyecto de ley que está en marcha. Actualmente se encuentra en audiencia pública un Proyecto de Real Decreto por el que se aprueba el Reglamento de ahorro y eficiencia energética y reducción de la contaminación lumínica.

Impacto de las luces LED en el medioambiente
La contaminación lumínica afecta el equilibrio de los ciclos vitales de la fauna nocturna.

Aducen los expertos, que tal como se encuentra redactado el documento, el Real Decreto pasa por alto el aporte científico y su puesta en marcha provocará un aumento de la contaminación lumínica.

Entre los errores señalados están que los valores máximos de iluminación son excesivos, favorece el uso de la luz azul —la más dañina— frente a la luz cálida y obliga a iluminar zonas que actualmente se encuentran oscuras. Además, prohíbe la desconexión del alumbrado en horarios de bajo uso, una posición que van en contra de la tendencia en el resto de Europa.

La aprobación de este instrumento legal supondría un retroceso en la lucha por recuperar el cielo nocturno, un patrimonio natural y cultural de la humanidad. El estudio que corrobora que las luces LED incrementan la contaminación lumínica debería considerarse una advertencia. La tendencia en el planeta debería estar orientada a disminuir la cantidad de luz artificial y no a incrementarla. Estamos frente a una emergencia climática que exige mayor compromiso y audacia para evitar el derroche de energía y el impacto en la biodiversidad.

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